Género en su tinta

LX Aniversario del voto femenino

A sesenta años del aniversario del voto femenino en México, la incorporación de las mujeres a las estructuras del poder bien puede caracterizarse como un proceso que pasó de la exclusión a la inclusión forzada. Si bien en 1953 el Estado Mexicano reconoció la ciudadanía de las mujeres, este hecho no significó en sí mismo su entrada a la esfera pública, pues la posibilidad de que las mujeres fueran electas para cargos de representación activó mecanismos de resistencia al interior de los partidos que las siguieron manteniendo al margen del poder, por lo que se requirieron mecanismos de Acción Afirmativa para hacer que los partidos las nominaran en las candidaturas y no las utilizaras solamente para el activismo partidista y la movilización electoral.

En el largo tramo que las mujeres han transitado como ciudadanas su voto pasivo ha estado lejos de ser ejercido en igualdad de circunstancias con la población masculina. El escaso número de gobernadoras que México ha tenido, así como la baja cantidad de presidentas municipales, además de su errática presencia en el poder legislativo muestran los límites del invisible “techo de cristal” que impide a las mujeres penetrar las estructuras de poder más allá de la frontera que el mismo sistema patriarcal determina.

No obstante, en el LX Aniversario tenemos motivos para celebrarlo festivamente, por primera vez el Congreso de la Unión se integra por arriba del 30 % de mujeres, a raíz de la Sentencia 12624 del TEPJF que le enmendó la plana a un acuerdo del IFE que prácticamente invalidaba la aplicación de la cuota de género y que diversas mujeres impugnaron.

Quizá sea este júbilo y el afán de aprovecharlo a su favor, el motivo por el cual Peña Nieto ha propuesto una iniciativa para que las candidaturas de diputados y senadores se integren por 50 % y 50 % de mujeres y hombres. La generosa iniciativa contradice su decisión de poner en su gabinete a solo tres mujeres. La diputada Eufrosina Cruz ya ha alzado la voz para hacer ver que en las comunidades donde prevalecen los “usos y costumbres” dicha medida no será suficiente, y es que la escasa presencia de mujeres en la política no obedece solo a la falta de leyes, sino sobre todo al sello indeleble que ha dejado en nuestra sociedad la división de lo público y lo privado, sin políticas públicas eficaces hasta ahora que las concilien.