Voces callejeras

"El Chavo" del priismo

La ropa deportiva disimulaba la importancia del hombre que acaba de cruzar la puerta. Roberto no lo reconoció y volvió a cerrar los ojos. Estaba cansado y le costaba respirar.

“Llego la hora mi Chavo. Necesitamos cobrarte aquella deuda que te encumbró a la eternidad”, el susurro al oído congeló a Gómez Bolaños.  Reconocía aquella voz y entendía la profundidad del mensaje. “Peña, vete a la fregada. Ya cumplí con ustedes desde hace años”, la voz ronca le surgió del alma. Abrió los ojos y el rostro del Presidente mexicano no lo sorprendió. Había llegado disfrazado y sin su escolta personal.

“Hazte cargo de tus chingaderas, Enrique. Otros presidentes han aguantado peores ¡No pienso morirme hoy!”, gritó tosiendo sangre. La habitación estaba desierta; la única puerta había sido bloqueada y el cordón vital de Bolaños era una moderna máquina que bombeaba oxígeno reciclado.

Dos segundos después se descompensa y los recuerdos le ganan. La vejez actual y los millones de dólares de su legado se desvanecen entre la adrenalina.

Avanzando 1970 su suerte cambiaría. Primero El Chapulín y luego con El Chavo del 8. “Tú apóyanos con guiones populistas y tendrás nuestro dinero. Financiaremos las producciones que estás exigiendo y Televisa se beneficiará en cuestiones políticas para futuras licencias”, fue lo primero que escuchó de un muy gris asesor de Echeverría en 1974. 

El enfoque de Bolaños para buscar contenidos sociales debió enterrarse para siempre. El PRI le aseguraba una chequera abierta, pero sus guiones deberían trasmitir la ingenuidad social que el país había perdido. Los problemas estudiantiles y los cortocircuitos económicos purgaban un tejido social donde la prensa convivía amordazada.

Y lo que parecía momentáneo se firmó con sangre. “Vamos a devaluar la moneda y tenemos todo patas para arriba. Márcale a Roberto, dile que financiaremos las películas que quería para el cine. Triangulamos el dinero y él quedará como único beneficiario”.

Para esos momentos la situación de la Vecindad comenzaba a romperse. Florinda era incondicional con su pareja, pero el grupo estaba partido. “Vendió su alma al diablo. Gana millones  para tapar el desastre de gobernantes que tenemos”, acusaba Édgar Vivar luego de aguantar una junta con el contador de López Portillo. 

“Doblaremos las ganancias de El Chanfle, pero necesitamos la secuela ya. Imposible que ocultemos el desmadre de inflación que se nos viene”, prometería en una histórica charla de campaña el asesor de De La Madrid Hurtado. Luego las tragedias priistas continuarían (fraudes electorales y asesinatos) y la debacle de El Chavo del 8 parecía anunciada.

Chespirito fue arrinconado por el poder y abandonado por sus amigos. Peleas con excusas de amistad y filtraciones a los diarios sensacionalistas ayudaron para ocultar los motivos de una disolución empujada por la avaricia y la política más sucia.

Harto y ahogado por su conciencia, Gómez Bolaños frena las grabaciones y El Chavo del 8 llega a su fin. Luego vendrá el efecto tequila y el zapatismo y el ausentismo del comediante calará muy hondo… el priismo esperaría en silencio una última oportunidad.

“Tú sabes lo que necesitamos de ti. Llevamos cuarenta años juntos y tu acto final será el mejor”, el susurro del hombre de la gorra se pierde entre  los pasillos...

Y así como ustedes (que estarán incrédulos o enojados), y que leyeron hasta el final… esta bizarra teoría del complot hace honor al mejor comediante de todos los tiempos de América Latina.

@santiago4kd