Voces callejeras

¿Felipe? Prefiero Matamoros

Pero ¿qué pueden hacer nuestros compañeros periodistas de la frontera? Están solos y sobreviven como pueden.

Por qué rendirnos ante la violencia? Siempre podemos dar un poco más, pero es imprescindible estar completamente seguros de nuestras capacidades. ¿Recuerdan mi último editorial? “Malditos narcos mataperiodistas” resumía el hartazgo de nuestra profesión por una coyuntura asfixiante.

Y creo que por eso viajé repentinamente a Matamoros. La ciudad más peligrosa de México desde que inició este 2015 y con un clima económico social de tintes apocalípticos.

¿Qué carajo hago acá? ¿Para qué vine al matadero? Fueron varias de las preguntas que me hice mientras intentaba tranquilizarme con las primeras luces del amanecer sobre la plaza municipal. No soy novato ni inconsciente. Tampoco necesito sermones sobre las consecuencias de una cobertura riesgosa. Había una razón para estar rodeado de tanto mataperiodista y las siguientes horas en Matamoros demostraron que no estaba equivocado.

“Es histórica la transmisión en vivo que están haciendo”, me confesó un colega mientras nos enlazábamos para el Telediario Nocturno. Ningún medio nacional o internacional había cubierto al instante la ola de violencia desde el corazón de la ciudad para miles de hogares en toda la región.

Y esta afirmación no se relaciona con egos inflados ni estupideces como ésas. Por el contrario, vuelve a demostrarme que estamos desolados en cuestiones cívicas básicas. Porque uno de los motores económicos de la frontera lleva años con un bloqueo informativo que asombra. Ni para qué publicitar el apagónanalógico si la nueva era digital rebotará noticias que aparentan la realidad. Mucho LED y HD para un maquillaje noticioso que debiese darnos vergüenza.

Pero ¿qué pueden hacer nuestros compañeros periodistas de la frontera? Están solos y sobreviven como pueden. Ni la tecnología de las televisoras ni la protección del Gobierno es directamente proporcional a la titánica tarea que enfrentan a diario. Sin protección y escasos en profesionalización de las coberturas en zonas de conflicto, el resultado que hoy observo en Matamoros es claro: están jodidos porque los poderosos así lo quieren.

Y por poderosos me refiero al staff federal encabezado por Osorio Chong y su desganado séquito que visitó la entidad. Dijeron dos obviedades y se retiraron a clonar el evento al sur del país. Cada vecino que entrevisté le escupió a la foto de las autoridades. Solos, muy solos se sienten los matamorenses. ¿Por qué Nuevo León pudo o, al menos, mejoró la percepción para un área metropolitana de cinco millones de personas? ¿Qué tan difícil puede ser para seiscientas mil?

Las respuestas son simples y todas conducen al desdén oficial. Por eso me convencí de caminar Matamoros y hablar con tantas voces amordazadas. No por reconocimiento ni por algún instinto suicida que pudiesen achacarme. Estas ciudades fronterizas necesitan informar lo que ocurre y debiese ser nuestra responsabilidad (como periodistas especializados) esforzarnos para ello. Porque aquí, los límites de la chamba del comunicador quedan atrás; veámoslos como un deber cívico y animémonos a desenmascarar tanta impunidad.

Además del miedo, obvio y sudoroso, la sensación callejera que me dejó la Heroica se reduce a frustración e incomodidad. El narco la domina y eso no variará. En cada esquina revolotea un halcón y radiofrecuencias intermitentes nos seguían hasta cuando comprábamos café. Supongo que volveré dentro de poco. Ojalá muchos más se animen. Vale la pena para una ciudad que pide ayuda a gritos.

PD. No escribí sobre los resultados panistas porque ¿para qué? Felipe de Jesús no será el próximo gobernador de Nuevo León.

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