Fuente Ovejuna

#TRUMPUTIN

La sombra de la guerra civil ocurriendo en Siria surge alrededor del asesinato del embajador de Rusia en Turquía, Andrei Karlov, ese evento bélico que ha generado ya más de 450 mil muertos y el mayor número de refugiados en la historia contemporánea, con implicaciones diplomáticas que tocan directamente a dos actores muy activos: Rusia y Turquía, circunstancia que podría acentuarse y seguir suscitándose al amparo del severo cambio de política del gobierno turco frente a Siria. Karlov fue ejecutado por el agente policial turco Mevlüt Mert Altintas, de apenas 22 años, y el trágico suceso cimbra nuevamente la frágil relación bilateral entre Rusia y Turquía, ya que este incidente violento hace peligrar la paz entre la poderosa nación que encabeza Vladimir Putin y un país que no tiene franca estabilidad socioeconómica y política, pero que es de singular importancia para el mundo ya que es considerado la puerta de acceso entre Europa y el Medio Oriente, esta nación que se ha convertido en recurrente motivo de tensiones entre el poderío militar ruso y la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La profundización de la crisis bilateral ruso-turca por el asesinato de Karlov podría germinar en un papel más activo en cuanto a dicho conflicto del gobierno de los Estados Unidos de América, supeditado a cómo se decante la nueva relación que con el gobierno que lidera Vladimir Putin vaya a tener el régimen entrante a cargo de Donald Trump, toda vez que hay demasiados elementos que denotan la gran cercanía que con el cacique ruso  tiene el patán y palurdo mercader neoyorquino sicofante de la política, quien el 20 de enero de 2017 asumirá la Presidencia del vecino país del norte, especialmente la designación como Secretario de Estado de Rex Tillerson, el presidente de Exxon, que es muy cercano al mandatario ruso. No obstante que el atacante no se identificó claramente como militante de algún grupo fundamentalista, las expresiones altisonantes que profirió en idioma árabe, tras culminar la ejecución del embajador ruso diciendo “No olviden Alepo, no olviden Siria, Dios es grande”, lo infieren. El asesinato del embajador Karlov ocurrió apenas un día después de intensas protestas callejeras en Turquía por la manera que Rusia ha actuado al apoyar el bombardeo indiscriminado de Alepo y otras ciudades sirias y una posterior evacuación de civiles que ha tenido que ser suspendida en un momento por la ejecución de civiles, incluidos mujeres y niños. El asesinato de Karlov añade problemas al gobierno turco que encabeza el presidente Recep Tayyip Erdogan, quien no hace mucho enfrentó un fallido golpe de estado y continúa lidiando con la inestabilidad política interna y la crisis económica acendrada por la compleja situación en Siria, desde donde miles de civiles han llegado a buscar la protección en territorio de Turquía, donde se asientan definitivamente o en tanto se organizan para desde ese país partir hacia Europa. Pero hay un ingrediente a considerar, ya que los resultados de una reunión de los cancilleres de Rusia, Turquía e Irán, programada con anterioridad al asesinato del alto diplomático ruso por el “iluminado” policía turco, podría minimizar las tensión bilateral ruso-turca y dejaría en un papel marginal del asunto al gobierno norteamericano, en tanto el presidente turco Erdogan seguirá en el esfuerzo de palear la inestabilidad interna y el creciente malestar por el papel que ha desempeñado en el tema Siria su aliado, el gobierno estadounidense, a cargo de Barack Hussein Obama, que ha apoyado a los rebeldes, entre ellos a la etnia kurda que desde hace décadas intenta crear un estado independiente en zonas que incluyen a Irak, Siria y la propia Turquía.

El gobierno turco ha empezado a mutar de su férrea oposición al régimen sirio de Bashar al Asad a una posición más conciliadora hacia  Rusia, el principal aliado de Siria, pues tras años de intentar derrocar a Al Asad comenzó a cambiar de estrategia procurando prevenir que los kurdos conquisten territorios en la frontera de Siria con Turquía, y para ello parece estar en curso una alianza solapada entre Turquía y Rusia, siendo notorio que Erdogan parece estar dispuesto a abandonar su política contra Al Asad al dejar de apoyar a las milicias rebeldes, a cambio que Moscú deje de apoyar a los kurdos en Siria y permita que fuerzas turcas tengan presencia en zonas fronterizas de Siria donde estos grupos funcionan, acuerdo mediante el cual Rusia y Turquía se beneficiarían mutuamente, pero si con estos nuevos movimientos en la región se consolida en el poder el mandamás sirio Bashar al Asad, la tragedia humanitaria podría acentuarse. El fin del régimen de Obama y el inminente inicio de la era Trump han estado ya cimbrando la política y las cuestiones económicas del orbe, con Rusia emergiendo como el prominente eje dominante en las de por sí complejas relaciones internacionales al ser un factor de influencia imperativa en las líneas de acción del nuevo gobierno de los Estados Unidos de América, país que en vez de crecer y ser como prometía el lenguaraz aprendiz de político que lo va a presidir, se verá supeditado crecientemente a la fuerza de la Rusia de Putin por los intereses prioritarios en los negocios, tal cual es la forma de pensar y como querrá actuar el tal Trump que quizá será luego entonces el presidente más débil de la historia y terminará por debilitar las estructuras de su nación, enfrentándola al orden mundial más ampliamente concertado entregándose a Rusia, no siendo claro aún las consecuencias para México.

 @salvadocosio1

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