Voces callejeras

Ugo y su error militar

Entendamos un concepto básico: “El Ejército no atrapa malandrines comunes o evita robos a casas”. La función de la Sedena se relaciona con la defensa nacional y operaciones específicas para apoyo civil en desastres naturales.

¿Por qué Ugo Ruiz les pide ayuda? ¿Qué implica que San Pedro deba recurrir a los militares? Simple y muy obvio. El joven edil no comprende la tempestad que lo rodea. Demasiado verde e inexperto para timonear un municipio que ha subsistido a base de alianzas y pactos truculentos.

Síganme en esta línea de causalidades: Peña Nieto anuncia la implementación del Mando Único y probable intervención en municipios fuera de control (o infiltrados por el narco). Esta decisión revitaliza a los organismos federales de seguridad para ingresar de facto en cualquier zona del país. En Nuevo León la decisión del Mando Único es palanqueada por los priistas y actualmente está abierta (no hubo quórum en el Congreso). A su vez, San Pedro, el ex blindado, es cacheteado por sucesivos y mediáticos robos que demuestran el descontrol que rige. Y sí, este municipio siempre fue el vocero del antagonismo al Mando Único.

Pero ¡oh sorpresa! A Ugo Ruiz se le ocurre tocarle la puerta a Sandoval Alcázar (ex Cuarta Zona y ahora subsecretario de Defensa) y pedirle ayuda. Es decir, recurre a los militares para fortalecer la percepción de seguridad de sus calles y contradice cualquier lógica partidista.

Primero, porque los militares no mejorarán la situación, y segundo, porque sus acciones corroboran la necesidad de un Mando Único. Con el panismo estatal ahogado en la lucha por derogarlo, los sucesivos pedidos (Alcázar ya lo había rescatado meses atrás) a la Sedena confirman la ineficacia de la seguridad sampetrina.

Peor aún, y para comprender más el contexto, el actual jefe de la Séptima Zona es Solórzano Ortega, ex jefe de la guarnición de Nuevo Laredo y responsable de una estrategia que benefició la lucha contra el crimen organizado pero muy perjudicial para los delitos comunes.

Todavía recuerdo mis interminables coberturas periodísticas donde la gente lloraba porque la frontera tamaulipeca era tierra de nadie. Y no crean que se quejaban por los narcos y sus caravanas armadas. ¡No! El problema era la desidia en cuestiones básicas de resguardo gubernamental.

¿Qué significa? Lo repito: las camionetas militares no se movilizarán cuando a usted le roben la televisión de su casa. Menos, si marcan a emergencias porque escuchan ruidos. Los uniformados de verde no tienen cuarteles con la misma cercanía que la Policía. Y para colmo, Fuerza Civil los reemplazó en cada Punto que se había construido en los rincones del área metropolitana (Ej: Lagos del Bosque, Mty).

Pero Ugo acude a ellos otra vez. ¡Qué tontería! ¿No comprende que alguien se está riendo de él? Los operadores políticos saben que el alcalde necesita demostrar liderazgo. Y esa urgencia lo apura hacia un error que le costará muy caro durante los meses electorales. Los sampetrinos detestan que la presencia militar los avergüence. El panismo no quiere a la Sedena picándole los ojos y, además, Mauricio observa de reojo una cuadrícula callejera que siempre había logrado suavizar.

Moraleja: cuando los veamos patrullar por Vasconcelos o Morones no nos comamos el cuentito. Su presencia no motivará que disminuyan los delitos comunes. A los militares no les interesamos porque su naturaleza se enfoca hacia ilícitos federales. ¿Qué debiese hacer Ugo? Reunirse con mejores asesores porque los actuales lo están hundiendo.

@santiago4kd