La inseguridad y los pretextos

La inseguridad pública tiene múltiples y variadas facetas. No es la misma sensación la que producen los robos y asaltos y la que producen los asesinatos a mansalva en la calle a plena luz del día.

Guanajuato, otrora un estado pacífico, se ha convertido en un campo de batalla en el que hay asesinatos a diario por el control de la plaza.

Las ejecuciones de los últimos días, a pleno sol, en los bulevares más importantes de la ciudad, han venido a desnudar la debilidad institucional del gobierno y su incapacidad, ya no digamos para prevenir los ilícitos, sino para detener a los responsables y castigarlos a través de un juicio justo.

Teóricamente, para cada manifestación de la delincuencia y la inseguridad el remedio debería ser distinto. Y la forma de enfrentar el reto tendría que definirse a través del programa de seguridad.

Sin embargo, en León, como resultó público últimamente, no existe un programa de seguridad pública aprobado por el Ayuntamiento. Tampoco el programa de prevención social de la violencia y  el delito ha sido analizado, discutido y votado.

Esta omisión refleja de cuerpo entero lo que está pasando en el municipio: descuidos en lo básico que se traducen en desastres en lo importante. La delincuencia organizada sí tiene sus planes bien trazados y los está ejecutando. El municipio y el estado, no. Por eso es que la violencia se da sin el menor rubor ni respeto para la autoridad. Delincuencia organizada y autoridades desorganizadas.

Por eso, ante el reclamo ciudadano, el gobernador Miguel Márquez, luego de pasearse por Europa con dinero público, ha optado por salir por la puerta falsa: culpar a la Federación del desorden que trae el propio gobernador en el estado.

Si la Federación no apoya ¿por qué públicamente y en privado todos los actores del gobierno municipal y estatal dijeron, mientras Márquez andaba de gira artística, que la coordinación y apoyo eran los adecuados? Fue hasta su regreso del Viejo Mundo cuando todos tuvieron que cambiar la versión.

Y si la Federación es la responsable, entonces ¿por qué gastar más de 2 mil 700 millones de pesos en un inoperante Programa Escudo, que iría sobre todo dirigido a protegernos de la delincuencia organizada?

Dinero malgastado, tirado a la basura, o que fue a parar a los bolsillos de determinados contratistas, pero que a los guanajuatenses no nos ha servido de nada. Un fracaso monumental que a los guanajuatenses nos ha costado el dinero con el que se hubiera podido construir 100 escuelas como la Escuela Varguardia de la Soledad de la Joya, escuelas de primer mundo para los niños más pobres de Guanajuato. Pero para Márquez esa no fue prioridad.

Y los que actúan al margen de la ley, bien pueden hoy pararse frente al gobernador y espetarle: “Los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud”.

Y es que no se trata sólo de los muertos en las calles de León, sino de lo que hay detrás de ello: las millonarias ventas de droga en las colonias de la ciudad, la adicción de miles de hombres y mujeres leoneses y, en no pocas ocasiones, la delincuencia que viene en cadena, porque para poder comprar la droga muchas veces hay que delinquir. La adición es más poderosa que cualquier consideración de índole ética, religiosa o legal.

Y entonces vuelve nuevamente la pregunta: ¿Dónde está el programa que nos va a ayudar a combatir de raíz ése y los demás problemas de inseguridad?