Voces callejeras

Enterremos nuestros muertos y soñemos

Ayer volví a creer que Monterrey pudiese resucitar otra vez. Intenté borrar de mi cabeza tantos datos negativos y por varios minutos cerré los ojos y respiré. Era la una y la madrugada del Café Iguana volvía a respirarse como varios años atrás. Humo, sudor, música y cientos de personas con ánimo de divertirse me trasladaron mentalmente a las épocas doradas que tanto habíamos disfrutado.

Con los ojos cerrados me dejé llevar por la marea humana muy cerquita del escenario. Había chavos de todas las edades y banderas enormes dominaban el lugar. Música vallenata y ska reventaban las bocinas ante un evento que demostraba que la convocatoria de la barra futbolera de La Adicción es la más impactante del país.

Pero más allá de cualquier connotación deportiva, lo interesante de anoche radicó en mi percepción del Barrio Antiguo; una cuadrícula que fue desangrada por la guerra del narco y que parecía morir para siempre.

Dediqué mucho rato a sentarme frente a la fachada del Iguana y observar las marcas indelebles de las balas que mataron a varios amigos que allí trabajan. Ahora, otra vez, filas de jovencitos se empujaban por entrar sin siquiera notar aquellas cicatrices en las paredes.

¿Qué hubiese pasado si este emblemático antro no cerraba sus puertas? Nunca lo sabremos. El dueño debió ponerle candado porque ninguna autoridad lo ayudó. Fueron demasiados años de quedar a merced de delincuentes y extorsionadores. Nunca pudo gritar por ayuda porque las autoridades estaban más sucias que la propia maña.

Pero ayer volví a ilusionarme con lo impensado. Son de esas sensaciones que rozas lo subjetivo y que parece imposible de plasmar en letras. Los rostros, la alegría y tanta gente caminando por las calles que algunos condenaban al entierro.

Ojalá el Barrio Antiguo retome el lugar que muchos quieren arrebatarle. Quiero establecimientos donde podamos divertirnos y que sean accesibles para todos. Me harta pensar que San Pedro volvió a monopolizar la noche de la Sultana. Monterrey necesita su noche como estaba antes…

Y la violencia, pues… ahí seguirá por siempre. Quizás sea la verdad más cruda que debamos aceptar. Los cárteles nunca dejarán esta plaza porque es de las más redituables de México. Las estadísticas pueden bajar e ilusionarnos, pero los muertos siempre estarán.

Por eso aplaudo la valiente decisión (de los dueños) de reabrir estos antros. De pisotear los intereses políticos oportunistas y mantener los lugares que necesitamos como pulmón de diversión en la capital. La alcaldesa regiomontana sigue empecinada con su insólito horario de cierre (02:00), pero terminará perdiendo. No importa cuántos empresarios tenga detrás, la resistencia que manifiesta el Barrio Antiguo empieza a tomar forma.

Parecería que las ciudades condenadas a muerte obtienen fuerzas sobrehumanas de algún lado. Impresiona observar cómo se aprende a convivir con situaciones límites y entender que la vida debe continuar. Cuando no queda otra alternativa ¿qué haces? ¿Saltas del puente? Claro que no. Te inflas de valor y le das para delante. Luchas hasta que sales a flote. Y la gente disfrutando de las calles nocturnas está gritando esa idea a gritos.

Ayer me ilusioné otra vez. Hacía mucho que no volvía a sentirme positivo y las banderas de La Adicción representaron ese temple y pasión que necesitaba observar. La sociedad todavía está viva y vuelve a palpitar. Yo, elijo soñar… ¿ustedes?

santiagofourcade@hotmail.com