Beltrones fortalece a Santiago

Mañana sesiona el Consejo Político Nacional del PRI, y en esa sesión se tomará protesta a Manlio Fabio Beltrones como nuevo presidente del Comité Ejecutivo Nacional del partido.

Ante ese escenario, hay voces dentro del partido y en algunos medios informativos que han dicho que la llegada del sonorense es el preludio de la despedida de Santiago García López de la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI en Guanajuato, por la supuesta buena relación de Beltrones con Francisco Arroyo, cuyo grupo no ha superado la para ellos dolorosa derrota que Santiago les infligió hace 16 meses.

El “análisis” es simplón e interesado. Nadie duda que el todavía diputado guanajuatense ha colaborado con Manilio Fabio Beltrones en diversas tareas legislativas. Pero de eso, a concluir que el arribo del nuevo presidente del PRI equivale a la caída del dirigente guanajuatense, es un despropósito, por la cantidad de eslabones que simplemente no existen entre la causa primera -presidencia de Beltrones- y el efecto que se plantea -el cambio de dirigencia en Guanajuato.

Muy diferente a lo que plantean esas voces interesadas, el ascenso de Beltrones no implica en forma alguna que vaya a haber cambio de dirigencia en el PRI de Guanajuato en el corto o mediano plazo. Recordemos el antecedente, para entenderlo mejor:

En el primer trimestre de 2014 el partido lanza la convocatoria para la elección de la dirigencia estatal del PRI. La dirigencia nacional intentó por todos los medios a su alcance avenir a los liderazgos más importantes del PRI en Guanajuato, a saber, Bárbara Botello, Miguel Chico, Gerardo Sánchez y Francisco Arroyo, a fin de que hubiera un sólo candidato.

Los tres primeros lograron consenso en torno a Santiago García López. Francisco Arroyo, por su parte, emboletó con la candidatura al abogado Alejandro Lara. Encargaron la operación a un político de medio pelo de las épocas del wintilismo y, como dicho “operador” todas las pierde, llevó a Alejandro Lara a una derrota segura. No lo podían creer, pues la soberbia siempre impide ver la realidad y acusaron a los ganadores de todo lo que se les ocurrió, cuando la única causa verdadera de su derrota fue el rechazo del priismo guanajuatense a un grupo que había secuestrado al partido y lo consideraba su patrimonio.

Pero por lo visto, no se han conformado. Saben perfectamente que la dirigencia fue electa para 4 años, esto es, hasta el 2018. Pero no han cesado de atacar a esa dirigencia que elegimos democrática y libremente los priistas.

Pasada la elección constitucional de 2015, se lanzaron con singular alegría a atacar a Santiago García, creyendo que el líder nacional, César Camacho, les cumpliría el capricho y lo destituiría. Hubo completa libertad para que se expresaran en Twitter y en los periódicos. Resultado: ninguno. César Camacho, que conoce todos los antecedentes, simplemente no los peló.

Ahora, dos meses después, con el cambio de dirigencia nacional, se envalentonan nuevamente y piensan que ahora sí se ganarán, por la vía del chantaje, la dirigencia que perdieron en las urnas.

No es por intrigar, pero otra vez se ve difícil. Porque quien llega a la dirigencia nacional del PRI es un político con mucha experiencia que, si ha hecho esa trayectoria, es porque no compra pleitos ajenos así como así.

Es claro que en Guanajuato el pleito es del grupo arroyista contra Santiago y Gerardo Sánchez. Es un pleito doméstico que se deriva de no haber aceptado el resultado de una elección interna en un estado gobernado por el PAN desde hace un cuarto de siglo.

¿De verdad alguien con un poco de seriedad piensa que Manilio Fabio Beltrones, apenas ocupando sus nuevas oficinas en Insurgentes Norte, va a enemistarse con el senador Gerardo Sánchez, con la Confederación Nacional Campesina, con el sindicato de SEMARNAT y con la FSTSE, con buen número de diputados federales y senadores ligados a la CNC, con los diputados locales afines a la dirigencia y con la mayoría del priismo guanajuatense que prefirió a Santiago García y votó en contra del otro candidato?

No parece lógico que un profesional de la política como Manlio, sólo por concederle un capricho a sus subalternos amigos, se eche encima tal número de enemigos.

Si los que se dicen amigos de Manlio, verdaderamente lo son, empezarán por ayudarle a que en el partido se conserve la estabilidad y la institucionalidad. El líder nacional del partido debe ensanchar su número de aliados, a fin de que sus resultados sean mejores. Los amigos están para ayudar, no para entorpecer. Y si Beltrones ya tiene unos amigos en Guanajuato, que ciertamente son minoría, es de esperar que busque la alianza con los demás. Esto haría cualquier político con por lo menos mediana inteligencia.

Atribuirle al nuevo dirigente del PRI deseos de venir a vengar a sus amigos que perdieron la elección interna, es menospreciar en demasía la inteligencia de quien ha construido una de las carreras políticas más sólidas en los últimos 30 años.

Pero al menos, quienes buscan desestabilizar a la actual dirigencia estatal no se podrán quejar de que no han sido respetados sus derechos. Han podido y pueden hablar con toda libertad, y en su ataque de hace dos meses todos los que quisieron dijeron lo que pensaban y sentían. Y como en los juicios garantistas, todos fueron oídos... y vencidos.