Voces callejeras

Elecciones para ilusos

Debiésemos aceptar que Nuevo León es más priista que nunca. Estamos presenciando la derrota más bochornosa del PAN.

Bienvenida la temporada de las farsas electorales. Faltan menos de dos meses para que elijamos a nuestro nuevo gobernador y los partidos desparraman demagogia sin importar sus consecuencias más profundas.

¿Por qué Ivonne no se presentó al último debate? ¿Por qué atacarla si no existe obligación por participar? ¿Qué hay detrás de las supuestas plataformas ciudadanas que se autovanaglorian de transparencia? ¿Cómo leer el amontonamiento de encuestas que cada periódico publica como “la más veraz”?

Y cien preguntas más que decantan en la sucia relación entre el poder político y sus múltiples opciones para desembarcar con éxito sobre la opinión pública regiomontana. Por ejemplo, analicemos el favoritísimo de los candidatos. Primero Ivonne y luego El Bronco; como tercero lejano, Felipe, y en el subsuelo, el resto de los candidatos. Un terreno lodoso donde serpentea Elizondo con la astucia de quien conoce las palancas del poder. Sin chances para acceder a la gubernatura, la insistencia de muchos grupos (como Alcalde, ¿Cómo Vamos?) debe entenderse como la sinergia entre engranajes panistas que buscan sumar por cada flanco que demuestra alguna debilidad.

Gritando sin justificación por la ausencia de la candidata principal, el circo que rodeó al debate tuvo tintes tan albiazules que los resultados fueron ínfimos.

Enfrente y con sorna, el priismo local dibuja el tablero como una cuadricula donde las opciones son lineales. Y aunque la gente pueda divertirse con un resultado que pareciera dubitativo, las fichas que el tricolor le delegó a El Bronco están muy bien puestas y cobrando dividendos crecientes. La aparente pugna con Ivonne no representa su verdadera naturaleza; un candidato de genética popular que ha fagocitado los votos de Felipe y ayudado para fomentar una imagen personal con opción a futuro.

Debiésemos aceptar (aunque duela) que Nuevo León es más priista que nunca. Estamos presenciando la derrota más bochornosa del PAN en un contexto que debiese considerarse de vida o muerte. Luego del desastre nacional donde perdieron la mayoría de los estados, esta última oportunidad parecía inigualable luego de varios infortunios del partido gobernante. Pero, mmmh… ¿se acuerdan de Margarita? ¿O los desaires partidistas de Mauricio? ¿Tal vez el cortocircuito en la cúpula nicolaíta?

Demasiados errores para buscar enmendarlos en dos meses. Y repito, como si fuesen huracanes que golpearán a Nuevo León, esta temporada de debates causará daños materiales e intangibles. ¿Cómo leer tanta desinformación organizada? Es difícil pero deberemos visualizar el tablero completo. Primero separar en dos colores (rojo, PRI, y azul, PAN) las fichas y repartirlas entre la totalidad de los candidatos. No nos dejemos engañar por el espejismo de la independencia y veamos más allá. Si comprendemos la dualidad nos despertaremos ante tanta encuesta que busca confundirnos.

Y lo mismo será para los debates. Existe una sola cita obligatoria (19 de abril) organizada por el Comité Estatal Electoral y todo el resto de batallas son orquestadas (dudarlo es de ilusos) por grupos con intereses muy definidos. ¿Qué hará el que va primero? Lo que siempre han hecho los favoritos. No arriesgará sus porcentajes frente a un escenario manipulado por sus rivales (aunque para nosotros sean instituciones transparentes o medios fiables).

Por eso la farsa es tan difícil de descifrar, como las tormentas para los meteorólogos. Cada semana que avance hasta el 7 de junio mutará entre sus protagonistas mientras intercambien sus fichas. El PRI ganará Nuevo León y nosotros lo aceptaremos todavía confundidos.

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