Voces callejeras

Medina vs Medina

El Gobernador presentó más pruebas (patrimonio, etcétera) que lo deslindarían de varias de las acusaciones que lo preocupan.

Cuando Rodrigo Medina aterrizó (hace dos meses) en el DF fue muy claro respecto de sus intenciones: “No quiero ir a la cárcel”. Palabras exactas apenas pisó varias dependencias federales y mostró su interés para que un equipo especial comenzara (de forma confidencial) la auditoría de su gestión.

Y claro, aunque algunos lloren y protesten por el cambio que llegaría luego de nuestra ajetreada jornada electoral, la política mexicana sigue configurándose en torno al poder federal. ¿Qué decidió el Centro? Proteger al gobernador porque representa sus colores y no puede asumir más caos partidario.

Lejos del triunfo priista que presagiaba un terreno liberado, la estampida de Jaime Rodríguez sobre el bipartidismo nuevoleonés apuró las negociaciones para que Medina resolviera una situación que los jurídicos federales consideran como muy delicada.

Por eso la semana pasada fue el propio Medina quien recibió en Monterrey a los auditores para determinar un panorama que se develaría entre discusiones y desilusiones familiares. En varias reuniones ultrasecretas (desde ahora no lo serán más), el gobernador presentó más pruebas (patrimonio, etcétera) que lo deslindarían de varias de las acusaciones que lo preocupan. Sin margen de error expresó su consternación por el abrumador expediente que redunda su sexenio plagado de irregularidades y donde su familia habría sido pieza clave.

“No meteré a la cárcel a Medina. Conozco a Rodrigo y lo aprecio. Lo que ocurrió va más allá de él”, declaraciones espontáneas de Rodríguez ante la consulta que este mismo equipo le habría hecho.

Con las fichas sobre la mesa, el esquema de entrevistas siguió su curso hacia el resto del clan Medina. ¿Cómo reaccionaron? El padre se deslindó de la responsabilidad de cualquier acusación ante la incrédula mirada de Rodrigo. Misma respuesta que entregó el hermano (Alejandro) y que dispararía el malestar del actual gobernador ante dicha actitud. Un reproche que fluyó sobre la incongruencia (de padre y hermano) de negar sus influencias sobre varias secretarías nuevoleonesas durante los últimos años.

Rato después de esta discusión (el góber) fue al encuentro del Bronco y todos los medios retratamos  la famosa postura de ir tras las instituciones y no sobre las personas. Una declaración que debería sorprender, pero confirma que la estrategia para salvar a Rodrigo está en marcha.

Y sí, imagino lo que ustedes estarán pensando, ¿y la familia Medina? Resquebrajada y enfurecidos entre ellos por una situación que parece no tener retorno. “Investiguen hasta las últimas consecuencias y que caiga quien deba caer”, fue la conclusión de un dolido gobernador.

Fuentes de los organismos federales me reconfirmaron ayer que todas las estrategias apuntan al apellido Medina, porque la credibilidad del gobernador entrante depende de ello. “No puedo fallar a una de mis principales promesas”, les habría dicho Rodríguez para empujar una investigación donde el desvío de recursos es el principal catalizador.

Apenas auditados los primeros años, la perspectiva de una rápida crucifixión es tan idealista como muchas de las promesas proselitistas que escuchamos últimamente. “No sabemos cuánto nos llevará porque es un proceso muy complejo. Pero la situación es más delicada de lo esperado”, dicen en San Lázaro.

¿Entonces? Creo que los ciudadanos debiesen estar satisfechos porque las investigaciones siguen avanzado y no son una utopía. Un contexto en el que aparecen Rodríguez y su pragmatismo (les pido que dejemos de jugar a los héroes enmascarados) para un proceso legal donde la familia Medina saldría muy perjudicada.

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