Voces callejeras

Periodismo comprometido vs secuestros

Llenarse la boca con la objetividad que debe irradiar el periodismo es la hipocresía más grande que conozco. No existe ni nunca existirá. Es para los manuales que nos enchufan en las universidades y nada más. Irreal y ficticio. Un invento para escaparnos de la responsabilidad verdadera que debería representar nuestra profesión.

Y lo manifiesto así porque esta semana leí infinidad de explicaciones sobre los constantes secuestros que sufren mis compañeros en Siria. Muchos son amigos y a otros ni los conozco.

Ingresar a una zona de guerra es una experiencia inigualable y terrible. Cada paso con la cámara representa una decisión para la que nadie te preparó. Buscas retratar un momento e inevitablemente te mimetizas con la gente.

Allí es donde aprendes que la objetividad es una tontería que inventaron los timoratos. Es imposible no llenarte de sangre la ropa. Es inverosímil que no llores después de observar infinidad de familiares desgarrados por las bombas. Cuanto más caminas más te comprometes.

Ese es el periodismo en las trincheras. Un esquema donde obligadamente debes comprometerte para lograr la espontaneidad que tus fotos o artículos necesitan.

Por eso las guerras actuales son despiadadas hacia nosotros. Siria y Libia se partieron en dos. Somos pro régimen o terroristas. No existen matices y cada bando nos destaca como enemigos a eliminar. Ser periodista equivale a dinero mercenario o premio político.

¿Cuándo entenderán que nosotros no aplaudimos ninguna causa? Llegamos a los pueblos para demostrar lo que ocurre. Hace dos años conviví meses con los rebeldes libios y les acepté muchos argumentos. Pero ahora, su locura y violencia merecen ser castigadas y denunciadas por nuestras lentes.

Y Siria, pues… qué decir. Un tsunami insurgente que abrazamos la mayoría ante un gobierno que había sido extremadamente violento hacia su sociedad. Pero estos días son imposibles de ocultar. Terrorismo, ejecuciones, ataques químicos y tanto mercenario internacional que la revuelta me entristece.

Todas estas idas y vueltas ocurren mientras los periodistas están allí. Los verdaderos corresponsales. No los que se maquillan en los hoteles. Me refiero a los que sufren hambre y sed en los pueblos sitiados. Que aceptan un pedazo de pan de los vecinos y lavan su única camisa cuando tienen un rato de sol o tranquilidad. Son los que captura Al Qaeda o los encarcela el gobierno. No tienen bando porque el único objetivo es contar la historia.

¿Historia? Hay una sola para cientos de miradas. Infinidad de reporteros caminan entre las ruinas para obtener testimonios verídicos. Y allí es donde caen las bombas o los gases te hacen vomitar.

Cuando una pared se derrumba y escuchas gritos intentas ayudar. ¿Significa que tomamos partido? No, claro que no. Significa que somos seres humanos viviendo momentos límites. Los gobiernos nos critican por tomar esas decisiones y quieren pintarnos colores de ciertas banderas.

Y la realidad es… que nos vale la agenda política que nos impongan. Insurgentes o dictadores son igualitos cuando se sientan en el poder. Los únicos que mantienen su esencia son los pobladores. Allí estamos nosotros. Por eso siempre seremos subjetivos. Nos seguirán matando y secuestrado porque somos comprometidos. Si los poderosos nunca cambiarán, ¿por qué debemos hacerlo nosotros?

santiagofourcade@hotmail.com