Voces Ibero

La ciudadanía explicada a niños

Cada persona ha de ser consciente de su dignidad, es decir, del valor que tiene simplemente por ser persona y ha de tener, a la vez, profundamente arraigado en sí, el sentido de pertenencia a la colectividad de la que es parte.Es ésta casi una definición de ciudadanía, categoría que parece novedosa, pero que no es sino una reformulación de intuiciones presentes en todas las culturas en todos los tiempos.Es la igualdad de los hijos de Dios que proclama el cristianismo; o bien la consigna ‘libertad, igualdad, fraternidad’ de la Revolución Francesa; pero también la dignidad, ese concepto abstracto que reitera la Declaración Universal de los Derechos Humanos.La ciudadanía es un intento de decir lo mismo en el mundo occidental al arrancar el s. XXI.Aunque es bien cierto que todo lo domesticamos. De pronto el concepto ha empezado a ser parte del lenguaje corriente de los políticos reproductores del sistema, con la pretensión de hacer aparecer sus maniobras de control y sometimiento de los presupuestos y las voluntades como si fueran estrategias novedosas para la expansión de los derechos en las sociedades contemporáneas.En los ochentas apareció un libro “La posmodernidad explicada a los niños” de Jean-Francois Lyotard. Visión neoconservadora en medio de la cual creció mi generación.Me gusta el título y como provocación pienso que el libro llamado “La ciudadanía explicada a los niños” está por escribirse. Ese libro hablaría de las continuidades y rupturas con el siglo XX. De aquel intento por democratizar el mundo occidental, del esfuerzo en la educación básica para hacer de las aulas un espacio de democracia vivencial, de los esfuerzos para activar toda aquella expresión de reuniones vecinales, de los intentos por construir en muchos países sistemas electorales sólidos y confiables, de incentivar las expresiones de la sociedad civil y un largo etcétera.Hablaría también de la necesidad de continuar alimentando la certeza de la propia dignidad arraigada en cada uno, tal que nadie ose cambiar su voto por una despensa. De la conciencia de los propios deberes para con la propia ciudad. De cómo trabar relaciones horizontales, superando las atávicas tendencias ya a la sumisión, ya al autoritarismo.Eso y más es la ciudadanía, un ideal que hemos de construir, antes de que las fuerzas sistémicas terminen por absorber el concepto. Cuando eso ocurra ya la imaginación inventará nuevas expresiones para continuar en movimiento, por ahora aprovechemos el impulso. 


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