Voces callejeras

Migrantes que vuelven al matadero

Voy a escribir las cosas como son. Me siento fastidiado y manoseado. Harto de tanta verborragia política se esfuma por el aire. No sé, díganme ustedes ¿cuándo los gobiernos estatales se preocuparon por los migrantes? O peor, ¿qué decisión comprometida recuerdan del Instituto Nacional de Migración para disminuir la pesadilla centroamericana?

Déjenme respóndeles: Nunca. Cero. Nada. Nulos son los esfuerzos de las autoridades locales para mejorar su precaria situación. Ínfimas son las decisiones que repercuten positivamente en algún hondureño o guatemalteco que pasa por nuestros estados.

Dos años investigué sobre los gravísimos problemas en Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas. Conocí albergues y pasé interminables horas escuchando todo tipo de denuncias. Entendí que los centroamericanos estaban a merced de las bandas delincuenciales más peligrosas de Nuevo León. Observé camionetas con gente armada haciendo guardias afuera de los albergues. Comprobé corrupción policial en Saltillo y anoté cada queja que chocaba contra la apatía del INM.

Pero lo local no me alcanzaba y debía entender que toda la frontera estaba igual de empinada. Viajé a Ciudad Juárez y la debacle fue total. Hasta me encontré a uno que tenía el pecho abierto por una herida de cuchillo y se estaba desangrando en la puerta del albergue. Nadie lo quería atender. Se llamaba Arturo, tenía dos hijos y llevaba tres meses viajando desde Tegucigalpa.

¿Saben que es lo peor? Sigo sin ver una mísera luz de esperanza para esta situación. Alguna vez, Carlos (guatemalteco) me contó que Los Zetas le cobraron trescientos dólares por cruzarlo en Reynosa y luego ahogaron a su compañero llenándole de piedras el estómago. Por aquellos días también Adrián me describió la matanza con bates y machetes que sufrieron la veintena que lo acompañaba en el camión.

Y sí, la mayoría de las historias siguen ocurriendo en el  agujero negro que representa Tamaulipas y Nuevo León. Hoy, aunque Seguridad Publica lo niegue, el contexto se mantiene tan precario como hace cinco años. Los patrullajes de Fuerza Civil ayudan para el maquillaje mediático o para los regios que van de compras.

¿El resto? Pues… lo que ustedes saben de memoria. ¡Están jodidos! La periferia del área metropolitana representa un laberinto de feudos narcos. Grupos antagónicos se reparten los municipios a placer. Cada arteria de carreteras salientes equivale a cuadrículas estratégicas que los cárteles utilizan para distribución y captación de migrantes.

Un migrante secuestrado representa muchas cosas. Con suerte se transformarán en gatilleros y morirán en un retén. Pero en sí, sobrevivirán en cautiverio  hasta que sus familias sean exprimidas hasta el último peso. Las mujeres serán violadas y vendidas a burdeles. Los niños sufrirán lo mismo o peor. Aportarán para el tráfico de órganos, sangre y mulas que cruzarán la frontera con bultos de estupefacientes que superarán los veinte kilos.

Por eso me entristece que quieran vendernos otra idea. Nuestro noreste coexiste con una aberrante mezcla de negligencia y corrupción. El gobierno de Medina hace que le importa pero la verdad es otra. El INM mira desde lejitos (y en silencio) cómo los narcos se llevan gente de los albergues migrantes.

¿Saben qué es lo peor? Hace unos días, varias centenas de migrantes bajaron del camión (por miedo a la inseguridad en Reynosa) y decidieron volver a Nuevo León. Las autoridades regias aplaudieron la decisión y los recibieron con una sonrisota. ¡Ay, pobrecitos! No saben que regresaron al matadero.  

@santiago4kd