Fuente Ovejuna

#HuellayFiesta

Francisco dice que quienes integran La Curia se sienten inmortales, inmunes e indispensables al considerarse superiores a todos y les propone visitar cementerios para recordar que son humanos y no seres eternos, al tiempo que advierte han endurecido su sensibilidad humana perdiendo capacidad de amar al prójimo por estar infestados de indiferencia hacia los demás, los acusa de carecer de espontaneidad y ser ajenos a la frescura con la que debe conducirse el catolicismo moderno, dependiendo completamente de sus pasiones, de sus caprichos y manías, y se han convertido en esclavos de ídolos de barro esculpidos por sus propias manos.

El jerarca católico acusa a La Curia de la gravísima enfermedad que denomina: “la rivalidad y la vanagloria”, que es cuando la apariencia, el color de los vestidos y las insignias de honor se convierten en el objetivo prioritario de la vida, olvidando el sentido de la humildad y pobreza que rechace la estulticia y la riqueza que al exhibirla ante la gente genera el desprecio por tanta altanería. Baste ver cómo siguen los jerarcas eclesiales ofendiendo a la pobreza y carencias populares en el mundo al atarse a la necesidad de expresar su poderío enfundados en carísimos trajes y profusas joyas, además de entregarse casi frecuentemente a los festines más mundanos, olvidándose del espíritu de quien como el más grande apóstol del Ser Superior predicaba su palabra basado en el ejemplo de sencillez, humildad y ante todo bondad y carencia de símbolos nefastos de insultante poder y majadera riqueza, y cabe resaltar lo que el Obispo de Roma señala como grandes males de los altos jerarcas católicos: “la enfermedad de acumular bienes materiales” y “la enfermedad del aprovechamiento mundano, de los exhibicionistas, la de aquellos que transforman su servicio en poder, y su poder en mercancía para obtener ganancias mundanas o aún más poder”.

Y al escuchar a Francisco no se puede evitar recordar a El Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo y Obispo Emérito de las Arquidiócesis y Diócesis de Guadalajara que a pesar de habérsele retirado potestades de mando sobre la grey que antes estultamente comandaba en Jalisco y el Occidente de México, se mantiene aferrado a los lujos y excesiva riqueza afrentando recurrentemente la autoridad del actual Arzobispo Cardenal Francisco Robles Quintero, que ha pecado de prudente en cuanto a marcarle un alto a las arbitrariedades de su antecesor Sandoval, obligándolo a responder ante la Procuraduría General de la República por su participación en pederastia y esclavismo, según denuncias presentadas en su contra por las organizaciones sociales Conciencia Cívica Jalisciense y Fundación FIND.   

Y Francisco sentencia que: “los religiosos deben ser amables, serenos pero a la vez y entusiastas, personas alegres que transmitan paz y alegría con una buena dosis de humorismo”, pero es necesario insistir en que el jesuita Argentino sabe y acepta los grandes y graves errores históricos, algunos descomunales, de la Iglesia que comanda y contrario a como actuaron Juan Pablo II y Benedicto XVI, que dejaron el destino de la Iglesia en manos de una Curia ensimismada en vicios mundanos, ya nadie duda que está dispuesto a usar todo su poder para cambiar la Iglesia.

El prestigio y el liderazgo de Francisco se ha acrecentado por enfrentarse a la propia cúpula eclesial de la que no fueron pocos los que soñaron con que, más allá de los gestos que quizá consideraban populistas y “simpáticos” como usar la cruz de plata en vez de gran crucifijo de oro puro, los zapatos gastados en vez de los carísimos y esnobistas mocasines rojo de marca comercial demasiado insuflada, el coche pequeño en réplica a los enormes carruajes, la renuncia al lujoso apartamento papal que algunos vieron como una muestra de miedo a ser asesinado más que a un gesto de sencillez, Francisco terminase entrando en el redil de La Curia, como los anteriores Pontífices y se dejara gobernar.

Cuando tras su llegada a la silla de Pedro, al ser entronizado como Papa Francisco y dijo aquello buscar una Iglesia pobre para los pobres, muchos pensaron se trataba de un deseo nacido para no cumplirse, pero ahora es claro que el Papa avanza sin miedo a romper paradigmas aunque por ello se construya enemistades de quienes quieren que se detenga y evite continuar en la ruta de lo que sus antagonistas llaman “la destrucción de la Iglesia” y no va a detenerse fácilmente porque ejerce el mando y seguirá caminando dejando huella, cimbrando a la Iglesia y al mundo, ayudando a los más desprotegidos, no solo de los desprovistos de cosas materiales sino de quienes carecen de voz y de libertad, y sabe que tiene que cambiar la Iglesia y vencer cualquier obstáculo que le quieran imponer los prepotentes jerarcas que se resisten al cambio y saldrá avante de los ataques e intentos por acallar su fuerza y su voz.

Francisco está decidido a descentralizar La Curia romana y darle más voz y fuerza a los fieles, y seguirá adelante con arriesgadas iniciativas como el encuentro entre palestinos e israelíes en El Vaticano, la exitosa mediación entre Estados Unidos de Norteamérica y Cuba, así como abogar por los que sufren severos problemas por acciones inadecuadas o negligentes omisiones de gobernantes, como el expresarse a favor de justicia para los desaparecidos en México especialmente los familiares de las víctimas de los crímenes ocurridos en septiembre en Iguala, Guerrero.

Las celebraciones decembrinas son oportunidad para reflexionar, además de en relación a la forma de celebrar los privilegios de contar con vida, familia, amor, amistad y salud; solidarizarnos con quienes sufren por pérdidas o carencias y procurar ayudarles en la medida de las posibilidades.