Articulista Invitada

Lucha contra la trata, no contra la prostitución

Si alguien tiene una lista de table dance en los que las bailarinas lo hagan por su propia voluntad y los clientes acudan a verlas como quien disfruta del ballet, que la muestre; el objetivo no es prohibir, es cambiar una cultura de doble moral.

Antes que nada, agradezco el interés de mi compañero de páginas Néstor Ojeda por el tema de la trata de personas. Por la lectura de su columna del domingo 13 de julio, pienso que leyó con cierta prisa el texto que amablemente MILENIO publicó el día anterior.

Lo escribo así, porque no creo que los espectáculos eróticos, la prostitución, el abuso a menores y la trata de personas en giros negros sea un “amasijo de conceptos”. Son hechos reales que están muchas veces vinculados con un delito grave.

También atribuyo a esa prisa el que se refiera a mi como panista, cuando no formo parte de ningún partido, aunque sí fui diputada por Acción Nacional, pero como candidata externa y no me afilié, precisamente porque la lucha contra la trata no debe tener los colores de ningún grupo político.

En mi artículo dejé claro que no lucho por prohibir la prostitución ni los espectáculos eróticos en donde trabajen bailarinas. Tampoco podría hacerlo, porque solo soy una activista contra la trata.

En lo que sí estoy en contra es que en estos giros se permita que mujeres y niñas sean vendidas como mercancía a los clientes después de bailar, y que en lugar de recibir las ganancias de su trabajo, una parte o todo sea para quienes regentean los lugares o para quienes las explotan. Eso NO es prostitución ni fomento al espectáculo, es TRATA.

No es ningún “argumento generalizador” que todas las bailarinas sean explotadas, solo insisto en lo que se publicó ese sábado: si Néstor o alguien más tiene una lista de locales de table dance en los que las bailarinas lo hagan por su propia voluntad y los clientes acudan a verlas como quien disfruta del ballet clásico o de una película en una sala de cine, por favor, que la muestre. Dudo que existan muchos.

Si quisiéramos extrapolar nuestra forma de ver las cosas, entonces podríamos afirmar que muchas ciudades del país no son Madrid, Barcelona, Ámsterdam o Berlín según la columna de mi compañero Néstor.

Sin embargo, ahora que acaba de conmemorarse el Día Mundial de las Naciones Unidas contra la Trata, leemos reportes y artículos de prensa sobre el problema en Europa, en especial España, una de las naciones con mayores consumidores de trata de personas.

Ya se reconoce que en Alemania y los Países Bajos este delito ha crecido de manera alarmante; no lo digo yo, lo afirma la Fundación Scelles de Francia, que no veo que tenga algún interés en prohibir nada en México.

La ONU mencionó lo alarmante que es la impunidad en este delito. Se ha documentado que en países como España, donde la trata crece, solamente hay 12 sentencias, y en Italia (donde hasta el primer ministro fue acusado de contar con una red de prostitución y de involucrarse con una menor) ninguna sentencia.

La semana pasada, durante la visita que hicieron a México las argentinas Luciana Mazza Toimil (periodista), Alicia Peressutti (activista contra la trata desde hace 18 años) y la legisladora Graciela Sánchez, señalaban que en México hemos avanzado teniendo hoy más sentencias que todos los países de América Latina y más que la mayoría de Europa.

Por otra parte, pienso que los documentales a los que se refiere Néstor relatan la vida complicada de bailarinas que están en busca de una vida distinta a la que tienen. Supongo también que se producen desde el punto de vista de la televisión y no del periodismo, es decir, su intención es entretenernos, no hacernos reflexionar.

Solo un botón de muestra: recomiendo el documental Cabeza de cerdo, que es el mejor reportaje encubierto de trata de personas en España. No hay nada de ficción en él.

Todos debemos ser respetuosos cuando una mujer o un hombre deciden ejercer la prostitución, ni siquiera juzgarlos desde un punto de vista moral o religioso.

En lo que no coincido es en que se use la creencia de alguien para justificar un aparente conservadurismo hacia el “oficio más antiguo del mundo”, cuando de lo que estamos hablando es que ese “oficio” se practica en la mayoría de los casos por obligación o un consentimiento viciado y con consecuencias mortales para quien desea salir de esa red.

La Fundación Scelles ha demostrado en una investigación en más de 60 países que 90 por ciento de lo que parece prostitución es en verdad trata.

En el mismo artículo propongo un registro público de bailarinas y de clientes, porque si no tiene nada de malo el espectáculo, nadie tendría que avergonzarse de acudir.

Se puede rebatir que tendríamos que hacerlo cuando vamos a un concierto o a un centro nocturno. Concedido, ¿pero no es uno de los argumentos más repetidos de los dueños, abogados y organizaciones disfrazadas de lucha contra la trata, que sus meseros no son delincuentes y sus bailarinas no son prostitutas? ¿Por qué no hacerlo transparente?

En lo que la Ciudad de México sí se parece a algunas de las capitales que menciona Néstor es que han decidido enfrentar el problema y combatir un delito. Eso lo platicamos Néstor y yo en una entrevista el 25 de enero de 2012, cuando comentamos la tolerancia de grupos empresariales y de la sociedad a favor de los giros negros.

Ahora se está haciendo mucho contra la trata en la Ciudad de México y reconocer a las autoridades que lo llevan a cabo no es embarcar a nadie, mucho menos a los titulares de la administración capitalina.

Por cierto, la fiscal Bautista y quien esto escribe tenemos diferentes creencias, y si ella profesa alguna fe, no veo la relación entre ello y su extraordinario desempeño profesional. Conozco a varios periodistas católicos y no veo en ninguna de sus notas un sesgo solo porque acuden a misa los domingos.

En septiembre nos daremos cuenta hasta donde llegan los tentáculos de las redes de trata al ver la actuación de diputados ante la minuta que impulsó Adriana Dávila, de Tlaxcala, que beneficia a los dueños de giros negros y a padrotes.

Finalmente, querido Néstor, no tengo la intención de posicionarme ni la necesidad de patrocinio, ya dije públicamente que no me mueve ningún interés político para los próximos años, así que quienes piensan que esta lucha me va a beneficiar, pueden estar tranquilos. Avanzo más desde la sociedad civil, aunque trabajo el doble y sin sueldo ni fuero.

Aunque peligroso, es mejor estar de lado de las víctimas y sobrevivientes, cuyos testimonios puedes escuchar el día que gustes para que puedas darte cuenta de cómo funciona realmente un delito que se busca disfrazar de espectáculo, de diversión, y que en realidad daña y lastima a mujeres y a hombres, destroza familias enteras y no tiene justificación artística.

El objetivo no es prohibir, es cambiar una cultura de doble moral, de negocio fácil a costa de los más débiles y de hipocresía. Eso es lo que está empezando a cambiar y siempre estaré agradecida con el debate público para explicar el reto que enfrentamos todos los días contra la trata.

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