Voces callejeras

Somos unos ilusos empetrolados

Si fuese futbol la solución es muy obvia: Frenas la pelota en la mitad de la cancha, respiras y analizas. Luego te fijas a quien darle el pase y empiezas de nuevo. Basta de correr como locos y atolondrados. ¡Por favor, piensen! Gritaría el técnico desde la banca. No se tropiecen con el balón.

Y utilizo esta simple figura futbolística para simplificarles tantas incoherencias que seguimos sumando sobre el río San Juan. Ya pasó más de una semana y la catástrofe ambiental acumula demasiados grises y conclusiones difusas. Con una mancha de crudo que se esparció por kilómetros, el debate ciudadano sobre las causas del derrame se volvieron timoratas y politizadas.

Porque lejos de profundizar sobre las consecuencias de tremenda contaminación, la mayoría de los análisis gubernamentales apuntaron al cruce de acusaciones al estilo Poncio Pilato. Pemex no se responsabilizó  y los oportunos informes de tomas clandestinas brotaron desde todos los medios de comunicación para desviarnos hacia una conclusión que no tenía sentido. Conseguir información fue imposible y, por supuesto, las secretarías federales formaron una coraza impenetrable y bochornosa. Nos comió el PRI de la vieja usanza y despectivo. Imagínense que hasta los peones de Rodrigo Medina buscaron la alicaída simpatía partidista nacional para cubrir cualquier huella.

Qué ilusos somos todos ¡Sí!, toditos y les pido que nadie tenga la osadía de quitarse este saco hecho a nuestra medida.  Llevamos días debatiendo sobre los alcances de un siniestro que debe considerarse gravísimo ¿Por qué siniestro? Es una palabra que remite obligadamente a la culpa humana y que debería posicionar a Pemex sobre el banquillo de los acusados. Son ellos los responsables y no esos narquitos a quienes todos culpan. Frenemos un poco esa tendencia tan psicológicamente obvia. La delincuencia organizada no roba petróleo. O no sé. ¿Quién sabe? Tal vez los narcotraficantes mexicanos ahora tienen refinerías y copiaron la estratagema del terrorista Estado Islámico (Iraq y Siria).

Tampoco les pido que hagamos lo imposible. El ciudadano que chambea todo el día no tiene tiempo para sentarse a profundizar las causas. Pemex nunca asumirá la responsabilidad y la estructura gubernamental lo protegerá. Cadereyta y sus cabildos vecinos callarán porque su vida entera depende de la paraestatal. Y con esto me refiero a lo legal, ilegal y todo apoyo proselitista que se les pudiese ocurrir.

¿Quién de ustedes chocó contra una telaraña? Es desesperante y molesto. Te la quitas del rostro mientras  avanzas pero la incomodidad te ciega ¡Y así estamos aquí! Perdidos entre cuestiones que  son menores. El problema de fondo se reduce a un aspecto simple y elocuente: la población damnificada.

Hacia ella deberíamos enfocar todas nuestras reflexiones. Lo clave no se reduce a la rapidez para quitar el petróleo. Pensemos a futuro, ¿qué ocurrirá con los cultivos durante el próximo lustro?, ¿cuántas cabezas de ganado se perderán?, ¿seguirá siendo potable el río?

Todas estas preguntas se han esquivado con esmero e inteligencia, ¿saben por qué?, poque somos tan cortoplacistas que los políticos ya nos conocen. Nos vale diez cacahuates lo que pase con esos rancheros.  Donaremos varios galones y nos sentiremos solidarios.

 Pero de allí en más, los meses pasarán y olvidaremos el derrame que le arruinó para siempre el desarrollo económico a cientos de familias. Pemex lo sabe y ya nos ganó. Aceptemos lo obvio y apostemos sobre la poca memoria que tendremos en seis meses.

 

@santiago4kd