La Rebelión de los Vencidos (Segunda Parte)

La institucionalidad es un valor importante en toda organización. Con mayor razón, y por definición, en un partido que se ha dado a sí mismo el nombre de Institucional.

En ese sentido, los priistas aceptamos los resultados electorales reconociendo que las decisiones de la ciudadanía a la hora de emitir su voto son incuestionables. Los ciudadanos son libérrimos a la hora de emitir su voto. A veces nos favorece. A veces no. Pero en todos los casos hay que respetar esa voluntad soberana.

Por otra parte, en el ámbito partidista, nuestro dirigente nacional, Manlio Fabio Beltrones, merece el respaldo de todos los priistas, pues la decisión del priismo fue que precisamente él condujera los trabajos del partido por un período de 4 años.

Sin embargo, si él ha decidido retirarse de la dirigencia del partido por las razones que le dicte su conciencia, sean o no compartidas estas razones, la militancia tiene que aceptar esa voluntad que, en cierto sentido, también es soberana. Aunque no nos guste la decisión tomada por nuestro dirigente, es necesario aceptarla y seguir adelante.

En estos momentos, en que el partido pasa por una situación difícil, en que es necesario revisar conductas, métodos de trabajo y perfiles, la unidad es más necesaria que nunca. Quienes no hemos perdido la esperanza tenemos que seguir adelante, haciendo trabajo de partido con la ciudadanía y esforzándonos aún más.

Quienes ya perdieron la esperanza, por el contrario, no tienen otra salida que el inicio de una guerra intestina para tratar de apoderarse de las migajas de lo que quede.

Parece que esto es lo que está ocurriendo con cierta parte del priismo en Guanajuato, quienes después de la dimisión del Lic. Beltrones, se lanzan ahora contra nuestro dirigente estatal, Santiago García López.

Es la segunda parte de una intentona de hace un año, en la que fracasaron, por cierto. Al arribar a la dirigencia del PRI Manlio Fabio Beltrones vaticinaron que los días de Santiago estaban contados. Hicieron creer a los ingenuos que por el hecho de que Pancho Arroyo era amigo de Beltrones, éste iba a quitar a Santiago sólo porque así lo pedía el ahora flamante embajador.

No hubo tal, desde ese entonces les hicimos ver en las páginas de Milenio que la llegada de Beltrones lejos de debilitar fortalecía la posición de Santiago, al necesitar el nuevo dirigente del PRI nacional aliados y no enemigos gratuitos tan sólo por cumplir caprichos.

El tiempo nos dio la razón. Santiago ha permanecido en el cargo para el que fue elegido por los priistas guanajuatenses. Y seguramente que a algunos les gustará su estilo y a otros no. Muchos reconocemos el trabajo que está haciendo en los municipios. Otros le criticarán. Todo eso es normal y hasta sano en cualquier organización. Pero por encima de eso hay una certeza: nuestro dirigente fue elegido por un periodo estatutario y ninguna organización que aspire a perfeccionar su democracia interna puede darse el lujo de tumbar al que recibió el apoyo mayoritario sólo porque sus adversarios internos no supieron o no pudieron asimilar la derrota.

Algunos priistas que ocupan cargos relevantes en el partido o de elección popular han dicho que ante la renuncia de Manlio, Santiago debe seguir el ejemplo y renunciar. Bueno, el argumento es realmente infantil. Pero si de verdad lo creen y piensan que es necesario renovar todo, yo pregunto: ¿Y por qué no empiezan poniendo ellos el ejemplo? ¿Por qué no renuncian a sus cargos de diputados o de dirigencia que tengan en las organizaciones del partido? Eso sí les daría autoridad moral para pedir renuncias. Mientras no lo hagan, seguirán viéndose como dolidos por la derrota de abril de 2014.

Y es que hace poco más de dos años hubo una contienda interna. Democráticamente ganó Santiago. Debieron los derrotados entender que se trataba de un proceso que había que superar y seguir trabajando unidos. Parece que no fue así. Se sintieron arroyados (sic) y creyeron que el siguiente paso era hacerle la vida de cuadritos y ponerle piedras en el camino al triunfador. Esa actitud es completamente indeseable. No nos conduce a nada bueno y sólo nos debilita. Ojalá que reflexionen y se decidan a trabajar en unidad. Estamos a 15 meses del inicio del proceso electoral y no tenemos tiempo para guerritas internas.