Voces callejeras

César Garza y su estadio kafkiano

¿Cómo puede sonreír el alcalde saliente de Guadalupe mientras nos engaña sobre la finalización de las vialidades?

Inauguramos estadio en la ciudad y una nueva era comenzó. Al menos, eso dicen quienes ostentan el azul y blanco como símbolos de amor eterno. Pero, ¿qué representa esta construcción faraónica? ¿Cómo analizar las consecuencias tan disímiles que se han arrastrado desde hace años? Porque sean políticos o simples ciudadanos, la mayoría sobrepasamos la bipolaridad normal para adaptarnos a un presente que parecía inevitable.

Un resultado que no pudimos esquivar porque aceptamos (nosotros) que lo construyan y los funcionarios de turno se adaptaron a las palancas que el poder suele ajustar. ¿Para qué quejarnos ahora de la pirotecnia o de los animales? Imposible no sentirme hipócrita al postear una foto de los elefantes de La Pastora o el aturdido león que rugirá con cada vitoreo de la general rayada. Ah cierto… perdón, no quería recordarles a Cecil. Qué dolor, qué espanto, cómo me consternó lo que le pasó a este animalito africano y que, por suerte, ha tenido el apoyo de miles de likes. Quizás resucitará y salvará su raza y la de otros cientos en peligro.

Por suerte existe el feisbuk para resolver nuestro mundo. ¿Cuántos psicólogos debiésemos pagar si Zuckerberg no hubiese nacido? Supongo que la raza (perdón, Bronco, que use tu término favorito) gubernamental también descarga sus culpabilidades a puro me gusta en sus redes. Inauguraron la cancha con la obsecuencia que los romanos apilaban ladrillos en sus coliseos. Una construcción que merecía el club con más convocatoria de México pero que arrastró un desorden operacional (en cuestión de permisos y cumplimiento de plazos) que seguirá por muchos meses más.

¿Cómo puede sonreír el alcalde saliente de Guadalupe mientras nos engaña sobre la finalización de las vialidades? Me cansé de recorrer los alrededores del inmueble y pensar cien opciones positivas que eviten el colapso cada quince días. Ayer fueron cincuenta mil personas avanzando hacia un embudo que apenas dos arterias generan. Y digo apenas porque la velocidad ingenieril que demostró FEMSA no fue correspondida por los muchachos de César Garza y un desmadre de tierra y hormigón que todavía contamina cada tramo de acceso al estadio más espectacular de Latinoamérica.

Tercer mundo y primero combinados en algunos kilómetros cuadrados. Palcos, fibra óptica y sushi contra grúas y puentes insuficientes. Duele pensar que todo lo hacemos a medias. Me incomoda sentirme como Peña Nieto en un estadio vacío. Asquea imaginarme la mirada presidencial sobre miles de asientos que fueron privados de expresarse (bien o mal) sobre la histórica figura que un mandatario irradia.

Y repito mi concepto principal: este nuevo estadio nos representa a la perfección. Porque se debía terminar y se finalizó sin importar muchas cuestiones clave. Aplaudo a FEMSA por lograr su objetivo y demostrar que es una empresa líder en muchos rubros industriales. Pero ellos son empresarios y tienen metas establecidas. No viven de la caridad y avanzan gracias a la lógica que los mercados establecen. Criticarlos a ellos es desviarnos de un eje tan simple como sincero.

¿Cuál? La responsabilidad de César Garza y las rémoras políticas que se enriquecieron con un proyecto municipal que debió haber sido tan majestuoso como el nuevo estadio. ¿Por qué dejar todo tan olvidado? Supongo que se imaginó fuera de la alcaldía cuando el inmueble abriese sus puertas. Que se encargue delproblema el que viene porque yo ya cumplí (habrá pensado). ¿Cumplió? Todavía las palabras que sigue repitiendo en televisión me revuelven el estómago. Espero que Cienfuegos tome como prioritario el contexto urbano del Bancomer, espero (jajajaja).

Y nosotros, pues… relájense, muchachos. Criticar en la virtualidad tiene tanto impacto como la personita solitaria que se quejaba el sábado con una pancarta ante la llegada del Presidente. Aceptemos que nos valió madre y ahora aguantémonos el resultado kafkiano.

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