Articulista Invitada

Supervivientes, no sobrevivientes

“Si bien nos alegra la creación de refugios operados por el gobierno, es nuestro deber exigir que la atención en ellos garantice la reintegración total de las víctimas; las agraviadas deben ser empoderadas para que nadie vuelva a someterlas”.

Abramos nuestros ojos ante este delito y nuestros corazones a las víctimas”, dijo hace dos años el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, en el contexto del Día Mundial contra la Trata de Personas. Este 30 de julio, abramos nuestros corazones también a las sobrevivientes para brindarles asistencia y protección en el largo proceso de recuperar sus derechos y reintegrarse a la sociedad.

Hace 10 años no existía ni un solo refugio especializado para víctimas de trata en México. En 2008, los ciudadanos comprometidos contra este delito abrimos el primer albergue en la capital: Fundación Camino a Casa. Los años siguientes, la sociedad civil continuó con esta labor y otros tres refugios fueron creados: Pozo de Vida, ANTHUS y Red Binacional de Corazones.

Estamos avanzando, como muestra están los nuevos albergues que los gobiernos de Puebla, el Estado de México y la Ciudad de México han establecido para recibir a los sobrevivientes de este crimen tan devastador. Así, estas tres entidades se posicionan como líderes en este combate.

Si bien nos alegra la creación de refugios operados por el gobierno, es nuestro deber exigir que la atención que se brinde en ellos garantice la reintegración total de las víctimas. La meta no es la mera sobrevivencia, sino la SUPERVIVENCIA. Las víctimas deben ser empoderadas para que nadie pueda volver a someterlas, y liberarlas de esa vulnerabilidad implica darles herramientas para construirse un futuro emocional y económicamente independiente.

Queremos más casos exitosos como los de las supervivientes que fueron incluidas en la revista Forbes en su edición Mujeres poderosas. Entre ellas se encuentra Neli, quien fue atendida en Fundación Camino a Casa hace seis años y quien también fue apoyada por el proyecto de medio camino de Reintegra USA. Antes de ser víctima, el gran sueño de Neli era concluir una carrera universitaria, pero este sueño se vio truncado por su tratante, quien la explotó sexualmente en uno de los peores lugares que han existido en nuestro país: la pasarela de Santo Tomás, en La Merced.

Neli pudo recuperar este anhelo gracias a la generosidad de personas sensibles que financiaron su licenciatura en Administración en la Universidad La Salle. En junio, Neli se graduó y hoy se prepara para emprender su primer negocio con el apoyo de programas impulsados por Alfonso Navarrete, en la Secretaría del Trabajo, y con la ayuda del diputado Gonzalo Espina.

Fundación Camino a Casa es uno de los pocos refugios en el mundo que ofrece acompañamiento a largo plazo a las víctimas. La mayoría de los albergues solo atienden a las víctimas por 90 o 120 días, en caso excepcionales, por 180 días. Pero ni tres ni seis meses son suficientes para la recuperación de las víctimas. Abandonarlas en ese punto es dejarlas a mitad del camino.

En la Cumbre de Jueces, Gustavo Vera y Kevin Hyland nos compartían la lucha que están librando en sus países para garantizar la atención adecuada para las víctimas porque, en realidad, los casos exitosos de reintegración son pocos en el mundo. Muchos gobiernos atienden a las víctimas unos meses sin asegurarse de que se recuperan de las secuelas del delito, mucho menos garantizando que puedan romper los ciclos de pobreza, discriminación y revictimización en el cual la mayoría está inmersa. Esta atención superficial se traduce en un combate que no ataca las raíces del problema y que, por lo tanto, no tiene posibilidades de erradicarlo.

En México, Neli y Fundación Camino a Casa, dirigida por la psicóloga Patricia Prado de Caso, han conseguido algo digno de admirarse. Aún más si pensamos que detrás de Neli vienen otras supervivientes que pronto concluirán sus estudios y de las cuales muchas ya se han incorporado al mundo laboral en posiciones que prometen crecimiento.

