Voces callejeras

Amamos la farsa revolucionaria

Con madre lo que representamos como sociedad. Ja, ja, neta que esta semana quedó demostrada nuestra desorientación respecto de los principios fundamentales que debiésemos perseguir. Porque claro, ahora resulta (y presten atención) que somos la chingonada más revolucionaria del universo. Los mexicanos nos erguimos orgullosos para demostrarle a nuestros gobernantes que llegó el momento del cambio. Estamos hartos, cansados, asqueados de tanto manoseo y arrasaremos con el sistema porque estamos más unidos que nunca.

Eh…mm ¿What? En qué idioma estaremos leyendo esta realidad que compramos cualquier barrabasada que nos venden por ahí. ¿Qué revolución? La única metamorfosis sistémica fue con Zapata y sus contemporáneos y luego, pues… NADA. Décadas y más décadas sin cohesión social que haya catapultado cambios profundos en la cúpula del poder. Y perdónenme todos los apologistas del 68 e idealistas de una mentalidad que siempre chocó contra sus contradicciones. ¿Cuándo hemos empujado a algún Presidente hacia el abismo?

Nunca. Basta de cuentitos baratos y moralejas de galletitas de la fortuna. Somos tan bipolares como sociedad que nuestras redes sociales chorrean confrontaciones. Llevamos semanas peleándonos entre los que fueron a las marchas y los que se quedaron en casa. Los que consideran inútil la movilización y quien aplaude la intención de cambio.

¿Quién de ustedes percibió lo mismo? Críticas y ataques sobre el momento que debiésemos aprovechar como comunidad. Mensajes sobre un Presidente acorralado y al borde del colapso. Peña y la impunidad priista. El desastre del PRD y los Abarca. Ah, ¡la casa de la Gaviota!

Y de todo el paquete la resultante es bochornosa. Porque nos compramos el disfraz revolucionario y Halloween ya pasó. Llegamos demasiado tarde para una fiesta a la que nunca seremos invitados. “Las redes sociales tumbarán a Peña. No pueden ocultar lo que está pasando. Esta vez es diferente”, etc., etc… premisas soñadoras que debiésemos asumir como imposibles.

Déjenme enumerarles varias cuestiones obvias y cimientos del engaño que ahora nos enceguecen: Las redes sociales ni hacen revoluciones ni demuestran cohesión social. Internet todavía sigue siendo elitista y ningún Gobierno ha caído por ellas. ¿Egipto? ¿Libia? ¿Las primaveras árabes? Una mentirota para desinformados que vivimos a miles de kilómetros.

Tanto creemos estas verdades que en Facebook nos sentimos fregones. Insultamos a los que no entienden este momento histórico. Dejamos escritos y luego contamos los likes; ojalá superemos los cien para sentirnos como Panchitos Villa. “Dale compartir si quieres acabar con el hambre en África” ¡Por favor! Que estúpidos somos.

Y en este contexto todavía pensamos en la revolución. Nos excitamos con los miles que fueron al Zócalo y la muchedumbre de Monterrey. ¡Todos somos #Ayotzinapa! Gritamos y lo escribimos con # para que suene mejor.

¿Y el movimiento 132? ¿La retórica de Sicilia? ¿El movimiento zapatista? ¿Guardería ABC? ¿Muertas de Juárez? ¿Caravana migrante? Y miles y miles de asesinados y desaparecidos durante una guerra del narco que nos ha desangrado y ¿que nunca nos vio salir a la calle?

Por eso no creo en nosotros como motores de una metamorfosis tan profunda. Somos una farsa vestida de chat social. La única clase media que echó a un Presidente fue la Argentina. Pero ¿por ideales? ¿Por muertos que no conocemos? La efusividad nos durará un rato y luego daremos likes a un perrito que fue quemado…

 

@santiago4kd