Fuente Ovejuna

#GULAyDELFINES

Para evitar la gula de poder, la sociedad debe entender que es imperativo cumplir su obligación de votar responsablemente para elegir a quienes por su capacidad y amplia solvencia moral puedan cumplir a cabalidad sus compromisos en favor del pueblo y rechazando a quienes busquen enquistarse ejerciendo el poder político en perjuicio de la colectividad, siendo urgente establecer legalmente la revocación del mandato a los gobernantes nefastos.

El exceso de facultades y atribuciones enferma a muchos políticos incluso a quienes cuentan con amplia formación y experiencia provocándoles adicción, falta de lucidez y desequilibrio mental que les merma su capacidad de análisis para asumir oportunamente las decisiones más adecuadas, las que, así, suelen tomar erróneamente en base a la extrema animosidad para favorecer o lesionar a determinadas personas, perdiendo la noción de la realidad al llegar a creerse deidades.

A Napoleón Bonaparte lo trastornó el excesivo empoderamiento, se hizo nombrar Emperador y estando el Papa Pío VII por cumplir el acostumbrado ritual de coronarlo, arrebató la Diadema enjoyada al Pontífice y se auto coronó; en Perú Alberto Fujimori y en Chile Michelle Bachelet, terminaron su primer periodo aclamados como grandes estadistas, pero al engolosinarse y caer en las redes de la gula política fueron una caricatura de los mandatarios vitoreados tras su primer mandato presidencial ya que al terminar sus segundos períodos como Jefes de Estado y Gobierno son muy cuestionados y el peruano de origen japonés sigue refundido en prisión; en Brasil Dilma Rousseff realizó un buen trabajo en su primer mandato como Presidenta, pero en este segundo tramo está inmersa en graves complicaciones y a Luis Inacio Lula da Silva (Lula) la ambición de acceder a una nueva etapa de mandatos podría costarle incluso su libertad tras ser quizá procesado y probablemente condenado a purgar varios años en la cárcel, porque es indudable que la investigación por abuso de poder que contra el ex mandatario brasileño sigue la Fiscalía General de esa Nación coincide con su anuncio de buscar nuevamente la Presidencia de la República.

El Benemérito de las Américas y Gran Patricio de México Don Benito Pablo Juárez García murió en 1872 cuando era inminente que buscaría una reelección y empezaba a mostrar destellos de autoritarismo como claros síntomas de enfermedad de poder, debiendo recordarse a Porfirio Díaz, quien se instaló en Palacio Nacional durante 38 años y se necesitó una revolución para removerlo; ahí están para observarse a los ex Presidentes Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Luis Echeverría Álvarez, Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón, quienes primigeniamente buscaron ser ellos mismos los detentatarios del ejercicio continuado y omnipotente del Poder, pero al no serles factible imaginaron como posible alternativa usar a sus esposas para preservar juntos mucho tiempo el poder presidencial.

Es usual que tanto el Presidente de la República como los Gobernadores de las entidades de la Federación e incluso los Presidentes municipales caigan en la tentación de empecinarse en ser sucedidos por un personaje de su absoluta confianza, pretendiendo a través de ellos seguir gobernando más allá del tiempo de su mandato para el que fueron electos, buscando  imponer a un pariente cercano o eligiendo a un amigo o socio a quien piensan podrán manipular, ese famoso delfín que regularmente decide cortarse la soga en el cuello que pretende mantener quien propició su acceso al poder y a pesar de las malas experiencias tanto en el muy recurrente distanciamiento y descontrol entre el gobernante que dejó de serlo y a quien impuso como sucesor, como en la desgracia que generalmente es para el pueblo soportar la altanería y despotismo de los improvisados que fueron encumbrados sin mayor mérito que ser ‘favoritos’ del antecesor y que al lograr llegar a los importantes cargos públicos enloquecen por exceso de poder, no será fácil quitarle a los políticos esa manía o gusto exacerbado por enquistarse y preservar el poder para servirse de la gente. Los ‘delfines políticos’, generalmente personajes con escasa preparación y nula formación, arriban a los cargos sin compromiso social, ávidos de poder y riquezas, resultando en una auténtica pesadilla para la gente que debe soportar sus aberrantes determinaciones al propiciar revanchismo contra quienes los critican por su improvisada y errática gestión gubernamental, llegando a extremos de persecución fatal a comunicadores y activistas cívicos, como acontece en Veracruz que sufre los atropellos del truculento Gobernador Javier Duarte de Ochoa, el turbio ‘Frankenstein’ del ex Gobernador Fidel Herrera Beltrán, a quien acusan de ser culpable de infinidad de asesinatos y desapariciones.

Y en esa tónica de buscar encumbrar a su delfin para sucederlo en 2018, el Presidente de México Enrique Peña Nieto está atareado en encausar la candidatura presidencial por su partido del más cercano de sus favoritos que busca encumbrarlo como su sucesor, ve cómo está perdiendo cada día más su ya escasa popularidad, pues los magros resultados en materia económica y de seguridad siguen causando fuerte molestia a la sociedad y eso se observa en la reciente encuesta de Buendia y Laredo difundida por **El Universal y que dicta que su aprobación social es solo del 32 por ciento de la población mexicana y tiene la peor calificación popular que cualquier otro Mandatario mexicano haya obtenido al iniciar su segundo trienio al frente de la Presidencia de la Nación, lo que debe encender los focos de alerta en el PRI al ser señal de posibles derrota en las elecciones que se avecinan.

 

 @salvadocosio1

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