Voces callejeras

El falso cariño hacia los extranjeros

Luego de recorrer por enésima vez el aeropuerto del Distrito Federal, mi vieja idea se reconfirmó. Pasé un control, luego otro y varios cuestionamientos me incomodaron como pocas veces. Pero en vez de enojarme como en años anteriores, decidí respirar profundo y asumir la realidad más desagradable de las autoridades migratorias mexicanas: son groseros y despectivos hacia los extranjeros.

Claro que esta conclusión no es nueva. Llevo doce años visitando la mayoría de estados y cruzando puestos fronterizos del norte y sur como para aventurar tremenda afirmación. Primero, desde la perspectiva de los oficiales, pareciese que todos los foráneos estuviesen pidiendo de favor pisar suelo azteca. Son rebajados, maltratados y abusados con documentación de improbable localización. Obtener permisos de estancia se vuelve la odisea más compleja del continente americano y cada mañana de trámite representa una humillación que orilla lo burdo.

¿Por qué son así los mexicanos? Fue la pregunta que me hicieron infinidad de veces en otros países y que pocas veces supe responder. Al principio solía decir que era mala suerte y que no podía generalizarse. Aunque después, con el paso de los años, mi opinión se inclinó por una respuesta psicológica que explique tal agresión.

Y entonces pensé que la eterna disputa entre Estados Unidos y México podía generar este comportamiento. La discriminación desde el norte del río Bravo genera una respuesta inconsciente del mexicano hacia cualquier otro migrante. Si no, cómo explicamos que rebajen a millones de migrantes cuando son los mexicanos quienes representan el máximo conflicto migratorio del planeta.

México es un país de doble moral y mensajes demasiado ambiguos. Promulgan el turismo y sus maravillas indígenas, pero la realidad de la calle es lo contrario. Cualquiera que tenga piel oscura huele a sucio. Así, al menos, es Nuevo León y las alarmantes situaciones que se presentan en aulas universitarias y puestos laborales.

Entender el fenómeno indígena confirma la situación de los extranjeros. La mayoría mexicana se desentiende de todas las etnias nacionales y vuelca el mismo cliché hacia los foráneos. Si vienes desde tierras sureñas, los del norte te observan con desagrado y la discriminación es contante.

Olvídense de la amenaza narco y tanta repetición sobre los desparecidos. Lo grave está en la superficie. En el día a día y en el trato cotidiano de oficiales con placas y de la gente común. ¿Creen que me equivoco? Piensen dos veces y chequen los problemas en los puentes de las fronteras. O si no, más fácil, escuchen los cuestionamientos en los controles de los aeropuertos y los reproches insólitos que suelen sostener los turistas con migración.

Muchas veces asocio esta situación con una patología de patrones mundiales. A mi cabeza viene la locura israelí por hundir a los palestinos. Arrasan con los derechos humanos como si el holocausto les hubiese dado autoridad infinita. Pareciese que tanto sufrimiento del pueblo judío se proyectara eternamente sobre una comunidad palestina que ya no aguanta más.

Los mexicanos ¿proyectarán hacia los extranjeros la histórica inferioridad que le refriegan los gringos? No sé, habría que ahondar en más argumentos y combinar conclusiones.