Género en su tinta

La Democracia en tacones

Uno de los aspectos pendientes en la  modernización política de nuestro país es la participación plena de las mujeres en las estructuras de poder. En efecto, sin las mujeresno se cumpleuna de las condiciones sine qua non de la Democracia: la existencia (y goce) del sufragio universal, en sus dos vertientes -activo y pasivo- de lapoblación adulta. La muy reciente evolución en las reglas del juego electoral puso en el escenario la urgente necesidad de dar a nuestra democracia mejores instituciones para fincar la gobernabilidad en bases más sólidas. Si bien en algunos aspectos de la reforma político-electoral hay dudas, lo cierto es que en materia de participación política de las mujeres las acciones fueron, con mucho, acertadas.Por ahora, en las elecciones para renovar al Congreso de la Unión y los congresos locales la regla es nominar al 50 % de mujeres y 50% de hombres, otra cosa será cómo se traduzca esta presencia en la integración del poder y en el ejercicio del cargo, pues la paridad no alcanza para lo primero y los segundo está sujeto a variables más complejas. Sin embargo, no habrá oportunidad para que los suplentes hombres sustituyan a las mujeres electas ni para que los partidos pongan a las mujeres en los distritos perdedores.No hay duda, la pluralidad política, rasgo distintivo de las democracias modernas se viste de mujer: todos los partidos con capacidad electoral deberán de llevar mujeres al poder en la medida de sus ganancias electorales. Este resultado no es casual, detrás del vertiginoso cambio que tuvieron las cuotas de género hasta llegar a la paridad obligatoria (por lo menos en las candidaturas de senadores y diputados federales y locales) se encuentra el persistente trabajo de mujeres –y hombres- conscientes, que desde diversas trincheras han señalado la necesidad deque la democracia incorpore plenamente a las mujeres.Es claro que la presencia política de las mujeres no agota ni es el último peldaño de la democracia,   sin embargo, sin mujeres no hay democracia que perdure. No cabe duda, la Democracia mexicana está en un nuevo tramo de su desarrollo, habrá que estar vigilante de los procesos que se generen para seguir conduciéndola por caminos menos sinuosos.