Voces callejeras

La cloaca huastequera

Otro ciclista fallecido y parece que la pesadilla no acaba. ¿Cómo puede pasar algo así? Un oficial de Tránsito borracho que arrasa con la vida de una mujer y demuestra el desastre social que nos envuelve.

Y lo describo así porque no existen grises con este tema. Todavía recuerdo los extraños comentarios que recibí con el editorial “El club de los ciclistas suicidas”. Tantas críticas que llegué a pensar que mi postura negativa hacia nuestro núcleo ciudadano estaba equivocada.

Pero ahora confirmo mi conclusión inicial. Porque luego de una semana con este tema todavía muchas personas atacan a los ciclistas. Ni siquiera hablan del policía y achacan de irresponsables a los deportistas.

¿Quién puede pensar así? ¿Cuán lejos deben irse los ciclistas para disfrutar de aire puro y naturaleza? ¿Comprendemos que estamos hablando del cañón de La Huasteca? Parque ecológico por excelencia y supuesta área federal donde lo positivo debería abundar.

Somos obtusos y mediocres si perseveramos con la idea de responsabilizar a los ciclistas. La Huasteca no es una cantina ni un tiradero de muertos. Pero ¿saben qué? Desde hace tiempo se convirtió en un gran agujero negro y las autoridades se hicieron los bobas sobre esta verdad tan obvia.

¿Exagero? No lo creo. Llevo 12 años presenciando la involución del lugar y la metástasis moral que nos terminó venciendo. Si quieres escalar debes aguantarte a los borrachos y la música estridente que retumba sobre los picos. Acampar es una hazaña. Pocos lo hacen porque la amenaza narco nos amedrentó desde hace años. Robos y cuotas diezmaron la espontaneidad.

¿Sigo? Agreguen el concepto de zona liberada o tierra de nadie. Alguna vez hubo retenes federales. Sí, alguna vez nos empalagaron con utilizarlos mientras el desmadre continuaba adentro. También hubo tránsitos de Santa Catarina pero… oh sorpresa, ellos eran los que más aprovechaban su insignia para sacar dividendos.

Y lo describo porque lo viví. A otro con el cuentito del interés municipal por cambiar las cosas. ¿Qué pasará ahora? Déjenme imaginarlo: retenes antialcohol y varias semanas de operativos que serán expuestos ante la televisión. El show deberá ser total para que parezca que el municipio está interesado en cambiar las cosas. Quizá las elecciones ayuden, no sé… soñemos. Hasta el Estado debiese tomar la iniciativa; o la Federación con varias patrullas cuyas lucen nos resguarden.

Pero no pasará. Tal vez el 10% de esa película y el resto quedará en protestas. Seguiremos leyendo sobre organizaciones que enarbolan protestas pero los poderosos no escucharán. Tampoco la mayoría silenciosa que esperará con sus botes sedientos a que finalice el circo.

¿Circo? Aquí la palabra clave. Porque nuestra sociedad regiomontana olvidará la tristeza de la desparecida madre de familia y la reemplazará por jolgorio y carnes asadas al borde del cañón. Lo importante es agarrar el pedo y nada más. Morimos por una cheve fría mientras jugamos con los 4x4 entre La Huasteca inundada. 

Así será, y como se los dije hace una semana con nuestros candidatos a gobernador: “Les apuesto lo que quieran…”. El problema de fondo es gravísimo y sin solución adecuada. Al culpable debiesen darle perpetua y no cinco años. Que se pudra en la cárcel y se mande el mensaje adecuado. Estamos trastornados como sociedad. La Huasteca es un basural desde hace años y las autoridades no pelan a los ejidatarios. Y si le sumamos el caudal de borrachos y delincuentes que la deambulan desde hace años… pues, ¿creían que esta muerte nunca ocurriría?

 

@santiago4kd