Articulista Invitada

Sentencian a la "madame"

Alejandra Gil controló Sullivan durante 30 años; era conocida por ser una activista que luchaba por los derechos de las trabajadoras sexuales, pero operaba una red de trata. 

Hace tres años Marisol y yo nos conocimos. Su historia es larga y dolorosa, pues por 16 años fue explotada sexualmente en la calle Sullivan. Marisol fue esclavizada en los tiempos en que la trata de personas no era visibilizada, no existía una ley para combatirla y muchos políticos se coludían con los tratantes.

Tres años atrás quiso hacer un recorrido por Sullivan en coche. Era la primera vez que regresaba luego de haber escapado de allí cuatro años antes. La entristeció reconocer a varias mujeres, ver a algunas incluso convertidas en madrotas.

Cuando tenía 17 años, Marisol trabajaba como nana en una casa de las Lomas de una familia que conozco. Un día de diciembre Marisol se dirigía a pasar las vacaciones en casa de sus padres. A unos cuantos pasos del Metro Chapultepec, un hombre la sujetó con fuerza y la metió a una camioneta. Primero fue explotada en La Merced y, pronto, se le exigió también trabajar sin días de descanso en Sullivan.

Como su cuerpo no había terminado de formarse, los tratantes le inyectaron una sustancia ilegal en el busto y las piernas. Marisol recuerda, mientras se le empapan los ojos, cómo cuando la descubrían intentando escapar, el padrote le gritaba que no había otro sitio para ella, que le debía todo a él. “Yo te hice”, le gritaba.

Marisol quedó embarazada y solo en los últimos dos meses de gestación se le permitió ausentarse, pero por cada día no trabajado se le cargó una deuda con los tratantes. En cuanto nació su hijo, se lo arrebataron. Entonces, empezaron los problemas en su cuerpo, las sustancias ilegales que le habían inyectado comenzaron a destruirla. Los siguientes años fueron aún más horribles. Entre operaciones, deudas y jornadas de más de 15 horas, Marisol pensó que su fin se aproximaba.

Para que no los denunciara en los hospitales, los tratantes le entregaron a su hijo. Un cliente había intentado cortejarla desde hacía tiempo y Marisol, presagiando que no sobreviviría, le pidió a éste que se llevara a su hijo. Otro día de diciembre, tras 17 años de esclavitud, ese hombre no únicamente rescató al niño, sino también a Marisol. Hasta la fecha son una familia.

La noche del sábado pasado Marisol visitó Sullivan una vez más. En esta ocasión fue la guía de tres ONG mexicanas y dos estadunidenses. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, estas organizaciones hicieron una fiesta-banquete para quienes son explotadas allí. Los activistas colocaron una mesa en una bahía e invitaron a las chicas a cenar. Para que no temieran represalias por parte de los padrotes, los voluntarios entregaron a las mujeres sobres con dinero al final. Durante una hora y media, las chicas cenaron, cantaron y bailaron acompañadas de un mariachi.

Según Marisol, la mayoría de las mujeres en Sullivan son víctimas de trata. Los tratantes les quiebran el espíritu a través de constantes amenazas y torturas. Hasta se les prohíbe la comunicación entre ellas. Así que la cena realizada por estas ONG fue un valioso esfuerzo para llevar esperanza y valor a las víctimas.

—Esto no hubiera sido posible —dice Marisol— si Alejandra Gil estuviera libre.

Alejandra Gil es la mujer que controló Sullivan durante 30 años. Políticos y medios la conocían como una activista que luchaba por los derechos de las trabajadoras sexuales, pero en realidad operaba una red que vigilaba a las víctimas de Sullivan en favor de los padrotes. En febrero pasado fue detenida, acusada de trata de personas, y gracias a jueces honestos ayer fue definida su situación legal: la madame de Sullivan y su hijo, Omar Sayún Gil, fueron sentenciados.

¿Por qué Alejandra Gil no debía salir libre? Porque, como explica Marisol, tenía a su servicio a alrededor de 12 madrotas, a las cuales les asignaba un tramo de Sullivan para que lo vigilaran. Así, cada una de ellas tenía bajo su control a entre 30 y 60 mujeres. Anotaban la cantidad de clientes de cada una de las chicas, advertían a los padrotes de conductas extrañas o de clientes que se demoraban o intentaban conversar. Alejandra Gil era los ojos de los padrotes y, a cambio, recibía una compensación económica en forma de cuotas cobradas a las chicas.

Todas las noches Gil rondaba la zona en su camioneta y supervisaba a las otras madrotas. Los sábados cobraba una cuota adicional, la de su organización, de la cual las chicas no sabían nada. Además, controlaba directamente a un grupo de entre 20 y 30 mujeres. “Todas muy parecidas”, añade Marisol. “Chicas de cuerpos pequeños, casi niñas”.

Aunque Marisol fue entregada a una madrota subalterna, Soledad Ramírez (asesinada hace unos años), la presencia de Gil es una constante en su historia. Narra cómo en tiempos de operativos la madame reunía a las chicas en los puentes peatonales para aleccionarlas. “Digan que ustedes están aquí porque quieren”, les indicaba.

En Navidad o el Día de la Madres, cuando alguien bondadosamente se acercaba a ofrecerles alimento u obsequios, Gil amenazante lo alejaba. Marisol incluso cuenta cómo una vez pidió ayuda a la madame de Sullivan y ésta se burló. “Ella sabía lo que vivíamos y no le importaba”, dice la sobreviviente.

Alejandra Gil fue denunciada por dos víctimas que no se conocían, una de ellas es la valiente Madaí, quien hoy es activista; por su parte, Marisol se desempeñó como testigo en el caso. El mundo de Sullivan es terrible, pero era peor cuando Gil lo gobernaba. Todavía hay madrotas y padrotes por capturar y es imperante concientizar a los clientes, pero al menos ahora hay un destello de esperanza.

Autoridades mafiosas protegieron por años a la madame. La situación cambió con Miguel Ángel Mancera, cuyo gobierno libera víctimas y encierra a victimarios cada semana. La sentencia condenatoria de Gil es un éxito más de su procuraduría. No queremos dejar de agradecer a la Clínica de Interés Público contra la Trata de personas del ITAM por la defensa legal de las víctimas de Alejandra Gil, a través de Héctor Alberto Pérez Rivera, quien también es un defensor del No al Retroceso en la Ley vs Trata.

Con la sentencia de Gil se da un claro mensaje: la justicia mexicana castigará a quienes atenten contra la libertad y la dignidad humanas. Los tiempos de cambio vendrán si nuestras autoridades cumplen sus responsabilidades y nosotros, la sociedad civil, exigimos con vehemencia que así sea.

Ahora es momento de mostrarse inquebrantables y exigir a todas las fuerzas políticas la aplicación de la ley. Agradecemos que ya cuatro de los 10 partidos políticos (PES, PAN, Panal y PVEM) hayan firmado un convenio para comprometerse en el tema y blindar el proceso electoral contra recursos provenientes de la trata. Algunos candidatos a gobernadores, alcaldes y delegados han dado su palabra de cero tolerancia a la esclavitud.

Hace poco Marisol me dijo algo conmovedor. “Siento tristeza, pero también quiero ser fuerte y pensar que este ha sido un largo sueño y ahora estoy despertando”. Nosotros también, querido lector, debemos despertar. Si conoces a una víctima, denuncia al 018005533000 o en unidoshacemosladiferencia.com, podrías salvar una vida y aún hay madrotas por detener. 

*Presidenta de la Comisión Unidos contra la Trata.