Medina Plascencia, el candidato incómodo

En la política, como en otros ámbitos de la actividad humana, hay quienes se sienten indispensables. Cegados por la soberbia, y atacados por el prurito de recibir reconocimiento, no entienden que su tiempo ya pasó y que es necesario dejar los espacios a otros a fin de que las cosas funcionen.

Es el caso de Carlos Medina Plascencia, un político del siglo pasado, que en el lejano 1985 pasó de ser un junior, hijo de papi, a regidor del Ayuntamiento en tiempos de Antonio Hernández Ornelas.

Actores políticos de aquel tiempo dicen que la regiduría de Medina fue una vil concerta-cesión. Para evitar que el PAN protestara por el triunfo de Hernández Ornelas -desde ese tiempo el PAN protestaba de todo- “el sistema” le regaló una regiduría a Medina Plascencia y todos contentos.

Después, en 1988, Medina fue alcalde. Y lo fue violando la Constitución, pues desde entonces ya la Carta Magna prohibía la reelección inmediata de los miembros del Ayuntamiento. Era regidor e inmediatamente pasó a la alcaldía. Claro, eran otros tiempos y no fue sino hasta tres trienios más adelante cuando el Tribunal Federal Electoral corrigió. El resto de la historia ya se sabe: el año pasado se reformó la Constitución y ahora sí es posible la reelección inmediata de miembros del Ayuntamiento.

En 1991, Carlos Medina transó con Carlos Salinas y éste lo impuso como gobernador interino de Guanajuato. Quizás, como Frank Underwood, Medina entonces pudo decir que la democracia está sobrevalorada: con cero votos a su favor, estuvo cuatro años aplastado -Fox dixit- en la Silla de Paseo de la Presa. Otra vez el bendito sistema trabajando en su beneficio.

Y luego fue diputado federal pluri. Allí le tocó aprobar el FOBAPROA, luego de la crisis desatada a partir de 1995. Dicen que sus empresas familiares se beneficiaron de ese acuerdo que sacaron PRI y PAN. Por enésima vez, el sistema.

A pesar de todo ello, Medina finge ser la honradez con extremidades inferiores. Se siente líder moral de un PAN que ya no es el de los 80, que se ha desgastado después de un cuarto de siglo de gobierno en Guanajuato y 12 años en el país.

Por eso sus bravuconadas del lunes en la reunión de López Santillana con CANADEVI. Su breve intervención de la que han dado cuenta diversos medios informativos, no tiene desperdicio.

Al referirse al síndico Eugenio Martínez Vega, afirma que éste puso a Córdova y a Bárbara Botello como candidatos. Bueno ese podría ser un halago para el síndico, aunque no sea una afirmación correcta. En la definición de candidatos de una coalición intervienen múltiples factores y voluntades, sobre todo las de los liderazgos del partido mayoritario que en el caso que nos ocupa es el PRI.

La simpleza de la afirmación de Medina lo lleva a olvidar que independientemente de quienes tuvieron mayor peso en la definición de la candidatura de Bárbara Botello, finalmente fueron los ciudadanos quienes la hicieron presidenta municipal, mandando a la banca a un panismo corrompido y que despedía olor a cloaca.

De la misma forma, serán los electores quienes decidirán quién será el próximo alcalde y en eso sí habrá una gran diferencia con la sucia historia de Carlos Medina: a él nadie lo eligió como gobernador, a él sí lo pusieron literalmente desde Los Pinos. O sea, el candidato a síndico -que no futuro síndico- escupe arriba y un gargajo le cae en la frente.

Allí mismo, el autonombrado guía moral del PAN invitó a los ciudadanos a poner fin a la corrupción a través de las urnas. A ver ¿cómo poner fin a la supuesta corrupción? ¿Votando por el PAN?

¿Ya se le olvidó que el candidato a alcalde, López Santillana, tiene una hoja de vida ligada al gobernador con la mayor imagen de corrupción en la historia de Guanajuato? ¿No fue acaso Héctor López el operador de la compra a precios inflados de los terrenos para la fallida refinería a través de prestanombres, una empresa fantasma y coyotes?

Es decir, cada vez que el aspirante a síndico habla de corrupción es necesario voltear a ver a Héctor López, pues el fantasma de Cereal y Pastas Finas, ésa sí empresa fantasma, creada ex profeso para actos de corrupción- lo perseguirá mientras ande metido en la política.

Y todo este arrebato de Medina se dio a raíz de hablar de supuesta ineficiencia en la Dirección de Desarrollo Urbano. Pero una cosa es hablar de lentitud, de tramitología excesiva, de desatención o de lo que usted guste y mande. Pero la corrupción es otra cosa. Y en eso no tiene nada que ver Óscar Pons ni ningún síndico. De eso hay que preguntarle a Ricardo Sheffield, quien afirmó que Desarrollo Urbano, durante los gobiernos del PAN, era una verdadera cloaca.

¿Y qué había en esa cloaca? El indicado para responder es Francisco García León, secretario del Ayuntamiento en tiempos de la cloaca y actual coordinador de campaña de Héctor López y de Carlos Medina. Otra vez escupiendo arriba.

Aquí le dejamos por hoy, en otra ocasión trataremos del negocio del Observatorio Ciudadano y del conflicto de intereses que siempre representará Carlos Medina.

Pobre Héctor López, con esos amigos, para qué quiere enemigos. Cada vez que lo acompañan y abren la boca ciertos falsos guardianes de la moral pública, debe llevarse las manos a la cabeza y acordarse de aquella parte de la sabiduría popular que dice: “Con los tontos, ni a misa; porque se hincan en salivas”.