Articulista Invitada

Es tiempo de frenar la violencia contra la mujer

Este Día Internacional de la Eliminación de la Violencia hacia la Mujer, autoridades de todos los niveles pronunciarán discursos, los medios de comunicación informarán sobre la crisis de derechos humanos que estamos viviendo y muchos de nosotros reflexionaremos, escribiremos o hablaremos del tema con nuestras personas cercanas… Pero esto no será suficiente para terminar con la violencia que a diario mata a siete mujeres en nuestro país.

Y es que ha llegado el momento de transformar las palabras en acciones. Ya no basta con estar informados o conscientes de un problema, tenemos que actuar.

Lo que dice la violencia de género de nuestra sociedad es alarmante. El acoso, la violación, la tortura, los golpes y los gritos están presentes en la vida de seis de cada 10 mexicanas. No son casos aislados, sino síntoma de enfermedad de una sociedad que no se funda en el respeto a la vida ajena y que en consecuencia no protege a los grupos más vulnerables, entre ellos las mujeres, sino que los reduce a objetos que pueden ser poseídos, usados y desechados.

Todos estamos inmersos en un sistema donde los hombres tienen derecho a ejercer poder sobre las mujeres. En efecto, el Banco Nacional de datos e información sobre casos de violencia contra la mujer registra que en más de 90 por ciento de los casos donde el sexo del agresor ha sido identificado, éste era un hombre.

Esto no quiere decir que los hombres odien a las mujeres, pero sí hace palpable que a escala social se les ha otorgado un privilegio sobre nuestros cuerpos y vidas.

La violencia de género existe y es un problema en el que todos estamos involucrados.

En un documento presentado el año pasado, las Naciones Unidas advirtieron que al hablar de violación en México tenemos que hablar de impunidad. Entre 1997 y 2014 se denunciaron en promedio más de 12 mil casos de violación por año; por supuesto que la cifra negra podría disparar estos números, ya de por sí enormes. Sin embargo, la situación se agrava cuando encontramos que solo una de cada cinco denuncias por violación llegaron a una sentencia condenatoria.

La gran mayoría de las víctimas no buscan ayuda de ningún tipo y las que sí tocan la puerta de las instituciones judiciales casi siempre se encuentran con un mal trato. Hay toda una serie de estrategias sociales para silenciarlas hasta que acepten que el delito que sufrieron “no tenía importancia”. Y en esas estrategias, consciente o inconscientemente, participamos cada uno de nosotros.

Por ejemplo, cuando una joven desaparece, no son pocas las personas que le dicen a los padres que seguro su hija se fugó con su novio. Cuando una mujer es violada, la gente pregunta “¿qué llevaba puesto?”, como si una prenda pudiera justificar el crimen.

Cuando las sobrevivientes de trata comparten sus testimonios, hay quien les recrimina haber abandonado su casa detrás de una promesa de amor como si ellas no tuvieran el derecho a soñar y no hubieran sido dañadas en lo más hondo de su inocencia.

Como sociedad no queremos hacernos responsables de esta violencia y para evitar afrontar la responsabilidad, buscamos miles de excusas para hacer culpable a la víctima.

Esto es evidente en la actitud que por mucho tiempo se ha tomado hacia la trata de personas con fines de explotación sexual, delito donde la violencia de género alcanza uno de sus puntos más altos. 80 por ciento de las víctimas de trata, el segundo negocio más lucrativo de la delincuencia organizada, son niñas y mujeres.

Esta forma extrema de violencia de género, donde la violación se repite diariamente hasta 30 veces, ha sido invisibilizada por mucho tiempo por diversos sectores del gobierno y la sociedad.

Aún hoy hay muchos gobiernos estatales en nuestro país que se niegan a reconocer que existe trata en su territorio. Asimismo, no pocas veces, autoridades y civiles nos han dicho a quienes luchamos contra este delito que nos dejemos de sentimentalismos, que a las víctimas les gusta.

Como ha dicho Alicia Peresutti, activista argentina que dirige la organización Vínculos en Red, la trata de personas es el gran no tema. Nos duele que una niña y una mujer puedan ser vendidas y compradas por cientos de hombres que pasan por encima de su cuerpo, su dignidad y su libertad; nos duele tanto que preferimos mirar a otro lado.

Es tiempo de que como sociedad reconozcamos que a través de la víctima, todos somos lastimados. Y si bien todos somos parte de la sociedad que permite este tipo de atropellos, también somos, por lo tanto, parte de la solución.

Hoy es un buen día para comenzar a actuar.

A nuestro alrededor hay muchas personas que necesitan una mano. Nuestras compañeras de trabajo, amigas, hermanas, madres pueden ser una de esas seis de cada 10 mexicanas que están viviendo una situación de violencia. Atrevámonos a abandonar nuestra zona de confort y ofrezcamos nuestro apoyo.

Asistir a otros no significa renunciar a nuestra vida privada, más bien significa reorientarla para que se fundamente en la solidaridad. Apoyar a una sola persona es suficiente siempre y cuando se haga de corazón. Es sorprende cuántos cambios pueden ocurrir en una comunidad si de uno a uno, de ser humano a ser humano, nos conectamos.

Esta es una gran lección que la Fundación Tanishka da al mundo. Esta organización combate la vulnerabilidad en la que se encuentran las mujeres de la India y para ello las coloca en el centro de la transformación de todo el país.

Tanishka empodera a mujeres de una localidad para que puedan juntas encontrar soluciones a un problema concreto que las afecta. Por ejemplo, la instalación de un sistema de riego para asegurar la cosecha, la construcción de mejores vías de comunicación para el acceso a hospitales y escuelas, la instauración de medidas en las escuelas para evitar matrimonios infantiles y abusos sexuales, etcétera.

Así es como esta fundación ha colaborado en la escritura de más de 15 mil historias de éxito, donde los involucrados han visto cambios tangibles en sus vidas. Ayudar a otros, nos lo demuestra Tanishka, requiere reconocernos como iguales y, por lo tanto, aceptar que la persona que necesita ayuda debe ser empoderada para que conozca sus propias capacidades y reclame su lugar en el mundo. Es decir, todos los esfuerzos que hacemos por los demás deben estar enfocados a que si hoy nos necesitan para caminar, ellos mañana puedan volar por su cuenta.

Hay cientos de cosas que tú puedes hacer para terminar con la violencia de género. A veces basta con ser los oídos que alguien busca para ser escuchado. Puedes contribuir en la recuperación de una víctima de trata donando a las organizaciones que las atienden.

Si una niña o mujer que quieres ha sido lastimada, no la culpabilices, acompáñala a denunciar y lucha a su lado por justicia. No juzgues a ninguna víctima, percibir que detrás de cada historia hay un ser humano de carne y hueso nos acerca más a terminar con este sistema de indiferencia.

También puedes unirte a la campaña de Un billón de pie, encabezada por Eve Ensler, que este año busca hacer conciencia en 207 países sobre la explotación que niñas y mujeres sufren. En la página oficial onebillionrising.org puedes encontrar más información. Levántate con nosotros, salgamos a las calles y bailemos en solidaridad con las víctimas de la explotación.

Si has sido víctima, en Unidos contra la Trata queremos ayudarte. Contáctanos a través de la página unidoshacemosladiferencia.com. Rompe el silencio y busca ayuda, no estás sola.

Querido lector, denuncia trata al 018005533000 o en unidos hacemosladiferencia.com.

*Presidenta de la Comisión Unidos contra la Trata AC.

Twitter: @rosiorozco