Voces callejeras

Candidatos del "hashtag"

Quizá en las redes nos sintamos bien mamados y capaces de darle una recia a cualquier injusticia, pero ¿cuán cerca estamos de movilizar un cambio verdadero?

No termino de comprender la ciega idolatría hacia las redes sociales. Pareciese que tenemos miedo de confrontar tanta obsecuencia; como si nos aterrara opinar contra el auge de una maquinaria que tiñe sus discursos con hashtags. Internet es una enorme y voluble masa gelatinosa que muta y se alimenta de nuestras necesidades. ¿Me entienden? La red es lo que queremos que sea. La usamos para proyectar nuestra personalidad y alimentar la teoría freudiana más compleja que alguna vez haya existido.

Llevo años estudiando el comportamiento social y su relación con Facebook y Twitter y todavía no encontré una hipótesis que me haga cambiar de idea. Toda opinión que leo en internet no la tomo en cuenta hasta que la veo caminar en la calle, ¿y saben cuántas veces pasa eso? El 5% de los casos, y estoy exagerando.

Todavía recuerdo a los 132 y vomito ¿ustedes? O la primavera árabe y su falacia tecnológica global. Cada vez que vitorean el impacto de las redes sociales sobre las nuevas revoluciones del siglo XXI pues… intento no gritar y miro al cielo. Mismo lugar donde apuntaba mi celular mientras cubría esas guerras y la señal era nula. “Ah chinga… ¿cómo hicieron una revolución vía Twitter si no tengo conexión?”.

Y estas anécdotas son la mínima expresión de un concepto que nos tiene embobados. Todo lo que nos cuentan sobre las redes sociales creemos que es la neta de las netas. No lo discutimos y le damos like. Nos sentimos los mecenas de los jodidos y curamos el hambre africana con un clic.

Pero ¿saben qué? Internet se retroalimenta a sí misma. Luego del like seguimos con otra cosa y nos olvidamos de la verdadera razón del mensaje. Ni en la peor época que vivió Nuevo León (por inseguridad) abarrotamos la Macro para exigir un cambio. Gobernadores y alcaldes nos siguen escupiendo en la cara y ¿qué hacemos? Un meme y dos opiniones en portales noticiosos para sentirnos partícipes de la revolución.

Que mentirota nos vendemos a nosotros mismos. No importa cuan activos seamos virtualmente… la realidad es de carne y hueso y allí estamos bofos y panzones. Quizá en las redes nos sintamos bien mamados y capaces de darle una recia a cualquier injusticia, pero ¿cuán cerca estamos de movilizar un cambio verdadero?

Ojalá lo sepan los candidatos para nuestra gubernatura porque el golpe será brutal. Están muertos si piensan que la imagen que reflejan en las redes será proporcional a los votos. La clase media regiomontana es la burguesía puntocom por excelencia. No movemos un dedo fuera de nuestro celular. Pobre Bronco, ya lo imagino increpando a sus asesores de información porque sentía que ganaba un electorado renovado.

Tan miopes son los jefes de campaña que piensan en las redes como tótems intocables. Matan por un video viral y sueñan con sumar miles de fans en sus páginas. Qué equivocados están. Internet es una cápsula, pero la política sigue peleándose en la calle. Pero ¿saben qué? Sienten el mismo miedo que nosotros. Nadie quiere contradecir la corriente de moda. Un tsunami de hashtags debería bastar para ganar la gubernatura.

Conclusión: Intentemos mirar hacia afuera de la caja. Despeguemos la nariz de la pantalla y pisemos la calle para saber a qué huele. Facebook y Twitter siempre serán la proyección de nuestros imposibles pero no nos representan. ¡Oh sacrilegio lo que acabo de escribir! Piénsenlo tranquilos, mastiquen este ataque a su dios Zuckerberg y verán lo lejos que estamos de lo que aparentamos ser.

http://twitter.com/santiago4kd