Voces Ibero

Hacen falta liderazgos

Eso dice mi amiga. El problema que enfrentan nuestras sociedades contemporáneas es la falta de liderazgos fuertes que le indiquen a la masa los caminos a seguir.
Lástima, se trata de un diagnóstico falso. Pero se trata además del drama en que se dirime nuestra vida como colectividad. Como mexicanos provenimos de tradiciones fuertemente autoritarias. Así en los pueblos prehispánicos, más allá de las idealizaciones que hacemos, el cacique en turno ejercía un control absoluto, cobraba tributos impuestos desde el centro y lo hacía con métodos que no dejaban lugar a la evasión.
El problema es grave, porque además no conocemos otros modos de vivir. Tres siglos de dominio colonial, fueron la continuación de esta historia. La conquista, con la cruz y con la espada, fue sucedida por el dominio de la metrópoli. Cuando se planteaba tal o cual acción, había que esperar la anuencia del centro, no había lugar para la iniciativa personal o colectiva. Esa fue justo la mecha que prendieron los criollos con el grito de independencia.
Siguió casi un siglo de luchas para definir el modelo de nación, coronado por treinta años de la dictadura porfirista y sucedidas por setenta de la dictadura perfecta, término con el que Mario Vargas Llosa describió al sistema político mexicano.
Las raíces son más profundas. Erich Fromm en su clásico “El miedo a la libertad”, sostiene que el ser humano busca en automático someterse o dominar. Lo que más se le dificulta al hombre, afirma, son las relaciones horizontales, le aterrorizan.
La condición de hijos de Dios del cristianismo, el grito de libertad, igualdad, fraternidad de la revolución francesa, la noción de dignidad propia de los derechos humanos y otras nociones similares, son intentos recurrentes de la misma humanidad por devolver el valor absoluto de la persona, para dejar en claro y de manera irrebatible, que cada quien tiene un valor tan grande que no puede ser reemplazado con nada. La dignidad es un valor inalienable, no se puede transferir.
La batalla es más complicada. La capacidad que otorga el mercado de decir que no, la posibilidad de elegir, propia de la democracia del s. XX, la ciudadanía que invita a hacer propios los destinos de la colectividad en el s. XXI, son señales en el mismo tono.
Está bien que haya liderazgos, ese no es el punto. Pero es mejor que cada persona se haga consciente del valor que tiene en sí misma. Que no permita verdades a medias, menos mentiras, engaños, trampas o fraudes. La propia dignidad es lo que está en juego.


salvador.sanchez@iberotorreon.edu.mx