Voces callejeras

Vivian Cepeda vs los 43

¿Cuándo nos sinceraremos frente al espejo? Entendamos que consumimos contenidos banales y sí… ¡nos gustan! Decimos que nos apenan pero los miramos. Disimulamos nuestras ganas pero morimos por verlos. Así somos y así nos iremos a la tumba. No le demos más vuelta a la simpleza que representan nuestros instintos. ¿Cuán difícil es aceptarlo?

Mucho, casi imposible, les diría según las estadísticas que cada día observo. Porque todas las semanas escucho las mismas críticas de quienes consumen los portales noticiosos en internet. “Puro contenido chafo”, “cortina de humo”, “¿por qué no informan sobre los 43?”, y cien respuestas similares que alegan sobre la estrategia desinformativa de los medios de comunicación.

Pero ¿saben qué? Ese contenido demoniaco que se critica es el más leído y comentado. Y peor de peores, las notas políticas siempre están ahí pero se consumen muy poco. Se invierte muchísimo espacio en alegatos de derechos humanos y descripciones sobre lo ocurrido en Ayotzinapa pero los resultados editoriales son mínimos.

Vemos lo que queremos y nuestra percepción selectiva es engañosa. Los artículos profundos e intelectuales siempre están online pero no los detectamos. Lo primero que percibimos es lo superficial y sexual. Nos atrae la sangre, los accidentes y las narconotas porque el umbral es tan limitado como nuestra autocrítica.

Cada cierre en los medios entrega los mismos números. El público regiomontano devora la nota roja. Hace días un terrible accidente en la carretera Nacional disparó los índices de lectura. Trescientas mil páginas vistas en dos días. Lo mismo para bebés asesinados, torturas a perritos y accidentes.

Mientras, se publican simultáneamente las protestas políticas contra el gobierno y el reclamo social por los normalistas desaparecidos. Los artículos sobre la inversión económica en Nuevo León y los fraudes de Monterrey VI. ¿Quieren saber cuánta gente las lee? Apenas el diez por ciento del total. Es decir, el contenido existe pero no lo elegimos.

Entonces ¿quién es el culpable? ¿Los medios? NO ¡Nosotros! Nada más fácil que echar culpas y hacernos los tontos. Y yendo más de fondo, esta problemática tiene relación con el nulo compromiso social que tenemos. Ya se los expliqué en otras editoriales: nos vale madre lo político pero adoramos el esnobismo barato y brilloso.

¿Otro ejemplo? Ahí tienen a Vivian Cepeda y su video sexual. Explícito en demasía y consumido por millones de personas en todo el planeta en menos de diez horas. ¿Quién es ella? Una conductora televisiva que se grabó junto a un famoso cantante teniendo sexo y ¡PUM! Video filtrado y contenido viral garantizado.

De la nada, todos mis grupos del WhatsApp me lo estaban compartiendo. El que vendía hamburguesas hablaba de él y los Facebook de amigos extranjeros lo comentaban. Memes y cientos de burlas llenaron la red. Es más, arriesgaría que la mayoría de Monterrey ya lo vio.

Les dejo una pregunta: ¿Vieron el mismo compromiso masivo por alguna causa social? Millones nos compartimos el video sexual con una necesidad casi instintiva. El morbo nos empujó a límites donde el interés moral nunca llegará. 

Así somos los seres humanos y debiésemos comprenderlo con honestidad. Dejémosle de echar culpas a los medios por cortinas de humo que muchas veces son inexistentes. Vemos lo que queremos y amamos el autoengaño intelectual. Nadie nos venda los ojos o intenta cegarnos. ¿Cuándo tendremos la valentía de aceptar públicamente lo que nos gusta ver o leer?


@santiago4kd