Voces callejeras

Atentado a la promiscuidad

Mientras aquí aprendemos cómo montar a caballo, el resto del mundo se preocupa por domar un monstruo iracundo y terco. Una criatura que muta con la ferocidad que sólo los humanos pueden brindarle. Porque La Guerra fluye en un estado tan puro que siempre debiésemos escribirla con mayúsculas. Y sin dudar en equivocarme, hace mucho mucho tiempo que dejamos de controlarla.

Aunque claro, las potencias siempre han creído que pueden; suelen pasar años desde algún error trágico y cuando llega otro Presidente vuelve a confiarse (se siente el elegido para liberar a los oprimidos) y ¡PUM!, ese Frankenstein que creían apaciguado se les escapa de nuevo para matar a millones de seres humanos.

Por eso tanta masacre e historias insoportables (para el sentido común) que llegan desde Medio Oriente. El sábado fueron asesinadas más de ciento veinte personas en Turquía y mi preocupación por el atentado se relaciona estrechamente con la culpabilidad. Que adosarán al Estado Islámico (EI), una organización que (supongo) ya es conocida por la mayoría gracias a su notable capacidad de exponenciar sus acciones.

Y con el EI en escena comienzo mi descripción del monstruo que les explicaba antes. Porque los turcos están llorando por un apocalipsis que ellos generaron. Fue su líder (Erdogan) quien facilitó el aterrizaje de miles de yihadistas suníes provenientes de la península arábiga para que la revolución siria se hiciese con más prontitud. Fue Turquía la gran cómplice de Estados Unidos para fomentar la logística de armamento y soldados que acrecentaron la influencia de Al Nusra (Al Qaeda) en Siria. Fueron los turcos quienes facilitaron la apertura de fronteras para que la oposición genuina a Assad tuviese canales abiertos con Europa.

¿Qué pasó? ¡Oh sorpresa! Ni Assad fue derrocado ni los yihadistas se conformaron con estar en la nómina de Occidente. Ahora el Estado Islámico avanza por su propia cuenta y arrasa con aquellos que sean infieles a su causa. El caldo de cultivo que había iniciado en Irak hace más de una década ahora se expandió como una mancha negra que el norte sirio (yihadista) recibió con los brazos abiertos. A su vez, Estados Unidos aceptó por primera vez que abasteció a los rebeldes y a Al Qaeda en repetidas ocasiones para los combates contra los militares sirios.

Es decir, y pasando en limpio, las ganas por chingarse a Assad forzaron una serie de alianzas dantescas que ahora se están canibalizando. Estados Unidos (lo logró en Egipto y Libia) pensó, con arrogancia y poco conocimiento de la Historia Universal, que Siria caería en pocos meses y que un gobierno de transición (leal a Occidente) relajaría las aguas. Para eso pactó con los mismos que volaron sus Torres Gemelas y ayudó a germinar una semilla (EI) que estaba adormecida en Faluya.

Ahora el monstruo está suelto y no hay vuelta atrás. Los medios intentan jugar su rol y tapar las culpas sobre una situación que está muy lejos de finalizar.

Y para más desgracias, esta naturaleza indomable (me recuerda a los huracanes) de La Guerra volvió a tomar fuerza cuando Rusia entendió su importancia para la región. Porque Europa y Estados Unidos se habían acostumbrado a vapulear las reglas sin que alguien los enfrentara; una realidad muy diferente ahora que presencian cómo Putin bombardea las posiciones del EI mientras envía más tropas y ayuda para su aliado Assad.

Sí, perdón ¿por qué Rusia apareció? Resulta que siempre ha estado y era el único con presencia militar constante en Siria, pero se había mantenido al margen para respetar a la maquiavélica ONU, aunque con Estados Unidos tan inmiscuido no le quedó más alternativa que quitarse la máscara y bailar a cara lavada como en aquellos años de la Guerra Fría.

Mmh... ¿qué les estaba explicando? Ah, el atentado del sábado en Turquía. ¿Quedan claras las razones? ¿No? Quizás son demasiadas como para explicarlas con un criterio que sea ajeno a la promiscuidad de ciertas potencias y su hambre de poder.

@santiago4kd