Voces callejeras

Twitter no asesina

María del Rosario fue asesinada y las redes sociales se mancharon otra vez. Luego de varios días con información contradictoria, la muerte de la tuitera se confirmó de la peor manera: una foto y ciento cuarenta caracteres para cerrar un ciclo trágico y repleto de sospechas.

“Hoy, mi vida ha llegado a su fin”, presagiaba una frase inequívoca. Era jueves y otros mensajes seguían rebotando desde su cuenta con una crudeza que asustaba. “No me queda más que decirles que no cometan el mismo error que yo. No se gana nada… al contrario, me doy cuenta que encontré la muerte a cambio de nada”.

Sin lograr corroborar si aquellas palabras eran escritas por María, la certeza de las autoridades se orientaba a la clara autoría del crimen organizado desde que la desaparición de la médica fue confirmada el miércoles pasado.

Los mensajes publicados y una fotografía que complementaba el destino trágico de la mujer, la oleada de rumores sobre su muerte se amontonó con la típica desorganización que la ignorancia suele reunir.

“Ya no podemos publicar porque te hackean de volada” o “los narcos te pueden localizar por tu IP y chingarte”. Y así, puff… mil opiniones exageradas que deberían hacernos sonreír.

Entonces, comencemos por las causas iniciales. ¿Por qué la asesinaron? Fácil y sencillo. Alguien la delató. Reynosa es pequeño hasta el hartazgo. Todos se conocen y la identidad de una joven que participa en varios foros como activista ciudadana no debiese ser difícil de identificar. Uno que habla y la fachada se cae.

Fuentes Rubio falleció porque nos rodea un mundo inescrupuloso de mentiras y traiciones. No murió porque sus verdugos fueran de la Mossad y la CIA. ¿Quieren apostar? Les aceptaría lo que sea sobre la inexistente relación entre filtraje tecnológico y su deceso.

Quizá si los megaterroristas 2.0 del ISIS musulmán estuviesen en México lo pudiese dudar, pero aquí no necesitamos tantos recursos informáticos para estas persecuciones. ¿Cómo puedo estar seguro? Porque los delincuentes evitan tremenda complicación. Rastrear fuentes de información implica una inversión monetaria en recursos de software y cerebros que nuestros cárteles no consideran esencial.

¿Por qué? Vuelvo a mi idea principal: María no fue asesinada por los demonios de la Matrix. Su pesadilla comenzó con situaciones previas, el hospital y demasiados rumores en ambientes donde los malvivientes suelen abundar. La única forma de sobrevivir en las pequeñas ciudades se remite al silencio total.

Aunque claro, siempre debemos saber algunos trucos técnicos para despistar al enemigo (la próxima columna podemos discutir sobre eso); discos externos sin internet, siempre Android y nunca iPhone, sistemas tipo Thor y otros detallitos que suelen facilitar la tarea de incógnito.

Pero ¿qué es lo más efectivo? Lo más difícil: entender la peligrosidad de lo que hacemos y vivir como anónimo. Y esto significa enterrar el ego de triunfos y lloriqueos de fracasos. Si quiero tuitear sobre ilegalidades no debo comentarlo con nadie. Fotos y textos que te lleguen deberás utilizarlos sin reciprocidad o agradecimientos.

Una persona que lo sepa y todo el esquema de seguridad se cae. Lo ideal sería abandonarlo todo y volar. Y por eso, lo que mata nunca es la tecnología y las culpables siempre serán nuestras relaciones interpersonales. Si entendemos esto el acertijo estará resuelto, la ciencia ficción dejémosla para otros países.

 

@santiago4kd