Voces callejeras

Una carnita con "El Bronco"

No hay rincón más filosófico que el asador de una casa. Al menos para nuestro espíritu regio que se alimenta de carne y burbujas como ningún otro mexicano. Reímos o discutimos con el ímpetu de aquellos que siempre creen tener la razón.

Y no sé ustedes, pero yo hace rato que estoy percibiendo un picor que parecía aburguesado en Nuevo León. O para ser más sincero, quizás estemos viviendo el momento de mayor polarización política que mis casi cuarenta recuerdan de estas tierras. Imposible ponernos de acuerdo cuando los nombres de Medina, Bronco y compañía salta a escena. Tan enraizados están los sentimientos que la razón siempre termina perdiendo ante un sentimiento que antes no demostraba tanta ebullición.

Pero de tanto amor también se desprende la ceguera, esa carencia de un sentido básico para comprender lo que ocurre desde la perspectiva más completa. "El Bronco no necesita a los medios", "hubiese sido gobernador sin ellos", "no necesitamos a la televisión para saber lo que pasa", etc. Un alud de afirmaciones que suelen finalizar con el ceño fruncido y un cortón.

Y en este intercambio de ideas prefiero escuchar y luego repreguntar. Como ese rib eye de pulgada y media que te lo llevas de vuelta en vuelta a fuego lento. ¿Para qué avorazarse con tres bolsas de carbón?

Es inverosímil considerar que el nuevo gobernador echará por tierra a los medios de comunicación. No hay líder político en el mundo que rehúya de la pantalla para lograr comunicar sus acciones y contagiar simpatías. Hoy y sólo hoy, su bandera aguanta la inercia de la campaña y acepta que Televisa, TV Azteca y Multimedios sean la némesis que el electorado pedía.

Pero cuidado, engañarnos con el ideal inocente de un gobernador que jugará por la libre en cuestión mediática es una gran falacia.

¿Que las redes son importantes? Obvio, pero su penetración sigue siendo mínima cuando la comparamos con la televisión abierta. El Bronco lo sabe, y mientras dure la enemistad hablará de las televisoras como si fueran tumores malignos. Pero las nombrará, porque necesita generar el choque.

Cuando tú mencionas al enemigo ¿qué haces? Dos opciones: o te alimentas de su prestigio o lo agigantas y puede matarte. Frente a esta disyuntiva, Rodríguez y los medios comenzaron una extraña danza hipnótica donde el apareo pudiese causar la muerte. Y el gobernador debiese imaginar que sería terrible inaugurar una obra y que no hubiese cámaras. ¿Cómo se enteraría la raza? ¿Por las redes?

Aunque no nos guste (y me critiquen por esto), Multimedios y Televisa definen la agenda de los regios. Desde las noticias al entretenimiento (ni mencionemos a deportes) nos dicen sobre lo que discutimos cada día con nuestros amigos o compañeros de trabajo. Pensar que la opinión pública regiomontana es un organismo independiente que se alimenta del feisbuk y Twitter no es representativo sobre lo que vivimos en Nuevo León.

O intenten hacer el siguiente ejercicio: apaguen su televisor y luego descríbanme qué ocurre en el mundo o en nuestra ciudad. ¿Qué van a usar? ¿Las redes? Okey, entonces, chequen en su timeline cuántas noticias son generadas por los medios tradicionales y sus subsidiarias. Es decir, sigue siendo lo mismo y por ende también quítenlas de sus opciones de lectura. ¿Qué les quedará? Lo viral y algo más. Gatitos tiernos y algún accidente sangriento.

Por eso es (y repito) inverosímil la idea de la independencia bronca ante los medios tradicionales. Rodríguez los necesita y el electorado mucho más. Un concepto que ojalá entendamos más allá de las correctas acusaciones ciudadanas por el desmedido uso que Medina le había dado a la opción mediática. Separemos estas argumentaciones y se nos abrirá un panorama muy interesante para proyectar lo que se vendrá en los próximos meses para Nuevo León.

@santiago4kd