Voces Ibero

El poder de la imaginación

Que un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, es lo que celebramos en la Navidad. Hace poco más de 2,000 años ocurrió el nacimiento de un niño, un evento tan cotidiano, que puede pasar desapercibido. Sin embargo, este pequeño, en el transcurso de los años, cambiará el derrotero de la humanidad. Para la cultura occidental la historia está dividida en dos partes y el punto de inflexión es precisamente este acontecimiento.
En nuestros días la Navidad es una gran fiesta. Con seguridad, muchos buenos recuerdos de la infancia y de la vida están relacionados con estas celebraciones. Junto con fiestas y regalos, que son parte necesaria de la vida, aprovechemos la ocasión para renovar sueños e ilusiones. Hagamos frente a la costumbre, que lentamente, pero con firmeza, va imponiendo en nuestra vida la idea que las cosas son así, que así han sido siempre y así continuarán siendo.
Empezando con nosotros mismos. Hemos llegado a creer y hasta esgrimimos como argumento de defensa que así es nuestro carácter. Soñemos que no somos ya quien deja las cosas para mañana, que nos hacemos disciplinados, que sonreímos con más frecuencia, que nos procuramos un círculo de relaciones positivas que nos animan a seguir adelante.
Así con la familia. Que nos vamos construyendo la capacidad de dialogar los asuntos que nos competen a todos, más allá de autoritarismos, tan unilaterales como inútiles a mediano plazo. Que podemos llegar a consensos sobre caminos diferentes para hacer las cosas. Que pasamos más tiempo juntos, platicamos, simplemente estamos.
El barrio donde vivimos también. Nos juntamos para conocernos y platicar, no únicamente para cerrar calles. Nos conocemos de nombre, nos saludamos todos los días, nos preocupamos unos por otros.
Imaginar que las cosas pueden ser de otro modo se nos ha hecho tan complicado, la realidad es tan contundente, los golpes de la vida nos han enseñado que el realismo es la mejor bandera para navegar en la vida. Y entre más edad tenemos más “realistas” somos.
Ese acto tan inocente de imaginar puede no pasar de ahí, pero quizá sí, puede que nos lleve a tomar la decisión de elegir otro rumbo de la vida, en lo individual y en lo colectivo. Por eso la imaginación es peligrosa, por eso el mercado y el poder nos han hecho creer que no hay más opción que la que vemos.
Esta navidad nos reunimos a cenar en familia. Nos encontramos, sonreímos de nuevo, imaginemos que la vida puede ser de otra manera. Pongámonos de pie y continuemos nuestro camino, con dignidad.


salvador.sánchez@iberotorreon.edu.mx