Voces callejeras

Hipócritas intelectuales vs futboleros pasionales

No entiendo si queremos convencernos a nosotros mismos o engañar a alguien. ¿Cuándo seremos sinceros? Mejor admitamos que somos una sociedad que no lee ni madres. Que odiamos que nos regalen un libro y que no pisamos una librería en años.

Y lo de engañarnos lo menciono porque otra vez veré una Feria del Libro regiomontana a reventar de personas hurgando entre ejemplares. Gente de todas las edades que checa precios y revolotea entre títulos como si fueran esponjas intelectuales, pero luego pasará lo de siempre.

Entenderemos la realidad cuando organismos como la Unesco adviertan que México está penúltimo (107) en índice de lectura a nivel mundial. Que gastamos casi el 60% de nuestro tiempo viendo la tele y apenas llegamos a tres milagrosos libros leídos al año.

Entonces, hace dos días se me ocurre algo. Estoy sentado en el Estadio Azteca y soy de los miles de aficionados que vibra nervioso. Fueron dos horas de locura y adrenalina. Pasamos del llanto al éxtasis en 10 segundos.

Viendo aquel entorno comprendí que el mundo del futbol es más sincero. La muchedumbre se deja llevar por la pasión y no lo oculta. Respira y come con la Selección durante veinticuatro horas. No se engaña a sí misma ni trata de aparentar.

¿Puede unirse el mundo del futbol al de la lectura? Claro que sí. Hay grandes escritores en todas las lenguas que dejaron títulos inigualables. ¡Eso es lo que tenemos que hacer! Chingad… si las personas que se apasionan por el deporte se acercaran a la lectura, creo que serían más sinceras que los hipócritas que se regodean en las ferias intelectuales locales.

Basta de títulos que ostentan esnobismo pero que ahuyentan consumidores. Quiero libros de futbol, de básquet, de lo que sea que unifique la pasión de millones de personas por una convicción en la que sí creen. Para otro día les dejo el debate sobre la calidad de los contenidos. Mirémonos a un espejo y admitamos el problema. Urge que volvamos a la lectura.