Género en su tinta

Violencia sexual: hija de la desigualdad y gobiernos omisos

La igualdad de género ha sido una demanda de la historia reciente. Olvidada en las constituciones fundantes de las sociedades democráticas del siglo XIX y XX, la igualdad entre mujeres y hombres ha sido una deuda que no ha sido saldada aún en el siglo XXI.  La delineación del orden social democrático se estableció bajo el supuesto de que las mujeres eran las eternas dependientes de los hombres –quienes las representaban en el ámbito público. A las mujeres se les escatimó su condición de ciudadanas: el derecho al trabajo, el derecho a tener propiedades, a la educación, entre otros, fueron pensados en clave masculina, al fin y al cabo eran los hombres los “proveedores del hogar”. En este orden social, forjado en la costumbre, la religión mal entendida, y una educación formal no responsable las mujeres estaban subordinadas al orden patriarcal,  sin voz y sin derechos, salvo aquellos que les quisieran dar sus hombres. Los malos frutos están a la vista: discriminación, violencia, desigualdad, misoginia, feminicidios, maternidad soltera, abortos inseguros, violaciones, entre otros. A nivel teórico esta realidad muy pronto dio lugar a un discurso científico con capacidad suficiente para explicar los “problemas de las mujeres”.
 El feminismo primero, y más tarde la perspectiva de género, produjeron los conceptos necesarios para entender desde una perspectiva científica las relaciones de desigualdad entre mujeres y hombres. En el último tercio del siglo XX el proceso de democratización y el persistente movimiento organizado de las mujeres incorporó a la agenda política la igualdad de género. Con estos antecedentes  ahorita no tendríamos por qué estar hablando de sucesos tan lamentables como las violaciones en serie de las mujeres de Gómez y Lerdo; o los crímenes en razón de género (feminicidios), o la discriminación laboral, pues el funcionariado de la Administración Pública y los gobernantes estarían formados en la perspectiva de la igualdad de género y por ende serían capaces de elaborar e implementar políticas públicas con ese fin. Pero ¿conoce usted a un político que domine un lenguaje de género? Más allá de un discurso políticamente correcto, los políticos, siguen viendo a las mujeres como un botín electoral.


rosario.varela@uadec.edu.mx