Fuente Ovejuna

‘#MANCERAyPEÑA’

A diferencia de Enrique Peña Nieto, que se exacerba en discursos defendiendo a su gobierno y evita la posibilidad de “lastimar” a sus colaboradores más allegados por los errores garrafales cometidos, parece que el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera Aguayo, sí entendió la lección que la población de la Ciudad de México le expresó con los resultados de las elecciones del pasado domingo 7 de junio, en las que el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que lo postuló y del que resulta ser su principal exponente frente a la sociedad, perdió la mayoría en la Asamblea Legislativa Local y casi la mitad de las 16 delegaciones del gobierno.

Miguel Ángel Mancera ha aceptado tácitamente que existen errores y varios asuntos que requieren resolverse y pretende buscar cumplir con lo prometido y está resuelto a buscar cómo retomar el rumbo perdido en cuanto a la eficacia en la labor gubernamental, a sabiendas que existe severa mella en cuando al nivel de confianza y popularidad entre los habitantes de la Capital de la República, y  sabe requiere un nuevo impulso que incluya la necesaria renovación de su equipo gobierno, y tras solicitar la renuncia a todo su equipo y socializó mediáticamente haber efectuado un ejercicio de evaluación y con cierto aire fresco hizo reacomodo de casi todos sus colaboradores e incorporando además a nuevos actores sociopolíticos procurando más eficacia y tal vez mejor imagen pública.

Así se le pueda criticar que lo hace por conveniencia por buscar mejor posicionamiento al estar dispuesto a ser el posible abanderado del PRD en la próxima elección presidencial de 2018, Mancera está dando pasos para buscar avanzar, lo que no se observa en relación a lo que debería hacer el Presidente de la República Enrique Peña Nieto, que necesitándolo urgentemente, se mantiene casi impávido y esperando ya mucho tiempo para realizar ajustes requeridos en su equipo.

Peña Nieto se resiste a admitir que sus Secretarios predilectos han fallado, esos, Miguel Ángel Osorio Chong, de Gobernación, y el de Hacienda, Luis Videgaray Caso, ellos a los que desde antes de iniciar su gobierno y durante estos primeros años de gestión ha pretendido marcar como favoritos para ser sus cartas principales en la ya prematuramente abierta carrera por la candidatura de su Partido el Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de la República para contender en 2018 y que alguno de ellos pueda ganar la contienda y sucederle en el cargo de Primer Mandatario de la Nación.

Osorio Chong no ha podido con la responsabilidad de preservar gobernabilidad, seguridad y reducción de índice de criminalidad, abatimiento de corrupción e impunidad, confianza social en la honestidad y eficacia de quienes deben preservar orden y tranquilidad tanto en prevención de delitos como en resguardar que quienes ya están sujetos a proceso penal o sentenciados sus actos criminales permanezcan a buen resguardo en prisiones con manejo confiable, además de no haber logrado la armonización de la legislación y las políticas públicas para abatir la criminalidad en el país.

Osorio es señalado como el principal responsable de no haber tenido los plenos controles en relación al esquema penitenciario federal especialmente en relación a la forma absurda y vergonzante como se fugó el narcotraficante Joaquín Archibaldo Guzmán Loera alias El Chapo, pues de él dependen los entes y funcionarios involucrables por ineficacia negligente y por posible complicidad.     

Videgaray no pudo consolidar hasta ahora la dinamización de la economía a pesar de las reformas impulsadas que no han generado la inversión privada foránea y local que se presumía como lograble, además que como cabeza del gabinete de desarrollo socioeconómico enfrenta la crítica y el señalamiento por la ausencia del índice de crecimiento del país, la falta de mejoría en el nivel de calidad de vida y el cumplimiento de las metas de un buen ejercicio del gasto público.

Muchos titulares de secretarías del gabinete presidencial son señalados de incumplimiento de metas acorde al Plan Nacional de Desarrollo, siendo evidentes los casos de quien encabeza la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano, Jesús Murillo Karam, que “sigue cansado” envuelto en gris actuación, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga, que poco ha aportado para que los programas de cohesión social cumplan su cometido, el titular de la Secretaría de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal, que no se significa por haber conseguido mucha inversión privada y generación de empleos, el secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade Kuribreña, con bajo perfil en la diplomacia y sin cumplir con la expectativa de servir como Canciller promotor financiero internacional para lo cual fue elegido tras haber sido subsecretario y secretario de Hacienda en el sexenio del panista Felipe Calderón, la secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu, con un trabajo limitado a la promoción ordinaria en ferias y exposiciones internacionales, el titular de Educación, Emilio Chuayffet Chemor, jugando con un bajo perfil y sin esforzarse demasiado en su tarea, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, envuelto en varios conflictos por desparpajo en licitaciones y obras, al igual que le ha pasado al secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell y, como cereza del pastel, el inservible secretario de la Función Pública, Virgilio Martínez Andrade, que abona al descrédito del gobierno y sus funcionarios al incumplir con la tarea de fiscalización, control y sanción que le corresponde.

Peña está aún a tiempo de buscar rediseño de políticas estratégicas y renovar su equipo para dar mejor resultado. Ojalá se decida a hacerlo.

@salvadorcosio1

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