Seis meses y nada

Este domingo se cumplieron seis meses de que tomó posesión el actual gobierno municipal de León. Ineludible, por tanto, hacer un corte de caja. El propio gobierno lo debería de hacer, en un ejercicio de transparencia y de rendición de cuentas. Pero lejos de eso, decidieron callar y ordenar a los titulares de dependencia no declarar en ese tema. Mala decisión, porque fue la señal y confirmación de lo que es la percepción de la mayoría de los leoneses: no hay nada que presumir, nada que informar, ningún huevo que cacarear, nada que celebrar.

Como regidores miembros de este Ayuntamiento nos toca ser partícipes en la toma de decisiones. A veces estamos de acuerdo con el partido mayoritario que gobierna. A veces hacemos propuestas y nos hacen caso. La mayoría de las veces no. Y en ocasiones tenemos que votar en contra de las decisiones de la mayoría. De todo hay ejemplos, pero sólo menciono ahora que el Programa de Gobierno, aun cuando fue votado a favor por los regidores del PRI -porque peor es no tener ningún programa-, fue seriamente cuestionado por nosotros, por su pobreza de metas y su mediocridad de miras.

El tiempo nos está dando la razón: hoy no hay obra, no hay acciones importantes y no hay voluntad para que las haya. Se trabaja con la cotidianidad, con el día a día y no siempre de la mejor manera. El único proyecto importante son las etapas 3 y 4 del SIT. Pero es un proyecto heredado de la presidenta Bárbara Botello, que se ejecutará con recursos conseguidos por la misma presidenta y que fue empañado por la actual administración con su actuar deficiente, ignorando a los ciudadanos y con nada de trabajo de negociación con los grupos ambientalistas.

Hoy se ve un gran desorden. Las sesiones de Cabildo y de comisiones son dechados de errores, improvisaciones, gazapos, contradicciones. Los que llegaron rescatados de la década de los 90 hicieron creer que se las sabían de todas, todas. Pero en estos seis meses han demostrado hasta la saciedad que no están actualizados ni les importa estarlo. Que hacen las cosas al "ahí se va" y que si se trabaja con esa misma falta de rigor y calidad en los temas realmente trascendentes, nada bueno podemos esperar los leoneses.

En el área de adquisiciones se ha visto de todo: licitaciones canceladas sin ninguna justificación técnica-jurídica; fallos pospuestos por las sospechas de un regidor, para luego caer a lo mismo; asignaciones directas cuando la ley ordena licitar por lo menos de manera restringida, y pagos excesivos a empresarios consentidos del gobernador. Cómo se le llama, si no, a ese pago de 15 millones de pesos, aprobado por el PAN este lunes, por un camino que no costaba más de un millón 100 mil pesos. Pagar el metro cuadrado a 450 pesos cuando su valor era de 33 pesos, ¿cómo se le llama a eso?

En seguridad la ciudad está por la calle de la amargura. 70 de cada 100 leoneses se sienten inseguros. El fracaso del programa Escudo del gobernador ya ha provocado que en León haya descabezados y calcinados en vehículos. Algo que antes no se veía. La falta de un programa eficaz de combate a la delincuencia y la propia percepción que el PAN generó de que León era una ciudad insegura, son algunos de los factores que se confabularon para producir la tormenta perfecta que se le ha armado al presidente Héctor López.

Hace tres meses algunos pensaban que el problema de esta administración era un problema de ritmo, es decir, que se estaba arrancando con demasiada lentitud. Hoy, al cumplir el primer medio año, ha quedado claro que el problema no era de ritmo, sino de rumbo. No hay hacia dónde avanzar. No hay metas ni objetivos. No hay un para qué. Muchos menos un cómo.

Llegar del glamour de la Secretaría de Desarrollo Económico a gobernar la cuarta ciudad más importante de México, no fue buena idea. Las dotes de administrador que se decía eran la principal prenda del presidente municipal, han brillado por su ausencia. No se ve liderazgo y los problemas sin solución se amontonan.

Del estilo personal de gobernar fuerte de Bárbara Botello y de su activismo por atraer recursos y hacer obra pública para los leoneses, pasamos a una modorra sin paralelo en la historia reciente de León. Administrar la incompetencia parece ser la divisa.

Hoy en León tenemos un trabajo insuficiente, de un gabinete ineficiente, en una administración deficiente. Lástima León merecía algo mucho, pero mucho mejor.