Córdova Vianello debe irse

Córdova Vianello debió asesorarlos, orientarlos, darles información. Quizás lo hizo, no lo sabemos. Pero nunca debió burlarse, ni siquiera en lo privado, pues mostró su verdadero rostro.

Con indignación y tristeza ayer supimos del audio en el que el presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova Vianello, se burla de un grupo de indígenas de Guanajuato con los que se entrevistó hace cuatro semanas.

No sabemos qué les dijo. Por lo poco que dice en la llamada telefónica, sabemos que los indígenas pedían tener representación en el Congreso de la Unión, algo no sólo legítimo sino necesario después de los lamentables acontecimientos de Iguala el año pasado.

Córdova Vianello debió asesorarlos, orientarlos, darles información. Quizás lo hizo, no lo sabemos. Pero nunca debió burlarse, ni siquiera en lo privado, pues mostró su verdadero rostro, la ausencia de ética con la que debe conducirse todo servidor público, con mayor razón quien ostenta un cargo de rango tan elevado.

Con un léxico paupérrimo, ocupa los menos de dos minutos de la llamada sobreutilizando la palabra “cabrón” y la expresión “no mames”. Y para nada se trata de escandalizarnos. Lo lamentable es cómo empobrece el lenguaje él, que es investigador de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel III: 14 veces la voz “cabrón” y 12 veces el “no mames”.

De pena ajena y de profunda vergüenza para nuestra máxima casa de estudios y para su prestigioso Instituto de Investigaciones Jurídicas.

Eso en cuanto a la forma, pero el contenido es lo que verdaderamente lastima. Burlarse de nuestros pueblos originarios es quizás común entre algunos mexicanos que no han superado el complejo de inferioridad que de manera magistral describió Octavio Paz hace 65 años en El laberinto de la Soledad.

Pero esa misma burla es algo que no se le puede tolerar al presidente del Instituto Nacional Electoral sin que el propio instituto caiga en descrédito.

Vivimos en México una verdadera revolución de los derechos humanos en el ámbito jurídico a partir de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el Caso Radilla y de la subsecuente reforma constitucional en materia de derechos humanos de junio de 2011.

Esa revolución debe dejar de ser meramente académica e inundar todos los ámbitos de la vida pública del país, incluyendo no sólo la actividad jurisdiccional, sino también la legislativa, la administrativa, la educativa, la electoral. La divisa es: Todos los derechos humanos para todos y todas. Y sobre todo para quienes históricamente han sido oprimidos, marginados, discriminados y excluidos.

Por eso Lorenzo Córdova no puede continuar al frente del órgano nacional de elecciones. Debe irse para que la institución mantenga credibilidad y respeto.

Y es que el comportamiento de Córdova Vianello lo reveló no como un serio y maduro funcionario del estado mexicano, sino como el clásico mirrey, que por tener madre italiana, haber tenido la suerte de ser hijo de uno de los hombres de ciencia más respetados de México y haber tenido la fortuna -y quizá también el mérito- de estudiar su doctorado en Italia, desprecia a los indígenas. Que ha llegado a altos cargos no por el mérito propio, sino por el capital social que su padre, Arnaldo Córdova, logró acumular en su fructífera vida como académico y político de izquierda.

Tampoco se trata de linchar a nadie. No. Solamente se trata de reconocer que el funcionario cometió un error de esos que se pagan caro y asumir las consecuencias de la propia conducta, independientemente de la posible ilegalidad de la filtración del audio.

Un doctor en teoría política, como lo es Córdova, debe tener los alcances intelectuales suficientes para entender que en estos tiempos de información y de redes sociales, cuando a un político se le exhibe de esta manera, su hora ha llegado y no le es dado resistirse sino por un par de días, quizá.

La reacción del INE fue igualmente desafortunada. En lugar de emitir una disculpa pública o de manifestar indignación por los comentarios racistas de su presidente, manifestó indignación por la intervención de una conversación telefónica privada. Y no sólo eso: exigió a las autoridades competentes -entiéndase PGR- la más exhaustiva investigación.

Quienquiera que escucha el audio, inmediatamente se da cuenta de que no es una “intervención”, que no es que lo hayan “alambreado”, como coloquialmente se dice. No. Es una simple grabación realizada por el interlocutor de Lorenzo Córdova, o por alguien que estaba con él y que se pudo hacer por tener el teléfono en altavoz. De manera que sale sobrando esa “exigencia” a la PGR.

Además de la renuncia de Córdova Vianello, la lección que nos debe dejar este lamentable episodio es la toma de conciencia de la necesidad de incorporar a nuestros pueblos indígenas al desarrollo, sin discriminación y con pleno respeto a sus derechos.

Para el presidente del INE, maestro de Derecho Constitucional y de Teoría de la Constitución en la Facultad de Derecho de la UNAM, su más urgente tarea será comenzar por estudiar el artículo 2 de la Constitución. Mínimo.