Voces callejeras

Nuestro espejismo regio


Nuevo León está arruinado desde hace tiempo y debemos aceptarlo. Muy lejos quedaron aquellos tiempos de inocencia y bondad cuando sentíamos que nuestros municipios eran el paraíso total. Puertas sin llave y noches eternas de diversión se combinaban para obtener uno de los mejores ecosistemas sociales del país y nadie se animaba a refutar tremenda afirmación.

La escalada de violencia ensombreció nuestros cerros y la pesadilla comenzó. Fueron demasiados años donde muertos y mafias destrozaron a latigazos el cuerpo de un estado que quedaría traumado para siempre.

Y son esas esquirlas psicológicas lo que me sigue preocupando, y por eso se las comparto. No existe nada peor para una ciudad que la negación de la situación que la aflige. Porque luego de sufrir tantos años con miles de muertes y millones de ciudadanos que aguantaron lo impensado; el ahora regiomontano se trasformó en una extraña mezcla que huele entre aceptación y pesimismo barato.

Pareciese que nada ocurre en nuestra área metropolitana. Bueno, al menos eso piensa la mayoría que me afirma que estamos con madre. Me gritan que ya salimos a flote y que deje los amarillismos, ¿en serio? Les repregunto y siempre espero para explicarles el espejismo que amamos diseñar. Creemos que el narcotráfico fue disminuido y que el Ejército controló la ciudad. Intuimos que los secuestrados se escaparon como ratas de la ciudad. Aplaudimos a políticos que se regodean entre la fantasía que ellos mismos sostienen con alambre.

Pero toda esa estructura que intentamos mantener es tan falsa como exagerada. La guerra en las calles se ha vuelto cruenta y de baja escala. Cada cártel tiene definida la cuadrícula perfecta y no existe bar o negocio que sobreviva sin amenazas. Tómense dos días para caminar Monterrey y chequen los detalles. Observen cómo volvieron los halcones y su casi asfixiante sentido de autoridad sobre miles de comerciantes. El cobro de piso castiga a los negocios que apenas ganan unos miles por mes. Antros y bares conviven con la venta de estupefacientes y cualquier fantasía sobre los municipios blindados es la fantasía más burda que pudiésemos haber comprado.

Les repito, tal vez sea momento de frenar un poquito y respirar. Pensar y entender que nuestra ciudad nunca volverá a ser la misma. Convivimos con una tremenda cantidad de bandas secuestradores que acechan esperando la oportunidad. Cada señal equivocada que damos de ostentación nos acerca a la pesadilla. Volvimos a sentirnos confiados e imbatibles y damos nuestros datos personales a cualquiera. No captamos que Nuevo león se volvió caníbal y peligroso.

Lo cárteles siempre estuvieron y nunca se irán. Piratería y prostitución siguen siendo el tridente favorito para generar ganancias negras y cada año que avanza sus beneficios son mayores. Creemos que los municipios los combaten con el horario restringido y no entendemos el paquete integral que los sigue beneficiando.

Somos tan chatos de memoria que me asombra. O tenemos un problema mental o disfrutamos el sadomasoquismo. No sé. Pero díganme las razones de tantos casinos abarrotados de gente. Millones en ganancia para un giro donde el lavado de dinero es la moneda corriente. ¿Alguien se acuerda del Royale? Somos lo peor. Quizás por eso volvemos a las calles y asumimos que nada pasa. Aprendimos a convivir entre la basura y nos acostumbramos a su olor. ¡Me duele pensar así! Ojalá y volvamos a recuperar el olfato para darnos cuenta qué tanto excremento nos está tapando.

@santiago4kd