Fuente Ovejuna

#GRITOSySOMBRERAZOS

Ante el chantaje que esboza el patán y palurdo mercader neoyorquino sicofante de la política que para infortunio del mundo es desde el pasado 20 de enero de 2017 el Presidente de Los Estados Unidos Mexicanos en relación a su amago de imponer aranceles extraordinarios a la importación a su país de Acero y Aluminio, ya hubo respuesta del gobierno de México por medio del Secretario de Economía Ildefonso Guajardo Villarreal , quien fue tajante al afirmar: “México no debe ser incluido en los aranceles sobre el acero y el aluminio” y así, usando el Twitter que es sin duda la red de comunicación digital preferida por el tal Trump, le dijo que es una forma inadecuada de incentivar la creación de un nuevo y moderno Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El habitual juego de amenazas y promesas de concesiones de Trump entra ahora en el terreno comercial pues tuvo la absurda ocurrencia de vincular su amenaza de imponer nuevos y gravosos aranceles al acero y aluminio con el proceso de posible renegociación del TLCAN y volvió a denostar al acuerdo trilateral de comercio vigente desde 1994 al decir por enésima ocasión: “Tenemos grandes déficits comerciales con México y Canadá. El TLCAN, que está ahora mismo bajo renegociación, ha sido un mal acuerdo para Los Estados Unidos de América. Los aranceles al acero y al aluminio solo se quitarán si se firma un acuerdo del TLCAN nuevo y justo. Canadá debe tratar mucho mejor a nuestros granjeros. Es altamente restrictivo. México debe hacer mucho más en frenar la entrada masiva de drogas a este país pues no han hecho lo que debe hacerse. Millones de personas adictas y muriendo”.

El titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) Luis Videgaray Caso respondió a la segunda parte del mensaje del tal Trump y dijo: “El tráfico ilegal de drogas es una responsabilidad compartida entre México y Los Estados Unidos de América y nuestra cooperación se guía por este principio. Solo trabajando juntos sobre la oferta y la demanda podemos terminar con el flujo ilegal de drogas, dinero y armas entre nuestros países”.

El cruce de declaraciones entre los gobiernos de Los Estados Unidos de América y de México se insertan en la escalada verbal producida desde que el tal Trump anunciase la creación de un arancel específico para frenar la entrada de acero y aluminio extranjero en su país que pretende justificar en la defensa de la seguridad nacional y comercial de la nación cuyo gobierno encabeza y del que minimiza sus posibles consecuencias afirmando que es un nuevo arancel justo que debe estar en el marco de un renovado TLCAN y con ello dice pretender ayudar a la reducción de su déficit comercial con países como China, Canadá, México, Corea del Sur o Alemania, entre otros. Esa amenaza arancelaria enfrenta al vecino país del norte con algunos de sus mayores socios comerciales y ya La Unión Europea ha amenazado con adoptar represalias a lo que Trump replicó alardeando de posibles castigos a los fabricantes automovilísticos europeos.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, respondió taxativamente desde un primer momento al calificar los nuevos aranceles de “absolutamente inaceptables” y asegurar que causarán daños significativos a ambos lados de la frontera, hay que recordar que Canadá es el primer exportador de acero a Estados Unidos de América. En comparación con Canadá y la Unión Europea, México optó inicialmente por sostener un perfil bajo pues la irritación que admitían en privado los funcionarios mexicanos contrastaba con la ausencia de una respuesta pública sólida en un intento de no echar más leña al fuego en pleno cierre de la séptima ronda de conversaciones para actualizar el TLCAN.

Los aranceles sobre el acero y el aluminio, como cualquier otra barrera comercial, harían daño al comercio trilateral norteamericano especialmente a la industria automotriz que es la más importante en los intercambios bilaterales, pero lo que más preocupa es la nueva fase de la estrategia proteccionista esbozada por Trump y que esté dispuesto a llevar sus amenazas al terreno de los hechos en forma de guerra comercial.

Pero México y Canadá no están solos en su posición de rechazo a los nuevos aranceles estadounidenses sobre el aluminio y el acero pues el republicano Kevin Brady, presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes del vecino país del norte externo claramente su oposición a que estas tarifas arancelarias apliquen a los dos socios norteamericanos de su país y la posición del congresista Brady es reflejo de las diferencias entre la Casa Blanca y los más influyentes legisladores del Partido Republicano en materia comercial, brecha que se hace especialmente evidente en el caso de los legisladores que representan a los Estados que más tienen que perder en caso de ruptura del TLCAN.

Se ha postergado cualquier solución al tema de una renegociación del TLCAN sobre monto de componentes regionales en la manufactura de vehículos y partes automotrices. Entre gritos y sombrerazos transcurrió sin grandes frutos la séptima ronda de diálogos por lo que deberá seguirse discutiendo en reuniones futuras siendo complejo que surja un nuevo acuerdo comercial antes de las elecciones del primero de julio en México, quedando cancelada de momento una próxima reunión bilateral entre Peña y Trump.

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