Voces callejeras

Santa Claus en el trafical

Hace tiempo que no estaba tan relajado el tráfico de Nuevo León. ¿Se dieron cuenta? Creo que estamos en el periodo vacacional con más tranquilidad y pienso disfrutarlo al máximo. ¿Saben por qué? Ya estaba hasta la madre de tantos autos, de los cuellos de botella y de obras inconclusas en cada arteria clave de nuestra ciudad.

Esta paz post Navidad me empujó a pensar en lo asfixiante que se volvió nuestra cotidianidad automovilística. ¿Cómo llegamos a tanto? La respuesta es fácil: autoridades mediocres y cortoplacistas que condenaron a muerte un proyecto urbano que hubiese sido modelo.

Cada municipio representa el mismo esquema de problemas y desencadena similares polémicas. Si los responsables del concepto inicial de la avenida Leones se hubiesen preocupado por las consecuencias sobre Gonzalitos, pues… la historia de terror actual no existiría.

O quizás, si la metástasis de barrios cerrados sobre la carretera Nacional fuese acompañada de vías de circulación adecuadas no pasaríamos una hora para ingresar a la ciudad cada día de nuestra semana laboral.

Peor para los que intentan llegar desde la periferia guadalupense hacia el centro. ¿Qué hacemos? Nos atascamos en Constitución o elegimos las caóticas Pablo Livas o Eloy Cavazos. ¿Quién de ustedes ha sobrellevado el empujón de carros desde Chapultepec hacia Revolución?

Y así pudiese seguir con mil ejemplos. ¿Qué pasará con el nuevo estadio? Apalabrado desde las épocas del góber Natividad y futuro símbolo del caos cuando miles de automóviles deban ingresar desde una sola avenida (Pablo Livas).

Es decir, estamos algo complicados, o como dicen mis amigos: “empinadísimos y no tenemos solución”. Y con esta definición volvería a mi conclusión inicial, esa donde teníamos la posibilidad de tener un proyecto urbano modelo.

Hagamos memoria y recordemos con la rapidez que creció el área metropolitana. Puentes, pasos a nivel, edificios de treinta pisos y shoppings con barrios incluidos. ¡Ah, esta nueva onda está con ganas! Ya quiero que inauguren el mega emprendimiento inmobiliario Nuevo Sur. Cientos de departamentos combinados con restoranes y cines que tendrán como único acceso una pequeña lateral sobre avenida Revolución. Y digo quiero, porque espero verlo desde un helicóptero y no llorando en el atolladero.

Perdón que siga con tanto ejemplo, pero siguen brotando de mi cabeza. Algo no está bien y mi angustia se relaciona con lo irremediable de la situación. Hasta la alcaldesa de Monterrey ya chapulineó y nos dejó abandonados con decenas de promesas inconclusas.

Es difícil mantener la calma ante tanta inoperancia y corrupción. Una ciudad que tiene la oportunidad de crecer en poco tiempo debiese ser ejemplo de planeación y visión. Si millones de pesos entrarán a nuestra metrópoli, ¿por qué diseñarla con las patas? Allí viene el Shopping más grande de Latinoamérica en el sector más intranquilo por tanto trafical diario (La Rioja).

Ni Santa Claus debe aguantar recorrer el área metropolitana. Y no se  rían, supongo que el de barba blanca se reirá de nuestra tendencia al autocastigo, que con juego de palabras o sin él, representa una realidad que intentamos asumir como normal pero no lo es.

En muchas de mis editoriales recaigo sobre este comportamiento conformista y me molesta en demasía. Estamos ciclados sobre problemas que debiesen ser colaterales. Preferiría pensar en la economía, la tasa de empleo, nuestras posibilidades de ahorro y dejar de  ahogarnos en cuestiones que la inoperancia gubernamental nos orilla a pensar. Resumiendo: el tráfico y el desmadre urbano nos están comiendo la cabeza. ¿Me equivoco?

 

@santiago4kd