Sin embargo, también debemos admitir que como país le hemos fallado a muchas víctimas. Tal es el caso de “Daniela”.

“Daniela” eligió este nombre por Daniel, aquel hombre que fue lanzado al foso de los leones acusado injustamente por envidiosos. “Daniela” conocía esta historia desde niña y a lo largo de los nueve años en que fue víctima, este pasaje venía a su mente con recurrencia. Ella también era inocente, no debía estar en el foso de los leones, ¿sería salvada? ¿vendría un ángel a cerrar las fauces de las bestias?

Fue traída de Centroamérica por uno de los grupos delictivos más peligrosos de nuestro país. Recuerda a la perfección aquella travesía dolorosa: ella y otras 17 mujeres fueron primero llevadas a un giro negro en Comitán, Chiapas, allí fueron sometidas con brutalidad; después, los delincuentes comenzaron a repartir “la mercancía” en diferentes estados de la República; en su caso, fue llevada a Tamaulipas. Dentro de esa entidad fue explotada sexualmente en diferentes table dance.

Cuando “Daniela” logró escapar, denunció la esclavitud que había vivido, pero las autoridades no dieron seguimiento a su caso y a la fiscal Adriana Lizárraga, funcionaria en ese momento de la Seido, no le importó que “Daniela” fuera revictimizada. Al solicitar ver a su familia, sin más, la regresaron a su país en Centroamérica, donde ni su gobierno ni el nuestro la ayudaron en nada.

Gracias al actual subprocurador de la Seido, Gustavo Lara; al comisionado de la CEAV, Julio Hernández Barros; a la secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, y al comisionado del INM, Ardelio Vargas, pudimos contactarla para exigir investigación en su caso y, sobre todo, atención y reparación del daño para ella.

No queremos que más personas sean lastimadas por la trata, pero para lograrlo ninguna víctima puede ser vulnerada o abandonada por las autoridades. Si no trabajamos con ellas, jamás podremos obtener la información necesaria para desmantelar estas redes criminales. Sin ellas, esta batalla está perdida.

Como sociedad civil, por ya casi 10 años, hemos puesto el ejemplo y no solo a escala nacional, sino internacional. Casos como Neli nos indican cuál es el camino que debemos seguir: el acompañamiento hasta la reintegración total. Celebramos la apertura de albergues por parte del gobierno, incluso exhortamos a cada estado a tener el propio.

La ley manda que la atención a las víctimas debe ser un trabajo de gobierno y sociedad civil. Los albergues que la sociedad civil dirige son supervisados por gobierno y ahora aquellos en manos de las autoridades deben ser vigilados por los ciudadanos. Estamos convencidos de que la rendición de cuentas debe ser mutua.

Exigimos que este año sí se destinen recursos al Fondo de Protección y Asistencia a las Víctimas de los Delitos en Materia de Trata de Personas, el cual ha estado vacío desde 2012. Ante esto, la sociedad civil, sin ningún recurso público, es quien ha ayudado a las víctimas, pero es momento de que el gobierno cumpla lo que la ley ordena.

En Comisión Unidos contra la Trata creemos que si cada uno de nosotros “adopta” a una persona que necesita ayuda, podemos cambiar este mundo. De corazón a corazón, de uno a uno, podemos transformar nuestras vidas. Nuestras acciones pueden impactar a una sola persona, pero no por ello serán menos poderosas e importantes. Al contrario, como bien sabe la comunidad judía, salvar una vida es salvar un mundo.

Cada uno de nosotros puede ser ese ángel que esperaba “Daniela” para salir del foso de los leones. Este 30 de julio, Día mundial contra la trata, abramos el corazón.

Si ves algo, ¡haz algo! Denuncia al 01800 5533000 o en unidoshacemosladiferencia.com

@rosiorozco