Articulista Invitada

Historias para ser contadas

Zunduri y Karla, dos mexicanas que sufrieron esclavitud y abusos, viajaron en julio al Vaticano para contar sus experiencias y poner el ejemplo de cómo superar las adversidades.

Hay historias que nos quitan la respiración, historias que nos roban la inocencia, historias que perturban el sueño, historias que lastiman el alma, historias que nos transforman.

Y hay historias que hacen todo esto y más, historias para ser contadas, no solo porque el mundo debe conocerlas, sino porque de tan indignantes se vuelve más que difícil, para cualquiera, reservarlas.

Son historias como las de Zunduri y Karla Jacinto las que nos quitan toda ignorancia y confusión en este tema. Para sus protagonistas, dar su testimonio ha sido autovindicativo y liberador, porque tanto derecho tiene una víctima a callar como a hablar, si esa es su decisión. Tanta necesidad puede tener del silencio como de la palabra.

Habrá quién lo censure porque no quieren escuchar. Es, hasta cierto punto, comprensible: el horror de estas historias nunca más nos deja tranquilos, nos compromete a hacer algo y saca a la luz lo que algunos quieren que siga en tinieblas.

Son, no obstante, muchos más, en todo el mundo, los que están dispuestos a escucharlas con el alma y a poner hojas en blanco para ayudarlas a crear historias nuevas, de vida y de esperanza.

Historias como ésta: Y porque ellas querían hablar y la gente escucharlas, Zunduri y Karla, dos hermosas y valientes chicas mexicanas, resurgiendo de la negra noche del alma, viajaron en julio al Vaticano para contar sus historias.

Así fue como Zunduri, sobreviviente de trabajos forzados, literalmente encadenada y obligada a planchar casi 20 horas al día, y Karla, quien escapó de ser explotada sexualmente desde la edad de 12 años hasta los 16, fueron el centro de una gran alianza mundial (An Alliance for Sustainable Cities), comprometida por el equilibrio del clima y por la dignidad humana.

Zunduri y Karla conmovieron con sus historias a los asistentes al Simposio Especial de la Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano y la Red de Soluciones para un Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, realizado los días 21 y 22 de julio.

La alianza de 65 alcaldes de todo el mundo, ahí conformada, emitió una declaración entre cuyos principales propósitos está reforzar la lucha contra la esclavitud moderna. Dicha declaración verá la luz del mundo el 24 de septiembre, cuando más países y más ciudades interesadas se hayan adherido a ella.

Zunduri y Karla llevaron su hoja en blanco, para expresar con ella que, en materia de trata de personas, todas las historias pueden ser contadas y que nuevas historias, de nuevas vidas, de dignidad y esperanza, nacerán cuando cada vez más víctimas puedan emerger de la negra noche del alma.

Gobernadores, alcaldes y el papa Francisco apoyaron la campaña #HojaEnBlanco, nacida en México gracias al publicista Clemente Cámara y hoy en proceso de llegar a toda la nación gracias al trabajo de miles de activistas.

En México la lucha contra la trata de personas, cuya principal manifestación delictiva es una forma de explotación análoga a la esclavitud (por eso la Organización de las Naciones Unidas la ha llamado la esclavitud moderna y por ello emprendió la campaña Corazón Azul), avanza cada vez más en cada estado y ciudad, pero aún no es suficiente, no nos sentimos satisfechos.

La trata de personas, como fenómeno delictivo, está estrechamente ligada a la pobreza, que hoy no solo es producto de desigualdades sociales, sino del cambio climático; y a las migraciones, que hoy en día no solo son producto de la pobreza, sino también del cambio climático. Un círculo vicioso que se han propuesto romper los alcaldes reunidos en julio pasado.

Hacemos un llamado a todos los gobernadores y alcaldes de México para que se unan a este esfuerzo mundial para detener la esclavitud consultando la página de internet www.endslavery.va e invitamos a todos a apoyar a las víctimas para que tengan una nueva historia en www.hojaenblanco.org.

Necesitamos el compromiso de todas las autoridades, porque de acuerdo con la información que nos proporcionaron los gobiernos de cada estado, solo la mitad del país está llevando a cabo acciones en los tres ejes rectores del Protocolo de Palermo: prevención, protección y persecución del delito. La mitad de los gobernadores han decidido ignorar a quienes sufren esclavitud.

A pesar de la falta de acciones de algunas autoridades, trabajamos de la mano con funcionarios responsables en lo macro y lo micro del fenómeno delictivo de la trata, en lo global y en el detalle, porque ha sido éste último el que nos ha permitido tener hoy más sentencias en México que cualquier otro país de Europa o de América Latina.

La ley vigente puede, por supuesto, mejorar. Es más, debe mejorar. Las leyes son siempre perfectibles. Indudablemente, necesitamos modernizarla para combatir de manera más eficaz la esclavitud moderna. Pero esto no puede hacerse, bajo ningún concepto, partiendo de la confusión que algunos tienen en nuestro país sobre la naturaleza jurídica de las modalidades de explotación contenidas en la ley vigente.

No son trata, señalan. Únicamente los delitos perpetrados con el fin de explotar lo son. Es decir, la trata se reduce al tráfico, y aquello que le da vida a tal tráfico es cosa distinta y su combate no es, por cierto, el objetivo principal, sino únicamente su fase previa. Eso es lo que nos están queriendo decir quienes padecen tal confusión. Y eso, carece de toda lógica.

La trata de personas es la serie de delitos concatenados que va desde captar a una persona, transportarla, alojarla, ocultarla, entregarla y recibirla, hasta explotarla. Fragmentar este proceso es un retroceso y es inconstitucional.

Legalmente, en México las formas de explotación análogas a la esclavitud son trata de personas. Así lo señala la exposición de motivos del dictamen que reformó la Constitución en 2011 en la materia: “… año con año millones de personas, la mayoría mujeres y niños, son engañadas, vendidas, coaccionadas o sometidas a diferentes situaciones de carácter laboral, sexual o de servidumbre, por lo que resulta urgente actuar legislativamente, adicionando y reformando el segundo párrafo del artículo 19; la fracción V del apartado C del artículo 20; y el párrafo primero de la fracción XXI del artículo 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”.

Así lo corroboró la sentencia del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación recaída a la acción de inconstitucionalidad 12/2013, promovida por el procurador general de la República en contra del estado de Veracruz.

Y aún más: con base en esa forma integral de concebir este complejo delictivo fue que se realizó la reforma respectiva en la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, que incluyó la trata de personas en la lista de los delitos a perseguir, en su artículo 2; sin, por supuesto, darle un tratamiento por separado a las modalidades de explotación análogas a la esclavitud, porque éstas y el tráfico forman un todo.

Sería absurdo pensar que solo los traficantes, pero no los explotadores, pueden formar parte de la delincuencia organizada. ¿A quién en este país podría convenirle que se pensara eso? Sí, la respuesta es obvia.

¿A quién perjudicaría? A las víctimas, pues se daría al explotador un privilegio (el de delincuente solitario) que dejaría indefensas a las personas explotadas ante una recaptura o represalias por parte de la red delincuencial, a la que nunca se llegaría penalmente, pues en la explotación no habría delincuencia organizada.

¿Así, o más peligrosa la confusión?

 

*Presidenta de la Comisión Unidos contra la Trata.