Voces callejeras

Autodefensas: un cáncer que nos matará

Pensar en las autodefensas me da asco. Todo el circo que las rodea en México ha traspasado los límites de lo sensato y creo que pocos entienden hacia dónde pudiésemos llegar. Para mí, los movimientos armados civiles son peores que cualquier cáncer que pudiésemos sufrir.

Háganme caso y tomen el diccionario. Definición de cáncer: “Enfermedad provocada por un grupo de células que se multiplican sin control y de manera autónoma. El comportamiento de las células cancerosas se caracteriza por escapar al control reproductivo que requería su función original, perdiendo sus capacidades primitivas y adquiriendo otras que no les corresponden”.

Eso y lo que pasa con el fenómeno paramilitar en México es exactamente lo mismo. Pareciese que nos gobierna gente inculta que no comprende que otros países sufrieron lo mismo. Porque esta enfermedad no perdona. Te aniquila si te equivocas con el diagnóstico. No importa cuántas quimioterapias ideológicas quieran aplicar; la receta milagrosa no existe si todos los órganos estatales fueron contaminados por la enfermedad más destructiva del siglo XXI.

¿Saben por qué me da tanta bronca? Porque tuve la extraña suerte de palpar estos tumores muchos años atrás. Los sentí y conocí. Hablé con enfermos y gurús de la medicina política que encandilaban a todos con recetas mágicas.

¿Dónde fue eso? En Colombia, primero en 2005 y después por 2007. Viajes periodísticos donde pasé demasiadas horas bajo la lluvia de la selva tropical como para no entender un fenómeno paramilitar que estaba en plena metamorfosis. En aquella época las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) comenzaban a desmovilizarse entre críticas y teorías del complot. Tiempo después, sus jefes entregarían las armas y sus soldados se transformarían en las letales y muy actuales BACRIM, es decir, numerosas bandas criminales que heredaron la metodología violenta de las AUC pero que ahora (2013) trabajan de forma autómata y siguen estableciendo un verdadero caos en gran parte de Colombia.

¿Cómo surgieron las AUC? La historia está en muchos libros, pero siempre recuerdo lo que me dijo un ranchero de la región de Montería: “Empezamos como cooperativas que defendían las tierras de los hacendados. Era autodefensa agraria para defendernos de los guerrilleros. Nuestro reclamo era tan legítimo que hasta los políticos hicieron constitucional nuestra existencia”.

Eso y México es exactamente lo mismo. Las armas, la retórica, los muertos y la falsa legitimidad que exudan muchos grupos michoacanos para excusarse por tanta violencia ilegal.

La génesis del paramilitarismo colombiano debiese ser de estudio obligado para nuestros gobernantes mexicanos, y creo que ni siquiera leyeron una hojita de un folleto turístico. De aquel tímido comienzo que narró Emilio, las AUC se transformaron luego en cuarenta mil hombres que cometieron crímenes atroces y abrazaron al narcotráfico para financiar una guerra que ellos creyeron justa.

¿Quién asegura que esos límites no se sobrepasan en México? No le creo a ningún grupo que ostente las armas sin supervisión gubernamental. ¿Cómo se financian? ¿Cómo obtienen fusiles y lanzacohetes? Después de varias décadas, los colombianos todavía sufren las metástasis de un tumor que ellos mismos dejaron crecer. ¿Seremos tan suicidas como para hacer lo mismo?