Voces callejeras

Extremidades y entrañas volando

Hace dos días tuve un debate de conciencia que todavía no terminó de cerrar. Un amigo (Fady Marouf) que vive en Damasco y a quien admiro mucho, puso en su muro de Facebook un video que me quitó el aire. Luego de dos minutos de verlo, mis manos temblaban y tenía la boca reseca como después de dos maratones. Me generaron un dilema ético sobre la necesidad de seguir haciendo público un documento tan violento. ¿Vale la pena? ¿Cuánto es morbo? ¿Cuánta gente puede sentirse ofendida? Entre tantas preguntas mi respuesta final decidí compartírselas en estas líneas.

Pero antes de seguir, aquí les paso el link: (http://www.youtube.com/watch?v=AV_p805oqRs). Recorten el periódico y anoten textual esas letras en su pantalla para observar la verdad más cruda sobre una zona de conflicto. Cuando le den enter, sus ojos captarán la cotidianidad de una ciudad que pudiese ser la nuestra. Y segundos después, entenderán la capacidad destructiva que puede tener un mortero y la postal imborrable de muerte que dejó a su paso.

Luego de la primera, decidí repetirlo diez veces más. ¿Exageración? No sé. Aquí empieza el debate. Chequé a detalle cada persona que había sido afectada por el atentado. Sus gestos, la naturalidad del momento y la brutalidad del impacto. Anoté quienes pudiesen haber sobrevivido y luego intenté seguir las mutilaciones que regaron toda la pantalla.

A mí, y es mi más personal de las visiones, lo que más me impresionó fue la naturalidad de aquella mañana. Gente charlando y sentada sobre la entrada del edificio. Caminando al trabajo o reunidas minutos antes de seguir hacia otro lugar.

¿Por qué elijo eso y no el momento posterior al bombazo? Considero que siempre ha sido la descripción más terrible de lo efímera felicidad que flota en la guerra. Desde hace milenios, sociedades enteras intentaron convivir entre las balas y seguir sus vidas normales como si nada ocurriese. Nuestra propia naturaleza nos empuja a seguir adelante. "No podemos vivir escondidos en un sótano", son las respuestas que siempre me han respondido en cada país donde cuestionaba esa capacidad para continuar los quehaceres diarios esquivando balas.

Este video representa la verdadera locura de una guerra. Morteros, misiles y todo tipo de armamentos que nunca distinguen. Es obvio que desde lejos nunca terminamos de apreciar el cuadro general que un conflicto representa. Nos acostumbramos a leer sobre atentados y muertos sin siquiera prestar mucha atención. Los titulares de los canales informativos enumeran damnificados en Siria, Libia, Irak, Afganistán y todo se nos hace lo mismo.

Pero, ¿qué ocurre cuando podemos presenciar algo así? La respuesta es simple. Te cambia para siempre y no existe vuelta atrás. Es imposible asumir que tanta muerte no influye en nuestra conciencia. La escala de valores se trastoca y modifica sin remedio. Bah... qué decir, en realidad se destruye como esos cuerpos que volaron por los aires.

Por eso elegí seguir haciendo público este video. Quiero que muchos lo vean y les llegue hasta donde cada uno se deje. No es morbo ni sadismo. Tampoco por exacerbar una bandera u otra. La neta, me importa un cacahuate quién fue el responsable del atentado. No busco mártires ni falsos salvadores.

Imagínense caminando por Reforma y que la sangre les salpique el rostro. ¿Les parecería normal? Claro que no. Es inconcebible, y para eso sirve observar este video. Es la crudeza de la verdadera guerra en su máxima expresión. No hay más. Cualquier otra explicación sale sobrando.

santiagofourcade@hotmail.com