Fuente Ovejuna

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El próximo domingo 7 de junio se elegirán en México a los 500 integrantes de la LXIII Legislatura de la Cámara de Diputados al Congreso de la Unión, así como nueve gubernaturas en igual número de entidades federativas además de a los Diputados integrantes de los Congresos Locales y a quienes conformaran en calidad de Presidente Municipal, Síndicos y Regidores los próximos Ayuntamientos de 17 estados, siendo en total 15,832 cargos a decidir por la vía de la elección directa y el resultado de estos comicios mostrará el mapa geopolítico del país, como un parámetro inicial de lo que puede esperarse en cuanto al comportamiento de los ciudadanos en las urnas de frente al aún lejano, pero ya atisbable proceso de renovación de la Presidencia de La República en el año 2018, pasando por la elección de nuevos gobernadores de muchos estados de la nación que se irán renovando, algunos en el curso de los próximos años y otros precisamente al momento de la elección presidencial siguiente.

Los comicios del próximo domingo permitirán establecer una radiografía actualizada sobre la aceptación social en relación a la labor y presencia del Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, así como de su Partido el Revolucionario Institucional (PRI), así como también será una especie de examen sobre el desempeño y confiabilidad de Gobernadores y Alcaldes de los diversos estados del país y además de en relación al PRI, estarán a prueba los partidos políticos, especialmente aquellos más antiguos y que por sus índices últimos de votación reciben los más grandes montos en el marco del enorme caudal de dinero público que se les otorga y que a los ojos de muchísimos mexicanos ya debería no solo disminuirse sustancialmente sino incluso desaparecer a fin que los institutos políticos se autofinancien sus actividades con los recursos propios que cada cual obtenga a partir de las cuotas de sus militantes así como de otras actividades de captación de recursos por medio de eventos de recaudación con la participación de sus simpatizantes, no es exagerado señalar que la elección próxima someterá a prueba en sí al sistema de partidos y habrá de generar el inicio de la etapa de fortalecimiento y posterior consolidación de las organizaciones de ciudadanos independientes a cualquier partido como entidades que puedan provocar suficiente liderazgo social y ser así quienes postulen y respalden exitosamente a candidatos que por no mantener vinculación directa con institutos políticos son recipiendarios de confianza social mayor a la que el pueblo otorga ahora cada vez menos a los partidos tradicionales y a quienes han hecho de la actividad como funcionarios su modus vivendi.      

Tras dos años y medio de gobierno el Presidente Enrique Peña Nieto encara el más bajo nivel de confianza entre la población, ya que a pesar de las reformas estructurales aprobadas el crecimiento económico del país ha logrado apenas llegar a menos de los dos dígitos, muy por abajo del presuntuoso 5 por ciento que el propio Peña ofreció en su campaña y al iniciar su mandato y no hay indicios de que, con la crisis del petróleo, la situación económica pueda mejorar en el corto plazo, además que arrastra los escándalos de los crímenes contra los estudiantes de La Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, perpetrados en Iguala, los cruentos y polémicos sucesos violentos en Tlatlaya, Apatzingán y más recientemente en Tanhuato, que denotan descontrol de las fuerzas armadas y violación contumaz a los derechos humanos, sea por penetración del hampa en las instituciones o por exceso del uso de la fuerza pública en aras de imponer la paz sin importar sea a base de juicios sumarios y bárbaras ejecuciones eliminando los debidos procesos judiciales para los presuntos culpables y además matando civiles como daño colateral al que el gobierno ha soslayado. 

Aunado a lo anterior están los escándalos de tráfico de influencia y conflicto irracional de intereses con asuntos inmobiliarios que manchan de corrupción a la familia presidencial y principales colaboradores y por si fuera poco, la vigencia y acendramiento del temor y la inseguridad que caminan de la mano del crecimiento de la hidra del narco, ante la incapacidad de enfrentarlo con política estratégica y la necesaria depuración de los cuerpos de seguridad, no habiéndose cumplido aún el compromiso de la adecuada certificación de corporaciones policiales e instituciones militares. 

México se ve como un país sangriento y convulso, sometido a gobernantes y sus partidos insensibles a la corrupción que toleran la impunidad, con una izquierda dividida, una derecha infartada y un partido gobernante muy debilitado, puede esperarse el inicio de una nueva época en la que por primera vez en su historia los ciudadanos podamos elegir para ocupar cargos importantes a ciudadanos libres de los compromisos con intereses partidistas y gremiales tradicionales. 

Podrá incidir en los resultados el voto de ese casi 50 por ciento de la población que declara no militar en algún partido político y que quizá decidan ejercer su derecho en favor de candidatos independientes entre los que destacan Jaime Rodríguez Calderón, alias El Bronco, un expriista de la vieja escuela que renunció a ese partido y con un apoyo excepcional en las redes sociales de intercomunicación digital es el aspirante con más posibilidades de ganar la gubernatura de Nuevo León y cimbrar así a la actual arcaica y desacreditada estructura del poder del que hasta ahora tienen el monopolio los partidos, además del candidato ciudadano a la Presidencia Municipal de Guadalajara, el payaso Guillermo Cienfuegos Pérez, conocido como Lagrimita, a quien tras no haber logrado cumplir con los requisitos que marca la legislación electoral de Jalisco le fue negado el registro y recientemente fue legitimado por La Sala Superior  del Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal y con apenas cinco días de campaña estará en la boleta con pocas posibilidades de obtener buenos resultados frente a candidatos de los partidos que gozaron de plenas prerrogativas y 60 días para promocionarse, por lo que Cienfuegos podría intentar descarrilar la elección exigiendo anulación al alegar crasa inequidad, además de gritar que habrá quedado indefenso al no haber tenido la oportunidad de acreditar a sus representantes en las casillas electorales. 

 @salvadocosio1

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