Voces callejeras

A tres años de Fuerza Civil

Argumentar que los homicidios disminuyeron por las acciones de Fuerza Civil es una falacia exagerada e inverosímil. Me cuesta entender tanto esmero por encumbrar a policías que hacen su trabajo y nada más. ¿Por qué buscamos elevarlos a niveles que no merecen? Ya superamos el tercer aniversario de la mimada fuerza de seguridad impulsada por Rodrigo Medina y sigo observando  los mismos cliches gubernamentales.

Es decir, cada ciertos meses los medios de comunicación reciben estadísticas  sobre la progresiva mejora en las tasas de inseguridad y su causalidad directa se la asocia con Fuerza Civil. Pareciese que la Marina y el Ejército dejaron de existir para la opinión pública regiomontana y que el silencio le ganó a todo el ámbito castrense. Todo lo bueno se relaciona con el mando único y sus politizadas vertientes a través de Seguridad Pública.

Pero ¿qué ocurre realmente? Y se los menciono porque debiésemos estar más despiertos para dirigir nuestros halagos. Empezando por una Semar y Sedena que limpiaron con sudor y sangre las periferias más complejas desde el 2009. Fueron ellos quienes cargaron culpas y decisiones contradictorias cuando la confrontación contra una marea de sicarios estaba en su máxima expresión. Fueron las unidades castrenses quienes subieron a cada cerro conflictivo para arraigar delincuentes y enfrascarse en tiroteos bajo el sello de confidencial.

¿Qué se equivocaron? Claro. Varios y gruesos errores. Eran soldados peleando una guerra entre civiles. No hay parámetro ni resultado final que pudiese pintarse de rosa entre las circunstancias.

Pero de ellos a Fuerza Civil existe un mundo de distancia. ¿Por qué nuestro gobernador habrá renegado de los militares? Ah, perdón, no quería mencionarles algo que no conocían. Pensé que ustedes sabían que Nuevo León contrajo una deuda económica con las fuerzas armadas y por eso las terminó desechando. No se fueron porque habían concluido su misión; nos dejaron porque se les debía lana. ¡Mmta! Por eso vimos como despintaron los cuarteles de la Sedena y les pusieron colores de la Fuerza Civil.

A eso responde la estrategia que quiero demostrarles. Se exacerba una marca porque debe asociarse a un éxito que nuestros gobernantes necesitan. Tal vez, las causas de la mejora sean otras. Quizás deberían explicarnos sobre la pugna entre carteles, reparticiones y pactos. Luego, mostrarnos el mapa económico de Nuevo León y la proyección a cuatro años. Después, y sólo después; distingamos a panistas y priistas para separarlos por apellidos de abolengo y tradición en el Congreso. Bufetes de abogados familiares, delfines candidateables y mafias sindicales completarán el combo de la actualidad que estamos buscando.

Imposible que una sola vertiente sea la responsable de la disminución de homicidios. Ni de chiste. Y más cuando cada persona que conozco me detalla que Fuerza Civil vuelve a repetir los vicios de la antigua estatal. Olvídense de aquel ideal de los jóvenes licenciados que empuñan fusiles. O que cantan un himno estilo coco wash. La policía es la misma policía de siempre porque las relaciones con el poder y los códigos de la calle son los mismos. Hay puntos oscuros y lugares vetados. Zonas liberadas y cobros de piso.

Aunque claro, veamos lo que queramos ver ¿ustedes se sienten más seguros? Disfrútenlo y no miren más allá. Ese consejo les dejaré ¿Quieren engañarse? Adelante. Pensemos que Fuerza Civil es la neta del universo. Yo seguiré observando con desconfianza cuando una granadera se me acerque.

 

@santiago4kd