Articulista Invitada

En México también tenemos un sueño

La lucha apenas está empezando: no es normal y resulta altamente sospechoso que una ley que apenas comenzó a operar exitosamente la quieran cambiar para retroceder en materia de derechos humanos.

El pasado 25 de noviembre, a propósito de la celebración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) dio a conocer algunos datos reveladores sobre el nivel de violencia ejercida contra las mujeres mexicanas: “63 de cada 100 mujeres de 15 años y más han padecido algún incidente de violencia, ya sea por parte de su pareja o de cualquier otra u otras personas. Se estima que 1.2 millones de mujeres, actual o anteriormente casadas o unidas, enfrentaron violencia física muy grave o extrema y cuya vida estuvo en riesgo. 21% de las mujeres que sufrieron violencia física y/o sexual ha pensado en suicidarse (12%) o lo ha intentado (9%)”.

Estos son solo algunos de los datos publicados en la página electrónica del INEGI, pero sirven para poner en evidencia que en México la violencia ejercida contra las mujeres continúa en niveles muy altos y no parece disminuir. La terrible numeralia publicada ese día por diversos medios de comunicación, muestra la desventaja real de la situación de la mujer frente a la violencia masculina. Por su parte, la ONU informó ese mismo día que dos millones de mujeres son traficadas cada año a escala mundial para someterlas a la prostitución, esclavitud o servidumbre, y muchas lo son en nuestra nación.

No debemos olvidar que quienes han sufrido este tipo de violencia son por lo general jóvenes de escasos recursos que, por medio del secuestro o la seducción, son captadas para trabajar como sexoservidoras sin ningún tipo de remuneración y viven en condiciones indignas para cualquier ser humano. México tiene una enorme deuda con estas mujeres, a quienes se ha lastimado de forma irreversible y a quienes debe protegerse con leyes que velen por sus derechos y les devuelvan la dignidad que se les ha arrebatado.

Hasta hace poco este tipo de delitos quedaban impunes en nuestro país, ya que no existía una ley que permitiera a las autoridades de todos los niveles de gobierno ejercer acción penal contra los tratantes, pero en junio de 2012 el Congreso de la Unión publicó, con el apoyo de todas las fracciones parlamentarias, la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos. En septiembre de este año también fue publicado el reglamento correspondiente que coadyuva en esta tarea.

A partir de la publicación de la ley, todos los procuradores de justicia tienen el instrumento legal para perseguir y sancionar este delito, pero solo algunos combaten este tipo de esclavitud de manera permanente como el del Distrito Federal, Chiapas, Estado de México y Puebla. Gobernadores como el de Coahuila, Rubén Moreira, y el Alcalde de Saltillo, Jericó Abramo, pueden dar ejemplo de que cerrar los giros negros disminuye notablemente la violencia en su ciudad. Delegados del Distrito Federal como Adrian Rubalcava o Víctor Hugo Romo (de las demarcaciones Cuajimalpa y Miguel Hidalgo) demuestran que donde hay voluntad política para respetar la ley se puede decir públicamente: “En Cuajimalpa, en Miguel Hidalgo ya no hay trata de personas”.

Recientemente, el Congreso del Estado de México publicó su Ley contra la Trata de Personas, armonizada con ley general en la materia. De igual forma, el 26 de noviembre pasado se aprobó en la Asamblea Legislativa la armonización del Distrito Federal con la Ley General contra la Trata. Gracias a los diputados Alfonso Bravo, Leticia Zepeda, Manuel Granados y Jesús Sesma por encabezar estos esfuerzos; gracias a todos los legisladores sensibles.

La lucha real contra la trata de personas y la violencia ejercida hacia las mujeres en nuestro país apenas está comenzando. No es normal y resulta altamente sospechoso que una ley que apenas comenzó a operar exitosamente la quieran cambiar para retroceder en materia de derechos humanos y dar beneficios a los tratantes. Todos debemos levantar la voz con nuestra firma electrónica en https://www.change.org/es-LA/peticiones/cámara-de-senadores-no-al-retroceso-de-ley-contra-la-trata-de-personas-en-méxico

Esta batalla contra la violencia de género y la trata de personas es larga. Sin duda alguna, nos concierne a todos los mexicanos y debe abordarse desde distintos ángulos. Son muchos los grupos comprometidos a escala nacional e internacional. Un ejemplo de este compromiso es el movimiento Un Billón de Pie por la Justicia, fundado por Eve Ensler, que el 14 de febrero del año pasado logró convocar a ciudadanos de 207 países para bailar, con una coreografía especialmente creada para este efecto, en rechazo a la violencia contra la mujer.

En la Ciudad de México esta campaña se llevó a cabo en el Monumento a la Revolución, donde se congregaron 8 mil 300 personas que bailaron para decir: no más violencia contra las mujeres. En 2014 se planea realizarlo nuevamente en la misma fecha e invitamos a todos a aprender la coreografía en www.unidoshacemosladiferencia.com y difundir la campaña en escuelas, iglesias, etc. Queremos un México distinto, que vele por los derechos de sus mujeres.

Somos muchos los que soñamos con un México sin trata de personas. Como dijo Martin Luther King el 28 de agosto de 1963 en Washington DC, durante una manifestación histórica en pro de los derechos civiles para las personas de color: “Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño”.

Nosotros tenemos el sueño de que un día todos los lugares de explotación sean clausurados; que apoyemos a cada víctima para que pase de la vergüenza a la libertad y disfrute de una vida con derechos y sin miedo; que todas puedan levantar la cara y algunas dar su testimonio para que haya cada día mayor conciencia de este problema; que los hijos de las que han sido tratadas como esclavas y los hijos de los tratantes puedan sentarse juntos a la mesa de la hermandad y que México sea un ejemplo de la lucha contra la trata a escala mundial.

Porque, como dijo Martin Luther King, el gran problema no es la perversidad de aquellos que cometen los delitos o tratan de difamarnos, sino la indiferencia de los buenos. La inactividad de los que podrían cambiar el curso de la historia y no lo hacen por miedo, temor o comodidad. El texto literal de Luther King dice: “Tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena… No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más preocupa es el silencio de los buenos… Los que no matan, ni pegan, ni roban… pero callan, callan el silencio que justifica, o, que a veces nos hace cómplices y, para colmo, hasta nos creemos buenos”.

No debemos temer a los padrotes y dueños de los giros negros, tenemos que dejar de lado la indiferencia y luchar contra esta nueva y perversa forma de esclavitud. Pidamos a quienes nos representan en el Poder Legislativo, a aquellos diputados y senadores comprometidos con los más indefensos, que nos apoyen en esta ardua labor. Si todos alzamos la voz y exigimos que los derechos de todas las víctimas sean respetados y defendidos con leyes justas, estaremos siendo protagonistas de la historia de nuestro país y no meros espectadores. Digamos no al retroceso de la Ley contra la Trata: #Noalretrocesoleyvstrata en www.unidoshacemosladiferencia.com.

Presidenta de la Comisión Unidos Contra la Trata AC.

http://twitter.com/rosiorozco