Fuente Ovejuna

#PREMIOyCASTIGO

El Presidente de la República Enrique Peña Nieto etiquetó a su Partido, el Revolucionario Institucional (PRI), como  Partido del Gobierno y dejó atrás sin pudor la “sana distancia” del Partido con el Presidente y los diversos gobiernos emanados de ese Partido; estableció “la extrema cercanía” entre el Instituto Político y el Presidente de México, de igual forma que en cada entidad federativa y en los municipios donde hay Gobernador o Presidente Municipal que son militantes del PRI, existe también esa “insana cercanía” y, luego entonces, el Partido corre la misma suerte que tenga el Presidente de la República, así como el Jefe del Ejecutivo Estatal o el Alcalde, es decir, el PRI cosecha votos en las urnas según tenga éxito o fracaso en obtener y preservar la simpatía y aceptación popular en su entorno el gobernante federal, estatal o municipal.

Salvo algunas excepciones, el Presidente de México es el líder máximo del PRI a nivel nacional, como lo son respectivamente los Gobernadores y los Alcaldes en sus respectivos ámbitos y asumen el control total de las decisiones fundamentales del Partido que en cada ámbito es una simple dependencia del Gobierno y está reducido a la calidad de instrumento de concientización sociopolítica de lo que pueda ser impactable positivamente en la población acerca de la labor de gobierno.

El PRI no realiza labor permanente de gestión y encauzamiento de anhelos sociales ni resulta un catalizador de la crítica social para mejorar la acción de los gobiernos y en época electoral es solo una maquinaria cada vez menos confiable o más falible dedicada a la búsqueda temporalera de simpatías de los electores y de que éstas se convierten en votos para tratar de preservar el poder político y las posiciones en las ramas ejecutiva y legislativa que ostenten. 

Habiéndose realizado elección federal y con la concurrencia de elecciones locales en varios estados de la República el 7 de junio pasado, la lectura de los resultados de lo obtenido por el PRI en las urnas no puede verse solo con el enfoque que al respecto tiene el Presidente Peña al establecer como un resultado muy exitoso el haber obtenido la mayoría en la Cámara de Diputados al Congreso de la Unión, y etiquetar esto como un referéndum aprobatorio a la labor presidencial y especialmente como evaluación positiva a las polémicas reformas estructurales que fueron impulsadas por Peña y su PRI en 2013 y 2014, esas que aún no han generado crecimiento económico, empleo remunerado, competitividad, calidad de vida y seguridad, las mismas de las que no se avizora produzcan pronto los resultados esperados por la sociedad mexicana cual fueron ofrecidos por el Gobierno y su PRI.

El PRI logró mayoría legislativa con el porcentaje y cantidad más baja de votos en su historia y logrando 10 diputados y 2 millones de votos menos que en la elección anterior, dejó de gobernar a 10 millones de mexicanos, perdió el gobierno de muchas ciudades capitales y poblaciones importantes así como la mayoría en congresos de varias entidades federativas, y sufrió dolorosos descalabros en la elección de gubernaturas al volver a ser derrotado en Baja California Sur y perder lo que gobernaba en el caso de Nuevo León, Querétaro y Michoacán, por más que haya recuperado el gobierno de Guerrero y Sonora y preservado con escaso margen Colima y un poco más holgado sin ser contundente San Luis Potosí, reteniendo Campeche sin mediar sorpresa.  

Pese a la exultante festividad por haber alcanzado mayoría en la Cámara de Diputados, el PRI de Peña a nivel nacional es también el partido intrínsecamente ligado a los gobernadores y en cascada a los alcaldes donde estos son emanados del PRI, de ahí que la suerte electoral en los próximos comicios a efectuarse tanto en cada estado como especialmente en la elección presidencial y legislativa de 2018, dependerá de la evaluación que la sociedad haga sobre las condiciones de calidad de vida en cada entidad y municipio, y hay que advertir que el país y la gente siguen en crisis económica y sufriendo la inseguridad, pero además en cada entorno local habrá evaluación sobre la labor específica de cada gobierno y de eso dependerá el resultado de siguientes elecciones, además de la óptima elección de candidatos y de que funcione la maquinaria electoral del PRI para generar simpatías, convertirlas en intención de voto a su favor  y movilizar a la gente a que acuda a las urnas.

Debe pensarse bien por Peña Nieto y en cascada por cada líder moral del PRI en entidades y municipios, la forma de resolver decisiones en favor de candidatos que generen mejor posibilidad de éxito en los comicios, sobre la base del equilibrio político e integración de los factores de poder al seno del PRI en cada lugar, además de producir la cohesión y sinergia con la sociedad, o perderán muchas elecciones ante aspirantes más populares y de partidos mejor organizados o frente a candidatos no postulados por algún partido, de esos llamados ciudadanos independientes.

Siguen punteando en el ánimo de Peña por la candidatura presidencial del PRI el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, y aunado a la posible designación de un tecnócrata como el aún Jefe de la Oficina de la Presidencia de La República, el inexperto Aurelio Nuño Mayer en calidad de “Gerente en turno” del PRI Nacional, y no se presume habrá apertura para que puedan buscar la candidatura presidencial otros priistas populares de amplia experiencia y formación política, cercanos a la llamada “clase política histórica priista” como Manlio Fabio Beltrones Rivera, Beatriz Paredes Rangel, Emilio Gamboa Patrón, Enrique Martínez y Martínez, Emilio Chuayffet Chemor o algún gobernador y ello puede significar el riesgo de rebelión de las bases priistas, por el enojo ante imposiciones y el soslayo al trabajo de la militancia pudiendo desencadenar acciones de castigo a “su partido”.

De cara a la elección presidencial de 2018 solo luce casi totalmente resuelta la candidatura por MORENA de su líder Andrés Manuel López Obrador, siendo aún incierto quiénes serían los aspirantes postulables por el resto de los partidos, con una perspectiva de posibles candidaturas independientes interesantes por la simpatía que podrían generar como serían las de Carmen Aristegui y Jaime Rodríguez Calderón alias **El Bronco, de ahí que Peña y su PRI deberían reflexionar y ser menos arrogantes pensando en futuro electoral que pintan casi como un día de campo.

 @salvadocosio1

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