Voces callejeras

Besan la Biblia y matan millones

No seamos miopes al abordar este tema. Todos han actuado de la misma manera. Desde los cruzados católicos hasta los califatos musulmanes.

¿Qué pasa que no podemos despegarnos de la religión? ¿Por qué somos tan débiles? La verdad llevo años intentando responderme esas interrogantes y cada día me confundo más. Recuerdo mis primeras inquietudes postadolescencia cuando algunos párrafos filosóficos comenzaban a derretir mi cruz. Sin absolutismos, mi mejor amigo se volvió Nietzsche mientras Sartre me enseñaba lo importante de las libertades y responsabilidades.

“Condenado a ser libre”, fue la frase que acuñé de Jean Paul y luego mis viajes hicieron el resto. Según el humanista, nuestro sentido de libertad es tan profundo que debemos entender la responsabilidad que conlleva. ¿Entonces? Quien tiene el conocimiento tiene el poder y debe hacerse responsable de ello.

Y con eso en mente, mi búsqueda sobre la religión y el poder se extendió hacia sus orígenes. Mi primer viaje a Jerusalén fue como un cachetazo que estremeció mi alma.

Año 2005, el olor a especias y caramelo inundaba todas las callejuelas de la ciudad vieja. Frente a mí, el Muro de los Lamentos. Me senté a varios metros y durante una hora observé el magnetismo que esas piedras representaban para una de las religiones más importantes de la historia (judaísmo). Pero esa pared, exactamente del otro lado, era compartida por el Domo de Roca, mezquita musulmana y piedra angular islámica donde el arcángel Gabriel visitó a Mahoma.

Todas la religiones se cruzan, pensé. Seguí observando los rostros y las contorsiones de los rezos. De un lado musulmanes, del otro judíos y luego, caminando unos pasos el Santo Sepulcro me abrió sus puertas. Como siempre, ortodoxos custodiaban la entrada y el protocolo era total.

Y allí estaba yo, caminando entre el centro energético de los tres cultos monoteístas que han decidido nuestro destino durante miles de años. En tan poquito espacio estaba la razón de millones de muertes y aberraciones humanas.

¿Cómo puede pasar algo así? Varios han encontrado el secreto para responderse tremenda pregunta. Muchos lograron develar los secretos del poder y les ha valido madres la responsabilidad que eso conlleva. Han jugado para su lado y masacrado a quien se ponía enfrente.

No seamos miopes al abordar este tema. Todos han actuado de la misma manera. Desde los cruzados católicos a los califatos musulmanes. Sumen a los Bush y sus halcones y mézclenlo con el genocidio judío hacia el pueblo palestino. Luego enumeremos quiénes interpretan sus libros sagrados y matan en su nombre. Los Bin Laden, los paramilitares balcánicos y decenas de mandatarios sudamericanos que se  mancharon de sangre mientras sus obispos los aconsejaban.

En fin, intentar analizar el fenómeno religioso se vuelve tan voluminoso que nunca terminaríamos. Aunque, les confieso… qué apasionante me parece este tema. No sé ustedes, pero aquella convención social que prohíbe hablar de religión o política para que no terminemos a los golpes me parece una estupidez. ¡Por favor! Qué mejor que enfrascarnos en tremendo debate. ¿A qué le tenemos miedo? 

Supongo que será a lo desconocido. ¿O no? Por eso siempre miramos al cielo en los peores momentos y nos tragamos nuestro ateísmo momentáneo. Me enfurece pensar que muchos mandatarios descubrieron lo fácil que es manipularnos. Hemos sido históricamente predecibles y demasiado fáciles. Esa es mi peor conclusión después de diez años entre guerras y religiones buscando respuestas para aquellas interrogantes iniciales.

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